jueves, 30 de abril de 2026

GASTRONOMIA DERIVADA DEL MAIZ

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 

GASTRONOMIA DERIVADA DEL MAIZ


Arepas

            Son innumerables las maneras en que los habitantes de diferentes partes de América han utilizado el maíz1 para su alimentación. A continuación, vamos a hacer referencia a las principales formas de preparar el grano en la zona andina del estado Mérida.

La Arepa. Ahora que, debido a la emigración venezolana por todos los rincones del mundo, la arepa es apreciada, reconocida, degustada y sobre ella se ha intentado conocer sus orígenes, parece que hay consenso en que la tribu que le dio este nombre fueron los cumanagotos, en el oriente de Venezuela, miles de años antes de la conquista europea, que en su lengua se pronunciaba “erepe”, cuyo significado es maíz. 

            Ahondando en los orígenes de tan deliciosa comida, Julio César Salas apunta: “Los Mucus y Cuicas tenían como principal alimento el maíz, que preparaban de diversos modos, todos los cuales adoptaron los conquistadores europeos y aún se usan tanto de la Cordillera de Mérida, como en otras partes de Venezuela y de América; tal sucede con el pan llamado arepa, que es una torta de maíz molido que se cuece o asa en un platón de barro que se nombra budare, en lengua cumanagota se designa las mismas cosas con los nombres erep y budare y aunque en caribe se dice arepa a las tortas de cazabe, creemos que las voces budare y arepa pertenezcan a las lenguas que se hablaban en los Andes venezolanos, pues arepa tiene analogía con la voz suridipa, que según el señor José Ignacio Lares empleaba la tribu de los Mirripuyes (Mucus), para designar el pan de maíz o tortas cocidas asadas en platones de barro. Los aztecas que tenían el mismo pan lo llamaban tlascalli, tascal los mayas, mezquite los muiscas, zancú los quichuas, ector los taínos, ninguna de cuyas voces tiene analogía con arepa, erepe u suridipa”2.

Hallacas

La Hallaca. Un plato típico venezolano por excelencia está presente en todos los hogares durante el mes de diciembre, ha sido objeto de estudio durante muchos años y los datos más antiguos los aporta el comerciante italiano Galeotto Cey en el siglo XVI:

[al maíz] “lo ponen en remojo de un día para otro y lo muelen en ciertas piedras, hechas como se ve en el margen, un poco curvas, dándole encima con otra piedra, que se tiene en las dos manos; pónese una india en cuclillas o arrodillada, por un costado de la piedra, poniéndole encima en su lado cóncavo un puñado del grano y un poco de agua y con la piedra a dos manos lo va moliendo, hasta que lo hace masa, después hacen unas panelitas como pastillas de jabón y las envuelven en hojas del mismo maíz o de caña y poniéndolas a cocer en una vasija grande de tierra, donde caben muchas, dándole a cada indio una o dos y algunas veces las guardan tanto que se vuelven ácidas…(…) y a esta clase de pan llaman aiaccas”3.

            El merideño Julio César Salas apuntaba a comienzos del siglo XX su definición de nuestro plato navideño: “Hallaca es un pastel o bollo de masa de maíz, carne, ají, etc., envuelto en hojas y cocido en agua hierviente, hallaca de agua que se llama también en Mérida o indio, por ser comida indígena de Mucus y Cuicas. Este alimento era también de otras partes de América; en México y Centro América se le denomina tamalli y tamal. Hallaca nos parece voz de origen quichua, sea lo cierto que tal palabra es de uso corriente, junto con el alimento que designa, no solamente en los Andes venezolanos, sino también en el resto del país. Según el abate Hervas Tamali significa guisado en caribe”4.

            El destacado historiador de la gastronomía merideña, Rafael Cartay, apunta que la hallaca es el plato nacional que va más allá de su confección alimenticia, cada navidad se convierte en un lazo espiritual vinculado íntimamente a los venezolanos más que cualquiera otra tradición. Es el sello característico de nuestra cocina, la marca que fija su carácter, a pesar de los parecidos que pudiera tener, y tiene, con los tamales de otras partes de América5.

            Ahora bien, a pesar de ser un plato nacional, hay notables variaciones regionales en su preparación que hacen que la hallaca, pese a ser única, sea paradójicamente diferente.

