domingo, 11 de agosto de 2019

Manifestaciones Colectivas


San Miguel Arcángel



San Miguel Arcángel es el jefe de la milicia celestial. Su figura guerrera se presenta con una espada levantada en señal de haber triunfado sobre el mal. Bajo sus pies se encuentra derrotado el demonio en forma de una repugnante serpiente.
La fiesta de San Miguel se celebra el 29 de septiembre de cada año y era uno de los tantos días de guardar que aparecía en el calendario romano. En Pueblo Llano se recuerda con nostalgia las diferentes actividades que se realizaban con motivo de esta fiesta religiosa tan importante. La celebración ponía a trabajar a todo el mundo. Estaba el encargado de comprar la cera en Santo Domingo para que la niña Rafaela Paredes fabricara las velas que alumbrarían la imagen durante el novenario. Por otro lado, un personaje denominado laurelero iba hasta la montaña a buscar las ramas de laurel para que la señora Pascalina Terán, vecina de Mutús, lo regara en el piso de la iglesia, a manera de alfombra, para que pasaran por allí el santo en procesión. Por su parte, el mayordomo de la fiesta debía estar al tanto de los demás preparativos: la elaboración de la chicha de maíz para brindar a los concurrentes, de colocarle los adornos al santo para la celebración de la misa y de contratar al quemador de la pólvora, que generalmente era el chuenco Enemesio.
El 29 de septiembre nadie trabajaba, se creía que quien lo hiciera sería severamente castigado por la Providencia. Así nos lo ilustra con una anécdota el señor Emiliano Meza, uno de nuestros informantes: ...Una víspera de San Miguel --nos dice-- estaba mi hermano Chuy arando en un barbecho y tenía como ayudante a Enrique, mi otro hermano. Enrique le dijo que no le podía seguir ayudando porque le correspondía ir a la montaña a cortar el laurel para la fiesta de San Miguel, pero Chuy no lo dejó. Póngase más bien a rozar -le dijo- . No había terminado de darle la orden cuando apareció una culebra enrollada en el arado. Chuy se asustó, pero enseguida la mató y continuó arando. Un poco más abajo le salió un enjambre como de diez culebras. Esta vez el susto fue mayor, dejó arado y bueyes, salió corriendo loma arriba y en lo más alto de la montaña se postró de rodillas y con las manos levantadas imploró perdón al santo por haber ido en contra de su voluntad. ¡Vaya Enrique a la montaña --le ordenó ahora a su hermano-- a cortar el laurel para que el santo no me siga amenazando!.. .
Ese día el pueblo se engalanaba, desde tempranas horas se escuchaba la quema de pólvora y el repique de campanas llamando a la misa solemne. Los feligreses iban bajando desde los campos con mucha devoción luciendo sus mejores atuendos. Después de la misa sacaban el santo en procesión por las principales calles, la misma era acompañada por La Locaina y las socias y socios de las diferentes cofradías. Al final de la tarde los feligreses regresaban a sus hogares, culminando de esta manera en Pueblo Llano la celebración en honor al jefe de la milicia celestial.
En la casa del mayordomo de la fiesta se hacía una celebración paralela a la que dirigía el sacerdote durante el día principal de la fiesta. Se realizaba una novena de rosarios dedicados al santo, culminando la noche anterior a la celebración con un velorio donde los romances y cantos eran entonados con profunda fe cristiana, además del reparto de comidas y bebida.
            De finales del siglo XIX se recuerda a Sinforiano Salcedo como mayordomo de la fiesta. Relataba su nieta Cristina Salcedo, de 91 años de edad, entrevistada en el 2015, que su abuelo se iba caminando hasta Valera a traer los coroticos que se necesitaban para celebrar la fiesta a San Miguel, traía todo metido en un saco e fique sujetado con un pretal que se colocaba en la frente. Tardaba dos días en el viaje. Como caso curioso, nos dice, su abuelo Sinforiano murió un día que se celebraba la fiesta de San Miguel.
            La tradición la continuó en el pueblo una hija de Sinforiano de nombre Rafaela Salcedo, madre de Cristina, y en Mutús la señora Pascalina Terán. El primer velorio que hizo la señora Pascalina fue en una cueva, nos refiere otro informante, el señor Hermes Santiago, luego continuó realizándolo  ininterrumpidamente en su casa de habitación en Mutús. Al morir la señora Pascalina a la edad de 101 años, sus descendientes han seguido la tradición hasta la actualidad.  
Sin embargo, la celebración eclesiástica se ha venido a menos con el transcurrir del tiempo. Se cuenta que un sacerdote prohibió la tradición de regar laurel en la iglesia porque, según su criterio, esta práctica ensuciaba el templo. La gente no volvió a guardar el día del santo y las demás actividades señaladas se dejaron de hacer. Ahora solo se realiza una misa el día  domingo siguiente al 29 de septiembre.  


Rafael Ramón Santiago
Cronista Oficial del Municipio Pueblo Llano