lunes, 30 de marzo de 2026

EL MAIZ

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 

                                                                     EL MAIZ

Maíz negro o morado, imagen cortesía de Javier Antonio Padilla.

El maíz era, y sigue siendo, una de las principales fuentes de alimentación para los habitantes de América, desde muchos siglos antes de la llegada de los europeos en el siglo XV. Fue tanta la importancia dada por los naturales a este rubro que los habitantes de Mesoamérica, como el pueblo Quiche de Guatemala, consideraron que los seres humanos habían sido hechos a partir del maíz: “…. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados…”1.

Los científicos han comprobado que el maíz actual se originó de la gramínea silvestre denominada teocintle (Zea mays ssp. parviglumis), una planta parecida a la maleza con granos duros, la cual crecía de forma natural en México, especialmente en la Cuenca de Balsas2. Se considera que el maíz tiene una antigüedad de unos 10.000 años y las primeras evidencias del grano cultivado provienen de cuevas en Tehuacán, Puebla, México, con datación de hace unos 7.000 años. Los pobladores comenzaron, a través de miles de años, a seleccionar los mejores granos para utilizarlos como semilla y de esta manera, a partir del teocintle, que tenía pocos granos, pequeños y duros, y con la interacción con otras gramíneas, se llegó a la mazorca grande y nutritiva que conocemos hoy en día3. Luego se fue extendiendo por el resto de América, tomándose, hasta ahora, a México como su lugar de origen.

Dios del maíz, cortesía de internet 

En lo que respecta a la presencia del maíz en Suramérica, particularmente en la Nueva Granada, apuntaba el cronista Basilio Vicente de Oviedo: “…el mayor alimento, especialmente para los pobres y para los indios y gentes campesinas, es el maíz, que es trigo de las Indias, que se produce sembrando en todas partes de este Reino, sean tierras templadas o frías o calientes; y en tierras calientes se dan dos cosechas en cada un año, con suma abundancia, pues una fanega de doce almudes, que hacen una carga desgranada, vale siete u ocho reales, y el almud tres cuartillos en cosecha y entre año poco más. Solo vi que en las tierras calientes a pocos meses le da una plaga que llaman gorgojo, que lo vuelve harina y no sirve4.

Siguiendo hacia los Andes merideños, encontramos en varios documentos de los siglos XVI y XVII referencias sobre la producción de maíz en la zona. En efecto, el primer contacto que tuvieron los indígenas de la cordillera con los conquistadores europeos, no fue otro que el saqueo que sufrieron los primeros de parte de los soldados del alemán Jorge Spira, alrededor de 1535. El relato del primer cronista de Venezuela, fray Pedro de Aguado, escribe que Spira, después de recorrer gran parte del territorio venezolano, llega a lo que hoy es el estado Barinas. Cansados, enfermos, sin comida y sin poder movilizarse por encontrarse en plena época de lluvias se alojaron en aquel sitio durante varios días, alimentándose de palmitos y otras hierbas silvestres que acrecentaron el número de enfermos. Estando en estas necesidades Spira se enteró que en las sierras que se levantaban ante sus ojos había algunos pueblos donde se podía encontrar abundante comida, para lo cual “…envió a su teniente, llamado Francisco de Velasco, con doscientos hombres y algunos caballos, y le mandó que llegase con los caballos hasta el pie de la sierra, y que quedándose él en unos poblezuelos de indios que allí había, con alguna gente, enviase la demás arriba a traer comida y le proveyesen de todo el mais (sic), yuca y patata y sal que pudiesen, que era todo bien menester…”5.

Mazorcas cultivadas en Pueblo Llano, imagen cortesía de Francisco Quintero R.

Francisco Velasco llegó hasta el pie de la cordillera, posiblemente en lo que hoy es Barinitas, allí se quedó con cincuenta hombres y envió a trepar la cordillera a Nicolás de Palencia con el resto del grupo, quienes, más adelante “…hallaron un bohío redondo muy grande, hecho en un arcabuco o montaña, en el cual había más de mil quinientas hanegas (sic) de maíz; y alegrándose los soldados con tan buen encuentro, pararon allí con el servicio de indios que llevaban, de donde salían a correr los pueblos y lugares de alrededor, prendiendo alguna gente de la que por allí había, ranchándoles esa miseria que tenían, donde hubieron alguna provisión de sal, con que restauraron algún tanto la mucha falta que de ello todos tenían; y enviando de este bohío redondo la gente que pudieron cargada de maíz y otras raíces y sal, que quedaron los más de los soldados en guarda de aquel bohío, porque si lo desamparaban, los indios les escondiesen el maíz...”6.

