martes, 14 de abril de 2026

DOS MATRIMONIOS EXPRÉS Y DE ALCURNIA,CELEBRADOS EN PUEBLO LLANO, 1859.

 

DOS MATRIMONIOS EXPRÉS Y DE ALCURNIA, CELEBRADOS EN PUEBLO LLANO COMO CONSECUENCIA DE LA GUERRA FEDERAL, 1859.

Pueblo Llano, avenida Bolívar, año 1950, aproximadamente, siglo XX

En el período venezolano comprendido entre 1858 y 1863, llamado por algunos historiadores indistintamente como, de la guerra larga, de los cinco años o de la federación, se desarrollaron enfrentamientos militares entre tendencias conservadoras y liberales que produjeron en el país infinidad de encuentros armados generando ríos de sangre, dolor, angustia y ruina por todas partes. Está considerado el enfrentamiento bélico más largo y costoso para Venezuela tras su independencia de España. Los conservadores, oligarquía surgida después de la guerra emancipadora, fuertes en recursos humanos y económicos, se oponían a modificar el orden social establecido desde la colonia, imperturbable luego de la guerra, incluyendo entre otras cosas el sistema electoral. Por otro lado, los liberales proclamaban los ideales de libertad e igualdad. Durante la guerra, los liberales eran conocidos con el nombre de federalistas ya que el federalismo y la autonomía de las provincias eran sus reivindicaciones principales.

La mayoría de los adeptos al gobierno se encontraban en Los Andes, mientras que los seguidores de la causa federal se hallaban diseminados generalmente en los llanos. El 20 de febrero de 1859, un grupo de liberales, liderados por Tirso Salaverría, asaltan sorpresivamente la fortaleza de la ciudad de Coro y tras breve éxito logra que toda la provincia proclame la Federación. A los dos días desembarca en la Vela de Coro el general Ezequiel Zamora y proclama el estado Independiente de Coro, designa un gobierno provisional presidido por Falcón, organizó sus tropas y marchó contra las del gobierno a las que derrotó en El Palito, siguiendo hacia los llanos occidentales1. De allí en adelante la campaña fue centelleante. Decretó los Estados de Coro, Yaracuy y Portuguesa, donde las poblaciones enteras se plegaban a sus banderas: la tricolor de Venezuela y la amarilla de su Partido, con aquel mensaje de tantos años grabado en la misma: “Libertad, Igualdad, Fraternidad, Horror a la Oligarquía”2.

Ezequiel Zamora

En los llanos de Barinas y Portuguesa la noticia de la llegada de Zamora llenó de optimismo a los grupos guerrilleros que actuaban en esas comarcas desde 1858, combatiendo “por tierras y hombres libres”. Tenían como jefes a Natividad Petit, José Antonio Linares, Martín Espinoza, Antonio Álvarez y Regino Sulbarán, éstos multiplicaron sus esfuerzos y organizaron un ejército en forma, con la cooperación del Licdo. Francisco Iriarte y los revolucionarios franceses Napoleón Avril, Carlos Henrique Morton de Keratry (autor del lema “Dios y Federación”)3, extranjeros que contribuyeron a darle un sustento ideológico al movimiento, pues, cuando tomaron Puerto Nutrias en marzo de 1859, se oyó por primera vez en una proclama de Antonio Álvarez el lema de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

            El 16 de abril de 1859, amaneció Zamora en Barinas, sitiando una ciudad defendida por uno de los bravos de Junín, el anciano General Ramón Escobar, Guardián del Gran Parque de Occidente. Dura fue la batalla y durante cuatro días de muerte y destrucción, no pudo tomar el recinto fortificado de la Plaza, dejando en el campo varios de sus mejores oficiales, la ciudad en un lamentable estado, pues fue atacada cuadra por cuadra y casa por casa…”4, Zamora ordena incendiarla, y en el mes de mayo logra tomarla, pero solo encuentra cenizas y desolación, la mayoría de sus habitantes habían emigrado hacia las tres provincias andinas, desplazamiento encabezado por el gobernador Hipólito de La Cueva y por el jefe Militar General Canagua.

