jueves, 10 de septiembre de 2026

DECRETAN EL OCHO DE SEPTIEMBRE COMO DÍA DEL ESCRITOR PUEBLOLLANERO

 


En homenaje al cronista Rafael Ramón Santiago

DECRETAN EL OCHO DE SEPTIEMBRE COMO DÍA DEL ESCRITOR PUEBLOLLANERO

***Declarado por Alcaldía de Pueblo Llano y refrendado en sesión solemne del Concejo Municipal.



            En homenaje al cronista Rafael Ramón Santiago, la mañana de este martes ocho de septiembre se vistió de gala para los escritores pueblollaneros al ser declarada esta fecha como su día emblemático, decretado así por la alcaldesa del municipio, Yuri Gislen Ramírez Dávila, y refrendado en sesión solemne del ilustre concejo municipal con la presencia de la presidenta de la Cámara Edilicia, Yenny Vergara, los ediles Rosario Jeréz, Juan Carlos Uzcátegui y Nelson Valero.

            A la cita acudió el homenajeado, licenciado Rafael Ramón Santiago, en compañía de su esposa, Guadalupe Molina; la contralora del Municipio, Adriana Linares; el cantautor Rubén Darío Rondón; el cronista de la parroquia Santísima Trinidad, Francisco Quintero; el Orador de Orden del acto, Jorge Paredes Arias; miembros del tren del ejecutivo municipal, además de algunos amigos y vecinos de la población..

El maestro de Ceremonias, locutor José Vicente Paredes y la secretaria del Concejo Municipal, Cibelis Zerpa dieron inicio al acto solemne leyendo el orden del día para acto seguido entonar las notas patria y dejar que Yenny Vergara, como rectora del ente legislativo, expresara sus palabras de bienvenida, con una valoración tácita a la importancia del trabajo que el escritor conlleva.

            “Desde este concejo Municipal entendemos que reconocer a nuestros escritores es reconocer la esencia misma de nuestro pueblo, porque quienes escriben no solo utilizan palabras, sino que guardan recuerdos, rescatan historias, preservan tradiciones y construyen la memoria colectiva que habrá de recibir las futuras generaciones”. Indicó Vergara.

            El Discurso de Orden estuvo a cargo de Jorge Paredes, quien destacó la importancia de la palabra escrita, teniendo como referencia el fruto de grandes cronistas y escritores, paseándose por personalidades como el inca Garcilaso de la Vega, Andrés Bello y el insigne Tulio Febres Cordero, haciendo referencia también de los historiadores contemporáneos, entre los que destacan el cronista del vecino municipio Miranda, Jesús María Espinoza; el Arzobispo de Mérida Baltazar Porras y el mismo Homenajeado, Rafael Santiago.

            Se refirió el participante a varios de los escritores que ha tenido el municipio, apuntando a la pluma de don Eladio Hernández Agostini, Medardo Matheus, Felipe Paredes, la poetisa Belkis Becerra, el cronista arquidiocesano Francisco Quintero, la obra del cantautor Rubén Darío Rondón, además de la lirica criolla de Antonio José González, entre otros muchos.



            Seguidamente tomó la palabra la alcaldesa Yuri Ramírez, ratificando el compromiso establecido en el decreto número 18, publicado en gaceta municipal 88 Ordinario de fecha 12 de agosto de 2026, en la que se declara el ocho de septiembre como “Día del Escritor Pueblollanero”, donde además se establece el compromiso de respaldar el trabajo de los nóveles autores, así como de, a través de la dirección de cultura del ejecutivo, promover talleres de creación literaria y lecto-escritura.

            “Es el momento histórico que me corresponde asumir y estoy lista para continuar con esta tarea y cumplir con el compromiso adquirido en beneficio del municipio”, dijo Ramírez y agregó: “Vendrán nuevas declaratorias de fechas emblemáticas, como el día del agricultor, por ejemplo. Vamos a Reconocer a los hombres y mujeres que hacen grande a nuestro pueblo”. Puntualizó.