            De una simple comparación entre los ingredientes de su relleno, de la cocción o no de su relleno, y de la cocción final de la hallaca terminada, saltan las diferencias que hacen a nuestras hallacas regionales tan características, a pesar de que, en fin de cuentas, todas sean hallacas6.

            El historiador Cartay, que venimos citando, también observa que la hallaca andina tiene, al menos, tres características que la distinguen de las otras hallacas venezolanas: el relleno se macera y no se cuece previamente; la inclusión de los garbanzos en los rellenos y la cocción final que tarda de 4 a 5 horas. Añadiríamos nosotros que la hallaca pueblollanera se distingue por contener rodajas de papas en el relleno.

            Para finalizar tan importante investigación, el autor copia una receta de hallacas merideñas, aparecida en un diario local de finales del siglo XIX:

Desde la víspera de hacerlas, se pican en crudo las carnes de res y de marrano, por iguales partes, si fuere salpresa la primera mejor; y este picadillo se condimenta con cebolla y ají dulces picados, ajo molido, pimienta, sal comino, vinagre, vino, clavos en poca cantidad y un poco de agua, dejándolo así en adobo hasta el día siguiente, en que se le agregan garbanzos cocidos.

            Separadamente se hace en una cazuela un buen guiso con tomate riñón, cebolla, ajíes dulces y pimientos, ajo molido, sal especias, el vinagre de las alcaparras y suficiente manteca con onoto; esto se hierve hasta que quede en sazón, y luego se deja enfriar para que cuaje la manteca. Se prepara también tocino picado, alcaparras, aceitunas y pasas, cada cosa en su plato.

            La masa de maíz debe llevar un poco de manteca y quedar blanda, a fin de extenderla lo más delgada posible sobre la hoja de plátano que ha de envolver la hallaca. Esta se forma del modo siguiente: Hecha la arepa de masa, más bien larga que redonda, se pone encima de ella hacia un extremo, la cantidad suficiente de relleno de modo que no ocupe más de la mitad de la arepa; se le pone una cucharada de guiso, cuatro o cinco pedacitos de tocino, repartidos convenientemente, y las alcaparras, aceitunas y pasas que se quiera, añadiéndole, por último, un poquito de agua en que está adobado el relleno. Para cerrarla, se cubre todo con la otra mitad de la arepa, doblándola al efecto, con la misma hoja y comprimiendo en seguida la masa en torno al relleno, para que se le salga el agua. Después, se le dan los dobleces necesarios a la hoja para formar la hallaca, con la advertencia de que es importante extender la arepa de modo que el doblez de la hoja pueda hacerse en la dirección de las esquinas o puntas, y no a lo largo ni a lo atravesado, porque se rompería; y que la segunda hoja debe ir esquinada, calculando que los dobleces de una y otra no queden para el mismo lado. Se amarran luego con fibras de cascarón de plátano o con cabuya fina de fique, y se ponen a cocer a buen fuego y en suficiente agua, por espacio de cuatro o cinco horas, sacándolas de la olla tan luego se calcule que ya están, porque no conviene dejarlas indefinidamente dentro del agua7.

Tungos

Los Tungos. Por algún tiempo consideramos que, lo que por estos lados llamamos tungos masas de maíz sin ningún relleno adicional, de forma cilíndrica, los cuales son envueltos en hojas especiales denominadas guiches o piñuelas (planta de la familia de las bromelias) para luego ser cocidas en una olla con agua por una hora, aproximadamente era un plato exclusivo de Pueblo Llano, consumido únicamente durante la Semana Santa. Sin embargo, don Tulio Febres Cordero ya hablaba de su consumo generalizado en la región y al respecto proponía su origen indígena: Es el mismo pan de maíz de que hacían uso los indios del Orinoco, según Gumilla, quien dice a este respecto: ‘Del maíz molido a fuerza de brazo de las mujeres, hacen panes que, envueltos en hojas, cuecen, no al horno, sino en el agua hirviendo, teniendo para ellos ollas muy grandes. A este pan llaman cayzú’. Estos panes de maíz, muy socorridos para la gente pobre, se conocen en Mérida con el nombre de tungos, y también de carabinas, por su forma larga y cilíndrica; y rellenos con carne, toman el nombre ya dicho de hayaquitas de agua8. De modo pues que nuestros tungos tienen un origen muy remoto, no sabemos si la envoltura referida posee también la misma antigüedad que refiere el jesuita Gumilla.