La caravana de familias barinesas, aterradas por los recientes sucesos, avanza penosamente por el agreste camino de Los Callejones, la mayoría son presas del cansancio, el hambre y el cambio de clima que experimentan sus cuerpos a medida que trepan la cordillera. Muchos deciden parar algunos días en las poblaciones de Santo Domingo, Las Piedras y Pueblo Llano, para recuperar fuerzas.

Al respecto escribe Eduardo Picón Lares: “Las familias de mejor posición salieron de la vetusta y arruinada Ciudad de los Marqueses como estaban vestidas de entre casa, un día domingo, y andando con la piel desollada por el sol reverberante de aquellos parajes cálidos, los pies hinchados, los ojos llenos de lágrimas y el terror marcado en sus semblantes, huyeron del Boves de los Llanos, llegaron las familias Febres Cordero, Troconis, Villafañe, Rubio, Gonzalo y otras tantas, al pueblo de Las Piedras, donde acudieron a recibirlas algunos personajes respetables de la sociedad merideña, entre otros el doctor Gabriel Picón Febres y el señor Lucio Troconis…”5.

Como vemos, importantes familias barinesas conformaron la expedición hacia Mérida, entre ellas los Troconis, Febres Cordero y Picón. Es muy probable que dos fastuosas bodas de estas familias se iban a celebrar aquel domingo en la ciudad de Barinas para el momento en que llega Zamora y su gente, echando todo por tierra. Al no poder realizarse, los contrayentes decidieron casarse en la iglesia de Pueblo Llano mientras llegaban mejores tiempos. Se trató del enlace entre el Br. Lucio Troconis, hijo de don José Antonio Troconis y doña Fulgencia Andrade y la señorita Rosalía Febres Cordero, hija del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia Troconis. La boda se celebró el 23 de abril de 1859, siendo testigos los señores Emilio Mazei y Fulgencia Andrade. El segundo enlace se realizó aquel mismo día, entre Gabriel Picón Febres, hijo de don Gabriel Picón y doña Apolinaria Cordero y la señorita María del Rosario Febres Cordero, también hija del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia Troconis. Fueron testigos de este segundo enlace los señores Diego Picón Febres y Angela Carnevali6.

Palacio Arzobispal, Mérida.

 

El historiador Eduardo Picón Lares apunta que el doctor Gabriel Picón Febres y el señor Lucio Troconis habían llegado a Las Piedras desde la ciudad de Mérida a recibir y amparar a sus familiares que venían de Barinas7, pero, lo más lógico es pensar que ambos personajes iban camino hacia Barinas, a la celebración de las bodas citadas, cuando los sorprendió, durante el trayecto, la noticia del asalto a la ciudad llanera.

Mientras aquellas uniones apresuradas ocurrían en pleno páramo merideño, Zamora en Barinas procedió a constituir la provincia federal, se hicieron elecciones y se reunió una legislatura que constituyó el Estado Federal Zamora.

Los personajes de los matrimonios aludidos pertenecían a familias distinguidas merideñas con raíces en la ciudad de Obispos de la actual Barinas. Las dos mujeres que contrajeron nupcias ese día, con sus respectivos novios, eran hijas del doctor Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien había nacido en San Félix de Curaridal (Estado Falcón) el 05 de junio de 1802. Hizo sus estudios en la Universidad de San Buenaventura de Mérida, donde se graduó de Doctor en Derecho Civil en 1827. En la capital serrana contrajo matrimonio en 1831 con Braulia Estefanía Troconis Gogorza (hija de Lucio Troconis Añez y de Josefa Gogorza Lechuga). Por más de veinte años ejerció la magistratura judicial en diversos lugares de la zona occidental del país. Fue Juez de Letras de Primera Instancia en las provincias de Trujillo, Mérida y Barinas, etc.; fue diputado al Congreso Nacional y a la Gran Convención de Valencia en 1858, Secretario General de Gobierno de la provincia de Mérida y de la de Barinas. Dejó de existir en Trujillo después de una larga vida7. Una de sus hijas, Rosalía Febres Cordero Troconis, nació en Mérida el 03 de septiembre de 1840, tenía 19 años cuando casó en Pueblo Llano con su primo hermano Lucio Troconis Andrade, hijo de José Antonio Troconis Gogorza y de Fulgencia Andrade Pirela, por lo que el padre del novio era hermano de la madre de la novia.