            Por su parte, el cronista homenajeado, Rafael Ramón Santiago echó mano de los recuerdos y expuso sus primeros albores del oficio de cronista que comenzó por allá en 1975 investigando sobre “La Locaina del Niño Jesús” y que a la postre fuera la base para que el concejo Municipal, en 1991, aprobaran su designación como cronista oficial de Pueblo Llano.


            “Ésta es una tarea a la que se le dedican las 24 horas del día, porque, a veces, hasta en los sueños se está trabajando”, señalo Santiago y agradeció a personas como el señor Emiliano Salcedo, el ingeniero Antonio Santiago y a Jorge Paredes, entre otros, por su oportuna intervención para la publicación de algunas de sus obras, indicando, por otro lado, que a partir del año 2013 le ha sido muy difícil poder divulgar sus trabajos de manera impresa.



Dijo el cronista que el municipio está en deuda con algunos próceres pueblollaneros, como el general Juan Antonio Paredes Angulo, héroe de la independencia nacido en este terruño, así como con el Coronel Rangel Becerra, hijo de una paisana de Las Agujas. “Sus nombres deberían estar señalando una calle o una avenida de nuestra población”, aseveró.            

El cierre de la actividad estuvo enmarcado en la entrega de un colorido ramillete de poesía a cargo de Belkis Becerra, así como de la melódica trova criolla del cantautor Rubén Rondón. Finalizando con la entonación del “cumpleaños feliz” para el homenajeado y la interpretación de las notas del himno del estado Mérida por los presentes.

 

Prensa JLPA / CNP Nro.:22173

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

EL PRESBITERO LUIS ENRIQUE BEJARANO RODRIGUEZ HA SIDO LLAMADO A LA CASA DEL PADRE

 

EL PRESBITERO LUIS ENRIQUE BEJARANO RODRIGUEZ HA SIDO LLAMADO A LA CASA DEL PADRE

Presbítero Luis Enrique Bejarano Rodríguez 

            Hoy, 02 de septiembre de 2026, ha sido llamado a la Casa del Padre el eximio Sacerdote Luis Enrique Bejarano Rodríguez, quien ha dejado huellas imborrables de buen Pastor por las diferentes comunidades parroquiales que le fueron encomendadas.  

El Padre Bejarano, como cariñosamente lo conocimos, nació el 26 de julio de 1934 en la Vereda de Zaque-Gachetá, Departamento de Cundinamarca, Colombia, fue uno de los doce hijos del matrimonio entre don Egidio de Jesús Bejarano Díaz y doña María Rosa Tulia Rodríguez Herrera. Realizó los estudios de Primaria en la Escuela Departamental de Zaque. A los 17 años dejó la casa paterna y trabajó como empleado en el almacén de artículos de cuero del Sr. Jesús Rojas, en Bogotá. Los días domingo visitaba compañeros de escuela que estudiaban en el Seminario Salesiano Mosquera.

A los 19 años ingresa en el Seminario de Los Padres Salesianos y recibe formación Salesiana en el Aspirantado de La Ceja, Antioquia. El 31 de enero de 1958 hace la primera profesión religiosa y continúa los estudios de filosóficos y pedagógicos en Bogotá y después continúa en La Ceja.

Hecha la Profesión Perpetua, ingresa definitivamente en la Comunidad Salesiana, realizando pasantías de Magisterio en el Colegio San Juan Bosco de Cali.

Continúa la vida religiosa en Las Misiones en La República de Bolivia, ejerciendo la docencia en el Seminario Arquidiocesano de La Paz y el Colegio San Juan Bosco. Realiza el primer año de estudios teológicos en El Estudiantado Teológico Salesiano, en la ciudad de Córdoba Argentina. Regresa a Bolivia y sigue ejerciendo la docencia en la Escuela Agrícola Salesiana La Muyurina de Santa Cruz de La Sierra y luego, en el Colegio San Juan Bosco de Cochabamba. En 1966, cursa el segundo año de Estudios Teológicos en el Estudiantado Teológico Salesiano de Macul, Santiago de Chile.