Mute

El Mute. El maíz no podía estar ausente dentro de las sopas de nuestros antepasados, plato que se consumía con mucha frecuencia para combatir el frío del cuerpo y por su valor nutritivo. En algunos escritos es conocido como comida de indios. La IA refiere que es  una sopa tradicional latinoamericana muy espesa a base de maíz y carnes, típica de Colombia y Venezuela (Mute Santandereano, Mute Trujillano), Julio César Salas, también dice que el mute es “una sopa preparada de maíz cocido, llamada musti por los quichuas, mote por otras tribus y mute por los Mucus de Venezuela…9. No puedo dejar pasar por alto la ocasión para citar el rico mute que vendía la señora Valeria Valero, frente a la plaza Bolívar de Pueblo Llano, por allá en los lejanos años sesenta del siglo XX. 

Atol o Fororo. El maíz tostado y molido era otra forma de consumirlo, Salas dice que, a lo se denominaba fororo en Mérida en realidad era un atol “voz proveniente tal vez del azteca atoletl o del maya actole10. Por su parte, la IA establece la diferencia entre ellas: “Atol es una bebida espesa a base de harina de maíz (o avena) hervida con agua o leche, común en América Central y el Caribe, a la que se le añaden endulzantes o especias, mientras que el fororo es una harina de maíz tostado, típica de Venezuela, usada para hacer bebidas similares al atol o como alimento nutritivo, endulzado o no. Ambas son preparaciones similares, el atol es la bebida final y el fororo su ingrediente base tostado en Venezuela, ambos con variantes regionales”. A muchos de nuestros paisanos le completaban la leche materna con un biberón de atol, como pudimos observar en nuestros tiempos donde no había más recursos.

Maíz tostado

Maíz Tostado. El grano utilizado para producir cotufas o palomitas es Zea mays everta, una variedad especial de maíz cuyo grano tiene una cáscara dura que encierra humedad, lo que le permite explotar y convertirse en una masa esponjosa al calentarse. El maíz Cariaco y el Yucatán, variedades utilizadas en esta zona, no tienen estas características, sin embargo, sus granos se colocaban en un budare de barro para tostarlos y algunos de ellos hacían una pequeña “explosión” que apenas abría el grano que denominábamos “gallitos”, para irlos comiendo uno a uno. Su consumo era frecuente y muy antiguo como lo relata Julio César Salas: Entre los arrieros y portadores de algunas partes de los Andes existe aún la costumbre india de proveerse de maíz tostado, como alimento de viaje cómodo y barato, así preparado lo llamaban cancha los quichuas del Perú, cargándolo en una mochila llamada por ellos chuspa y por los indios de Mérida marusa fabricada de fique y con su pretal o cargador. Aviados así los chasquis o correos del inca, atravesaban valles, llanuras y montañas para llevar a los confines del imperio los mandados del hijo del Sol11.

El Rolo. El distinguido y recordado escritor del vecino pueblo de Las Piedras, Pedro José Paredes, hacía referencia en su libro Las Piedras a través del tiempo, sobre varias bebidas que se tomaban por las noches piedrenses mientras los miembros de la familia escuchaban cuentos de muertos y aparecidos, entre ellas estaba un preparado con maíz denominado “rolo”12, bebida que la cronista de Boconó, doña Lourdes Dubuc de Isea, ha tenido la deferencia de dejarnos la receta para su preparación en uno de sus libros: “Rolo. Se tuesta, muele y cierne el maíz en polvo. Se pone a hervir leche con canela y azúcar. Cuando esté hirviendo se deslíe en un poquito de leche unas cucharadas de harina de maíz en polvo, y se vierten en leche caliente. Se deja hervir unos minutos más y se baja13.

Cachapa

Jojotos. Se denominan jojotos a las mazorcas tiernas, frescas, que no han alcanzado el tiempo de maduración y tienen un sabor dulce, por lo tanto, son utilizadas en varias preparaciones, por ejemplo: en trozos acompaña a las demás verduras en un sancocho. Otra manera de consumirlos es poniéndolos a azar en un budare o al rescoldo de un fogón de leña, en algunos casos se le unta mantequilla para un mejor sabor. La manera más utilizada y comercializada de los jojotos es la elaboración de cachapas, que son tortillas rellenas a menudo con queso de mano, aunque también pueden ser acompañadas con otros ingredientes como carne mechada, cochino, pollo, etc. El paisano Jesús Alberto Araujo ha puesto muy en alto la gastronomía pueblollanera en la ciudad de Mérida con su emprendimiento denominado El Cachapón.