En la visita que realizó Bartolomé Gil Naranjo, en 1586, a la zona del actual estado Mérida, entre la principal disposición que traía, como era la de agrupar a los indígenas en pueblos al estilo español para servir mejor a sus encomenderos y poder ser adoctrinados, ordenó a los naturales de las encomiendas sembrar, desherbar, coger, acarrear y desgranar lo que resultare de cultivar una labranza equivalente a tres fanegas de maíz y otra de algodón de cuatro almudes de pepita, semillas que tenía que ser aportadas por el encomendero. Cada indio debía hilar seis libras de algodón, para lienzo, cada año. Por otra parte, debían trabajar en las haciendas del encomendero como gañanes, arrieros, ovejeros, porqueros y yegüeros, este trabajo tenía que hacerlo cada indio, según su oficio, durante seis meses y por el cual debía ser remunerado con media fanega de maíz cada mes, para su alimentación, una manta de algodón de dos varas y media de lienzo y un sombrero, cada año. De la comunidad debían escoger a un indio y una india, solteros o huérfanos, para que fuesen a servir a la casa del encomendero en la ciudad de Mérida durante un año, por ello, debían de recibir cada mes media fanega de maíz… 7.

Referente a Pueblo Llano, en la visita que realizó el escribano Rodrigo Zapata, por orden del Visitador General Licenciado Alonso Vásquez de Cisneros, en 1619, escribe que ... partió del dicho sitio de la iglesia y fue caminando el dicho valle abajo y con él fueron las personas nombradas y descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas (papas) que había por todo dicho valle abajo...”8. El lugar a que hace referencia el escribano es el que va del actual sector La Conquista hasta el sitio La Punta, allí se entra a una vega para atravesar el río y salir a la meseta de La Quinta, en la parroquia Las Piedras del municipio Cardenal Quintero.

El día siguiente, viniendo desde Aracay, para tomar el camino hacia el pueblo de Santo Domingo, al lado del actual puente de Las Piedras, expresa: “…Y estando el dicho Rodrigo Zapata y las demás personas referidas en el dicho camino real junto a la dicha quebrada de las piedras que es el camino que va a Barinas se vio sobre mano derecha en vegas de la dicha quebrada de las piedras un sitio corto donde había labranzas de maíz que informaron las dichas personas eran de indios de el dicho pueblo llano que llaman el sitio del Guayabal. Y se prosiguió el dicho camino viendo y descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas, apios y otras raíces de una y otra banda del dicho río de Santo Domingo que dixeron ser de indios de las encomiendas del pueblo llano de Antonio de Reynoso y de Santo Domingo del alférez Juan Félix de Bohórquez y que siempre las habían tenido y tenían juntas y mezcladas unos con otros9.

El ingeniero Francisco Quintero, mostrando el fruto de su cosecha.

Como apuntaba el cronista Basilio Vicente de Oviedo, el maíz se plantaba en casi todos los pisos térmicos, por lo que su cultivo era generalizado, los Aruacos de Guayana, por ejemplo, según apunta Alfredo Jhan, se hicieron sedentarios debido a la “dificultad para el cultivo del maíz, desmalezando el terreno, horadando la tierra, en la recolección del producto, etc. Obligó a los Aruacos a hacerse más sedentario, permanecer un mayor tiempo en un determinado lugar y, además, buscar mano de obra fuera de la tribu para ser utilizada en estas faenas en la mayoría de las veces como esclavos10.

La servidumbre la impusieron conquistadores y encomenderos en la zona Andina, pues la vocación agrícola de sus habitantes era manifiesta desde siglos antes de la llegada de los europeos, quienes se aprovecharon para despojándolos de sus tierras y utilizándolos como mano de obra. Razón por la cual el visitador Vásquez de Cisneros reguló la actividad del cultivo del maíz en una de sus ordenadas dictadas en 1620, donde distinguía tres tipos de labores con dos variedades de maíz, el Cariaco y el Yucatán:

 Labores de mais caricaco. Por cada fanega de mais cariaco de sembradura dandoles la tierra beneficiada y arada con Bueyes por sembrarlo deservarlo cogerlo y encerrarlo en la casa teniendola en la estancia o lavor llevandolo con bestias que para ello se les a de dar a los dhos. indios se les de a todos los que en comun beneficiaren la dha fanega de mais de sembradura seis pesos de platta y al mismo respecto mas o menos lo que fuere In cantidad de sembradura dandose para ellos los yndios de las partes mas cercanas que se reparta entre los que lo beneficiaren y trabajaren y no entre otros.