En uno de estos recorridos sufre un accidente aéreo sobre la llanura de Yacuiba, Bolivia, siendo uno de los sobrevivientes, del cual se recupera rápido de las lesiones sufridas, gracias a la fe y el deseo de vivir para servir que llevaba en lo más profundo de su ser.

Pbro. Bejarano con Acólitos de la Parroquia Santísima Trinidad

En 1967, por magnanimidad del Cardenal venezolano Rosalio José Castillo Lara, fue trasladado a la Inspectoría Salesiana de Venezuela. aquí cursó los dos últimos años de Estudios Teológicos en El Seminario Arquidiocesano de Santa Rosa en Caracas.

Recibió la Ordenación Sacerdotal de manos de Monseñor Francisco Iturriza el 08 de diciembre de 1970, en la Iglesia de María Auxiliadora, en Sarría, Caracas. Seguidamente prestó servicios pastorales en Las Obras Salesianas de Boleíta. Fue Coordinador de Estudios del Colegio Salesiano San Francisco de Sales de Sarría y posteriormente, Coordinador de Estudios del Colegio Salesiano San Luis de Mérida.

En el año 1973 ingresa a la Arquidiócesis de Mérida, en la cual queda definitivamente incardinado como integrante del clero de la Arquidiócesis y comienza la actividad pastoral de Parroquia como Cura Teniente de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de El Vigía.

En el mes de septiembre de 1974 es nombrado párroco de la Parroquia San Antonio de Padua de Mucutuy y encargado de Mucuchachí y San José. En esta parte del Sur merideño desarrolla un sinnúmero de obras religiosas y civiles como: más de 150 Cursillos de Cristiandad en Mucutuy y La Providencia; fundación de la Cofradía del Santísimo en Mucutuy; nuevas Casas Parroquiales en Mucutuy y Mucuchachí; Capilla en la aldea La Veguilla; inicio de la carretera a la Capilla de Mijará; ampliación de la carretera San José-Mucutuy; electrificación de las comunidades de Mucutuy y Mucuchachí y una Medicatura Rural en Mucutuy.

En 1980 es nombrado párroco de la Parroquia San Antonio de Padua de Tabay y Asesor de la Arquidiócesis merideña del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Durante los cinco años de asesoría se efectuaron Cursillos de Cristiandad casi todos los meses del año, con grupos superiores a 50 cursillistas. Con respecto a la pastoral parroquia en Tabay se pueden mencionar el impulso y mayor desarrollo de la Cofradía del Santísimo; grupos Juveniles Eucarísticos e Hijas de María; de la parroquia fueron a participar en los Cursillos de Cristiandad más de doscientas personas; organizó el grupo de Catequistas Parroquiales; organizó el Viacrucis Viviente para Semana Santa; asignó una advocación de la Virgen María para cada aldea y la solemne coronación para el mes de mayo.    

El 20 de octubre de 1991 es nombrado párroco de la Parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano, desde un primer momento se integró en las actividades religiosas, culturales y civiles de la comunidad. Su entusiasmo, su espíritu salesiano, su vocación de servicio y de buen pastor y gerente, conquistó de inmediato los corazones de los pueblollaneros. En este pueblo, junto con sus familiares, amigos y feligreses comenzó la celebración de sus Bodas de Plata Sacerdotales, con eucaristía el 08 de diciembre de 1995 y luego en otros sitios donde también fue párroco o realizó una labor pastoral. Para tan memorable evento se editó un folleto con el título Bodas de Plata Sacerdotales del cual hemos tomado gran parte de la información para la redacción del presente artículo.