Mantecadas. La mantecada es uno de los tantos platos donde el maíz pasó a formar parte de las tradicionales recetas que se trajeron de España, así lo refiere el historiador Rafael Cartay: “La mantecada, el bizcochuelo y las rosquillas, así como los buñuelos, los churros, los suspiros, el mazapán, los melindres, el brazo gitano, el tocinillo del cielo, la torrija, y otros postres más pertenecen al acervo de la repostería de Castilla, una de las cocinas más reputadas de España14.

            La mantecada era el postre principal que se obsequiaba en las Paraduras de Niño, acompañado con una copa de vino, una rosca de pan y un cigarrillo. Posteriormente fue sustituida por el bizcochuelo, que en Pueblo Llano se empeñaron en denominarlo “pasta”.

Una receta de mantecada es la siguiente:

-Una y media tazas de harina de trigo;

-Una y media tazas de harina de maíz;

-Dos tazas de azúcar;

-Una taza de mantequilla criolla;

-Seis huevos frescos;

Una cucharada de vainilla15.

Mantecada

Arepas de horno. Las arepas de horno eran las preferidas de los habitantes de Pueblo Llano, competía en sabor con los panes que salían de las manos prodigiosas de la Negra Clema, destacada “amasadora” que vivía en el sector La Horca. Para elaborarlas, primero molía el maíz, lo cernía en un cedazo para luego mezclarlo con cuajada o queso rallado, miel de abeja o panela, amasaba suficientemente la mezcla, luego elaboraba las arepas de un tamaño menor que las normales, le abría un pequeño orificio en el centro para rellenarlo con papelón, finalmente la metía al horno de leña hasta que alcanzaba un color dorado.

            Dejaremos para próximas entregas dos artículos adicionales, uno sobre la arepa y otro referente a la chicha, ambos escritos a partir de las acertadas investigaciones de don Tulio Febres Cordero. 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

(30/04/26)

Notas:

(1)  José Ignacio Lares y Tulio Febres Cordero apuntaban que los indios mirripuyes de El Morro, en el estado Mérida, denominaban al maíz como Hussá, palabra de origen quichua. El mismo Febres Cordero dice que los mucuchíes y mucubaches, también del mismo estado, le daban el nombre de Chijsjac, y su apocope Chjá lo anota Amílcar Fonseca para uso de los indígenas de Trujillo. En: Mario BRICEÑO-IRIGORRY. Mérida la Hermética. Mérida, Venezuela, 1997. p. 58.   

(2)  Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”. Academia de Mérida, Ediciones del Rectorado, Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela, 1997. pp. 101, 102.

(3)  Galeotto CEY. (1995). Viaje y descripción de las Indias (1539- 1553). Caracas: Fundación Banco Venezolano de Crédito. Colección V Centenario del Encuentro de dos Mundos.

(4)  Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”.Op. cit. p. 102.

(5)  Rafael CARTAY. La mesa de la meseta, historia gastronómica de Mérida. Editorial Venezolana, Colección Surcos y Tradiciones. Mérida, Venezuela, 2014. p. 81.  

(6)  Ídem.

(7)  Rafael CARTAY. La mesa de la meseta, historia gastronómica de Mérida. Op. cit. pp. 82, 83.

(8)  Tulio FEBRES CORDERO. Archivo de Historia y Variedad. Obras Completas. Tomo III. Capítulo. LXXXVII. COSAS CRIOLLAS. EN TORNO DE LA AREPA. Editorial Antares LTDA, Bogotá, Colombia, 1960. p. 257.

(9)  Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”.Op. cit. p. 102.

(10)              Ídem.

(11)              Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”.Op. cit. p. 101.

(12)              Pedro José PAREDES. Las Piedras a través del tiempo. 2º Edición. Producciones Editoriales C.A., Mérida, Venezuela. 2014. p. 252.

(13)              Lourdes DUBUC DE ISEA. Romería por el folklore boconés. Talleres Gráficos Universitarios. Mérida, Venezuela, 1966. p. 501.

(14)              Rafael CARTAY. La mesa de la meseta, historia gastronómica de Mérida. Op. cit. p. 118.

(15)              Ídem.

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