Labor de maíz Yucatan.-Y por que en esta Provinzia de Merida y en las de Harinas (sic) Gibraltar y Pedraza ay otro jenero de mais que llaman Yucatan y ocupa mas tierra en su lavor y por esta razon se acresienta mas el trabajo en su cultura y beneficio se les de a los yndios que beneficiaren una fanega de maiz de sembradura dandoles los dueños de ella la tierra dispuesta para ello y por el desiervo cogerlo y encerrarlo en la forma referida doze pesos de plata y siendo lavor fuera de sus tierras de los dhos indioss como es elegido y estancias que se labran de la otra banda de el Río de Alvarrega que estan enfrente de esta dha Ciudad de Merida de mas de la dha Paga se les de el sustento necessario el tiempo que en ello se ocupare dando para ello los dhos yndios de las partes mas cercanas y la dicha paga sea de repartir entre los que sirvieren y trabajaren en este ministerio y no en otros; Y se declara que las Rosas y labranzas que los dhos indios an de haser para sus encomenderos y otras personas no an de estar mas lejos de la poblason nueba de los indios de tres leguas. Mais en Rosa de Arcabuco. -El maíz que se sembrare en Rosa de montaña grande por Rosar y quemar el monte y coger el mais se de y pague a los yndios que acudieren a este travajo y benefficio por cada fanega de maiz Yucatan de sembradura quinze pesos de ocho reales castellanos y si se bolviese a sembrar la misma rosa el año siguiente por estar ya fha. y havcrse de dar un desierto a la dha sementera y aporrear el barjal que hubiere cresido se les de por todo su beneficio cojer y enserrarlo ocho pesos de platta estando la Caja donde se hubiere de cojer en la dha labranza y dando les vestías para ello y si la dha lavar estuviere donde los yndios no puedan bolver a dormir a sus casas aquel día se les a de dar a comer con mas todas herramientas para hazer las dhas rosas las quales no an de ponerlos indios sino que se las an de dar sus encomenderos y personas cuyas fueren las dhas rosas y que se les de bueyes y rexa y algunas vezes a los indios para sus labranzas dando para ello los dhos indios de las partes mas sercanas; y la dha paga se a de repartir”11.

Variedades de maíz, cortesía internet

            A pesar de que el cultivo del trigo se introdujo en estas tierras andinas desde muy recién la llegada de los conquistadores, adaptándose enseguida y produciendo excelentes cosechas, el cultivo del maíz y su utilización en diferentes platos nunca decayó. Varias variedades del grano se conocían en la zona, tal como lo apunta Julio César Salas:Los indios Mucus sembraban varias clases de maíz: en cuanto al color, blanco, amarillo, rosado y aún violeta obscuro y casi negro, favorito de las tribus Timotes de Santo Domingo y Pueblo Llano, llamado maíz cariaco, que todavía siembran en los Andes, así como otras variedades indígenas, o introducidas de otra parte de América, distintas por el aspecto de las plantas, tamaño, sabor y dureza de los granos, cada clase lleva su nombre especial, una de esas especies que se siembra en clima templado en Tabay y otras partes, de gran rendimiento y robustez, propia para terrenos montañosos o rozas nuevas, es la llamada yucatán de grano muy grande y de color blanco, importada tal vez de México, donde los aztecas llamaban a la mazorca de maíz olotl, lo que nuestros indios llaman tusa que es también el ánima o astil sin granos, a éstos se les nombra en lengua azteca tlaolli, pues la voz maíz proviene del idioma taíno de las Antillas mayores12.

            Para continuar con la milenaria tradición de escoger los mejores granos como semilla, en Pueblo Llano observamos que los agricultores seleccionaban las mazorcas más robustas, hacían atados de dos mazorcas, denominados saquimis, con las mismas hojas secas, y luego los colgaban en una viga del techo de la vivienda hasta la siembra del año siguiente.  

            Sobre las diferentes formas de utilizar el maíz para preparar las comidas tradicionales, nos ocuparemos en un próximo artículo.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

(31/03/26).


Notas: 

(1)  Popol Vuh. Anónimo. Las antiguas historias del Quiche de Guatemala. Panamericana Editorial Ltda. Bogotá, Colombia, 1997. p. 126.

(2)  IA. Consultado el 22 de diciembre de 2025.

(3)  Ídem.

(4)  Basilio Vicente DE OVIEDO: Cualidades y riquezas del nuevo reino de granada. manuscrito del siglo XVIII. Biblioteca de Historia Nacional. Volumen XLV. Bogotá -Imprenta Nacional, 1930. p. 49.

(5)  Fray Pedro de AGUADO: Recopilación Historial de Venezuela, Tomo I. Tomo I. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Nº 62, Caracas, 1963. pp. 146,147.

(6)  Ídem.

(7)  Archivo General de la Nación. Traslados. Archivo Histórico Nacional de Colombia. Ciudades de Venezuela. Tomo 22. Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida, Venezuela. pp. 95-98.

(8)  Archivo General de la Nación. Colección Los Andes. Traslados del Archivo Histórico Nacional de Colombia. Ciudades de Venezuela. Tomo R 19. Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida, Venezuela. p. 83

(9)  Ibidem. p. 85.

(10)              Alfredo JAHN. Los aborígenes del occidente de Venezuela. su historia, etnografía y afinidades lingüísticas. LIT. Y TIP. DEL COMERCIO, CARACAS, 1927.p. 55.

(11)              Joaquín GABALDON MÁRQUEZ (Compilador). Fuero Indígena Venezolano. pp. 841, 842.

(12)              Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”. Academia de Mérida, Ediciones del Rectorado, Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela, 1997. p. 101.

 

 

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