Última concelebración en el Santuario de Pueblo Llano

En Pueblo Llano el Padre Bejarano desarrolló una invalorable labor pastoral como las que había realizado en otras parroquias, potenció los Cursillos de Cristiandad, la devoción Mariana, el incremento de los grupos de Apostolado, el apoyo incondicional a los grupos folclóricos Vasallos o Giros de San Benito, Locaina de Pueblo Llano, celebración de San Isidro, entre otros. Pero, sin lugar a dudas, por la obra que más se le recuerda, fue por el empeño que le puso, con el apoyo de las autoridades locales y la comunidad en general, en la ampliación del templo, para lo cual hubo que derrumbar casi completamente el anterior. El liderazgo, en forma personal, al frente de los trabajos de la obra, no había sido conocido por estos lares: sumó voluntarios, colaboradores, entusiasmo y el nuevo templo estuvo listo el 27 de diciembre de 1997, fecha en que fue inaugurado y consagrado por el Cardenal Baltazar Porras Cardozo, junto a autoridades, locales, estadales y nacionales. La belleza, amplitud y recogimiento que evoca el nuevo templo, hicieron posible que el mismo fuese elevado a la categoría de Santuario Diocesano el 27 de diciembre de 2022 con motivo de cumplirse 250 años de la creación de la Parroquia Eclesiástica Santísima Trinidad de Pueblo Llano.    

La fructífera labor pastoral del Pbro. Luis Enrique Bejarano Rodríguez culminó en Pueblo Llano el 22 de agosto de 1999 con un acto donde bendijo una nueva imagen de bulto de la Santísima Trinidad adquirida por un costo de tres millones de bolívares para colocarla en el altar de la iglesia inaugurada en 1997, pues la que se encontraba allí hasta ese momento era la escultura donada en 1960 por un grupo de pueblollaneros residentes en Caracas, la cual siempre había permanecido en la Capilla que está levantada en su honor en la parte norte del pueblo.

 El nuevo destino de nuestro sacerdote fue la Parroquia San Antonio de Padua de Chiguará, donde continuó con su labor admirable pastoral.

Las amistades que dejó en Pueblo Llano, la empatía con la comunidad y el aprecio mutuo, le permitieron continuar en contacto con los habitantes de este pueblo hasta sus últimos días, pues, hace menos de un mes pasó una semana en el municipio donde recibió grandes muestras de afecto, gratitud y reconocimiento. En varios momentos había manifestado que cuando llegara el inexorable momento de su muerte, su última voluntad era que su cuerpo fuese sepultado en este templo que ayudó a levantar. Rogamos que Dios lo reciba en sus brazos y que su cuerpo quede sembrado entre nosotros para que los frutos, producto de su ejemplo, sean abundantes.   

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista Oficial del municipio Pueblo Llano.

 

(02/09/26)


domingo, 30 de agosto de 2026

LA PAPA, ORIGENES


Agricultura y gastronomía prehispánica local  

LA PAPA, ORIGENES

            Antes de que el hombre americano comenzara a domesticar la papa, ésta se encontraba silvestre, en múltiples variedades, protegidas en las montañas húmedas, confundidas con otras malezas. Pues, como lo expresa el botánico inglés John Gregory Hawkes, la biodiversidad de la papa no está restringida a especies cultivadas, al contrario, éstas están relacionadas con muchos grupos complejos de especies silvestres, de los cuales, unas pocas originaron papas cultivadas. El hecho real es que la papa tiene más especies silvestres afines que cualquier otro cultivo, por lo tanto, de las 235 especies de papa reconocidas hasta el presente, hay siete cultivadas y 228 silvestres. Las especies silvestres están ampliamente distribuidas, desde la región suroeste de los Estados Unidos (Nebraska y Colorado) hasta el extremo sur de los Andes. Según el autor citado, existieron dos centros de biodiversidad de especies silvestres, uno en la región central de México y otro en la región alta Andina, desde Perú hasta el noroeste argentino1.

La bibliografía consultada nos indica que las evidencias arqueológicas dan cuenta hasta ahora de dos regiones independientes en la domesticación de la papa, ellas son el sur de Chile y los Andes bolivianos y peruanos; sin embargo, la profundidad cronológica —antigüedad— de su manejo, por parte de los pueblos originarios sudamericanos, todavía es un tema muy debatido, dada la fragilidad de las evidencias arqueológicas que se han obtenido hasta la fecha2. Ahora bien, la discusión contemporánea nos lleva a pensar que es probable que los procesos antropogénicos asociados con la domesticación de la papa, se dieron a partir de la especie Solanum stenotomum, en el norte de Bolivia, en una fecha que se remonta posiblemente hacia los 10.000 años antes del presente, para luego, después de un proceso múltiple de cruces genéticos, en el territorio del Perú actual, dar origen a la Solanum tuberosum ssp. andigenum 3.