            La otra hija del Dr. Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien también contrajo nupcias en aquel momento, fue María del Rosario Febres Cordero Troconis nacida en Barinas en 1836 y contaba con 23 años de edad, su enlace fue con el Dr. Gabriel Picón Febres, hijo de Gabriel Picón González y de Apolinaria Febres Cordero Díaz Viana, por lo que la madre del novio era hermana del padre de la novia, de ahí que, también eran primos hermanos8.

            El 24 de noviembre de 1859 el cura Rector de la iglesia El Sagrario de Mérida Pbro. José Ulpiano Perdomo procede a las velaciones9 y bendiciones nupciales, según lo dispuesto en el Misal y Ritual Romano, a los esposos Rosalía Febres Cordero Troconis y Lucio Troconis Andrade.

            Dos días después, el 26 de noviembre de 1859, los esposos María del Rosario Febres Cordero Troconis y el Dr. Gabriel María Picón Febres Cordero, reciben igualmente los rituales anteriores10, quedando ambos eventos registrados en el libro respectivo de la parroquia El Sagrario de la ciudad de Mérida, sin embargo, el sacerdote de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano no registró dichos eventos en el libro de matrimonios de esta parroquia11.

            Los esposos Rosalía y Lucio murieron junto con sus suegros, tres de sus hijos y otros parientes, el 18 de mayo de 1875, en el terremoto de Cúcuta, Colombia. Habían tenido 10 hijos, entre ellos al Dr. Luis Troconis Febres que nació en Cúcuta, Dolores Troconis Febres que casó con un hijo del Dr. Foción Febres Cordero.

            Del matrimonio entre María del Rosario y el Dr. Gabriel María nació, entre otros, el 10 de septiembre de 1860, el Dr. Gonzalo Picón Febres, escritor y abogado, una parroquia del municipio Libertador del estado Mérida lleva su nombre.

Dr. Gonzalo Picón Febres

            Sobre la costumbre que tenía las familias, aquí citadas, de emparentarse con miembros de la misma estirpe, el Dr. Ricardo Gil Otaiza, biógrafo del Dr. Tulio Febres Cordero, trata de dar una explicación al respecto:Podíamos argumentar que en una ciudad pequeña, como lo es la Mérida de finales de siglo XIX y comienzos del XX, son pocos los partidos que se le presentan a las mujeres en edad de casamiento. Lógicamente, ello se agrava cuando se cierra el espectro social de una familia noble, cuyas relaciones deben estar cimentadas en ‘igualdad’ de condiciones históricas, culturales, y de patrimonio. Invitan a casa a la misma familia, las relaciones sociales se hacen entre miembros de la misma casta, o con sus iguales, las familias numerosas se reúnen en fechas importantes y los primos se enamoran entre ellos, o los tíos de sus sobrinas. En todo caso, las cosas quedan en familia.

            Otras podrían ser las circunstancias. De manera deliberada los miembros de mayor peso de una familia con linaje deciden estrechar el cerco y así evitar las denominadas ‘ovejas negras’, que tanto avergüenzan a las familias hidalgas. Es decir, luego de una fiesta, o de alguna celebración religiosa, o tal vez después de una buena partida de cartas, los cabezas de familia toman la decisión de casar a sus hijos entre ellos para que no se pierda la hidalguía, y la sangre siga siendo ‘azul’. Sobre todo, ello cobra importancia cuando se trata de hijas, cuyo apellido paterno se pierde si la muchacha se casa con un miembro de familia distinta; es entonces cuando las cosas se arreglan y el apellido queda ad infinitum. Analizada fríamente la situación, resulta un hecho pueril, un tanto cursi, casi inverosímil, pero cuando intentamos pensar en una mentalidad cercana al hombre y a la mujer de hace una centuria, la connotación se hace distinta, compleja, de vida o muerte. En todo caso, no sabemos a ciencia cierta cuáles fueron las razones para que tales situaciones se dieran: empero, acaecieron, y el mundo siguió su curso. El linaje aún se mantiene, no con el peso de otrora -como es lógico suponer-, pero sí con el orgullo de un pasado que por lo visto no ha sido cualquier cosa para Mérida12.

            Volviendo a aquellos años aciagos del siglo XIX, las ilustres familias llaneras que llegaron a Mérida después de haberlo perdido todo, el 10 de junio de 1859 intentaron introducir una demanda en el Juzgado de Primera Instancia de la antigua provincia de Mérida, para solicitar cargos contra los responsables de la guerra en los llanos, por considerar que las actuaciones tipificaban un delito que atentaba contra los bienes, la vida y el bienestar de los habitantes de esas regiones acosadas por bandoleros y aventureros que solo persiguen aniquilar la paz nacional. Entre ellos estaban el comandante Hipólito de la Cueva, gobernador depuesto, José Antonio Baldó, el capitán Isilio Febres Cordero, Ambrosio Padrón, José del Rosario Delgado, Carmen Rivas, Lorenzo Roca, capitán Bernabé Sifuentes, doctor Pedro Febres Cordero, Nicolás Reimi, Román Castro, Tácito Piña, entre otros13. En este acto jurídico administrativo que emprendían los señores de Barinas, presentaron varios testimonios de algunos testigos que habían presenciado los acontecimientos y quienes daban fe de los criminales actos cometidos en la ciudad Marquesa. Pocos resultados obtuvieron los agraviados en aquella época de barbarie donde el estado de derecho era letra muerta. No Obstante, los pueblos andinos salieron favorecidos por el hecho de que tan valiosas familias pasaran a engrosar sociedades como la merideña, donde ya gozaban de respeto, aprecio, y además contribuyeron, en los años sucesivos, con el realce de la cultura y la educación en la ciudad de las Cinco Águilas Blancas.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

(15/04/26)

Notas:

 

(1)  Roberto VETENCOURT. Tiempo de Caudillos. Caracas, 1994. pp. 39, 40.

(2)  José LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. 6° Edición. José Agustín Catalá. Editor. Centauro/92. Caracas, Venezuela, 1992. p. 42.

(3)  Federico BRITO FIGUEROA. Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas, 1975. p. 301.

(4)  José LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. Op. cit. p. 42.

(5)  Eduardo PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Universidad de Los Andes. Talleres Gráficos Universitarios, Mérida, Venezuela, 2008. p. 348.

(6)  Archivo Arquidiocesano de Mérida. Libro de Bautizos de la Parroquia El Sagrario de Mérida, año 1859. ff. 90, 91.

(7)  Eduardo PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Op. cit. p. 348.

(8)  Ramón Darío SUAREZ. Historial Genealógico de los Febres-Cordero y algunas de sus alianzas. Editorial Euroamérica, Mérida Venezuela, 1969.

(9)  “El acto de velar a los novios en la ceremonia nupcial es un rito religioso, especialmente católico, donde un velo o manto cubre la cabeza de la novia y los hombros del novio, simbolizando la unión, protección divina, bendición y el nuevo hogar que forman como una sola entidad ante Dios y la comunidad, marcando un compromiso sagrado y eterno. Los padrinos de velación (familiares cercanos) son quienes colocan el velo, y es un momento emotivo y simbólico que a veces se realizaba en una ceremonia separada pero ahora se integra en el matrimonio”. IA. [Consultado el 20 de enero de 2026].

(10)              Libro de Matrimonios de la parroquia El Sagrario de San José de Mérida, folio 90v, correspondientes al año 1859.

(11)              En el libro 2 de Matrimonios de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano (1847-1873) observamos que en el folio 38v hay dos partidas de matrimonios correspondientes al 07 de marzo de 1859 y la siguiente, en el folio 39, corresponde a un matrimonio efectuado el 19 de marzo de 1860, por lo que se concluye que las partidas correspondientes a los dos matrimonios de las familias merideñas no fueron asentados en este libro. El sacerdote para aquella época era el Pbro. Justo Pastor Arias.

(12)              Ricardo GIL OTAIZA. Tulio Febres Cordero. Biblioteca Biográfica Venezolana N° 60. EL NACIONAL. BANCARIBE.  Editorial Arte, Carcas, Venezuela, 2010. pp. 51 y 52.

(13)              Alberto PÉREZ LARRARTE. Entre nieblas y sabanas. Disponible en Amazon.