            Otras fuentes indican que los comienzos de la domesticación del tubérculo se dieron en épocas más recientes, en las orillas del lago Titicaca, que hoy comparten Perú y Bolivia, durante los periodos de la cultura Tiahuanaco-Wari, aproximadamente entre 200 d.C. y 1000 d.C. Posteriormente, los incas heredaron las prácticas del cultivo de este inestimable producto y, debido a su insuperable organización, entre ella la agropecuaria, lo difundieron por todos sus pueblos conquistados.

Aunque, difícilmente podrá determinarse la verdadera antigüedad de la domesticación de la papa, la polinización natural y la presión selectiva de los aymaras, en la formación de especies cultivadas dentro de su territorio, son hechos incontrovertibles, por eso, según, Hawkes, definitivamente, el centro de origen de la papa cultivada está en el área comprendida entre los lagos Titicaca y Poopó, en los Departamentos de La Paz y Oruro al Oeste de Bolivia4.

No hay duda entonces que, la papa, que en lengua quechua significa tubérculo, lleva el sello de origen de nuestros laboriosos indígenas americanos, que, gracias a su domesticación y utilización como alimento básico, permitió el crecimiento de la población en la Cordillera de los Andes, extendiéndose el cultivo, posteriormente, a toda América, Europa y al resto del mundo. La papa es el cuarto producto alimenticio en orden de importancia a escala mundial, luego del trigo, el arroz y el maíz. Se siembra en 130 de los 167 países del mundo, llegando a más de mil millones de personas en todo el globo terráqueo, de los cuales, aproximadamente 500 millones pertenecen a los llamados países en vías de desarrollo5.

Las impresiones que tuvieron los europeos al observar el cultivo y el consumo masivo de este tubérculo por parte de los indígenas de casi toda América quedaron escritas por los primeros memorialistas denominados Cronistas de Indias, relatos que compartiremos en la próxima entrega.   

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

(30/08/26).

Notas:

(1)  HAWKES, J.G. The Potato: Evolution, Biodiversity and Genetic Resources. Smithsonian Institution Press. Washington D.C. 1990.

(2)  Gordones Rojas, Gladys; González, Lourdes; Osorio Martha y Meneses Pacheco, Lino. Papas negras, papas de color y sin nombres en los Andes de Mérida. Reconocimiento genético. Boletín Antropológico. Año 41. Enero-junio 2023, N° 105. ISSN: 2542-3304. Universidad de Los Andes, Museo Arqueológico, Mérida, Venezuela. pp. 129-169.

(3)  Ídem.

(4)  HAWKES, J.G. The Potato: Evolution, Biodiversity and Genetic Resources. Smithsonian Institution Press. Washington D.C. 1990.

(5)  Masson, 1991; FAO-CIP, 1995. Citado por Romero, Liccia; Monasterio, Maximina. Papas negras, papas de páramo Un pasivo socioambiental de la modernización agrícola en Los Andes de Venezuela. ¿Es posible recuperarlas? Boletín Antropológico, vol. 23, núm. 64, mayo-agosto, 2005, pp. 107-138. Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela.

 


 

viernes, 14 de agosto de 2026

"UNA LIMOSNITA POR EL AMOR DE DIOS PARA UNA MISA DE INDULGENCIA..."



“UNA LIMOSNITA POR EL AMOR DE DIOS PARA UNA MISA DE INDULGENCIA…”

            En nuestra retina y oídos quedó grabada aquella ceremonia que se repetía de vez en cuando en el corredor de nuestra vivienda. Primero se escuchaban unos fuertes golpes en el portón, cuyos sonidos indicaban claramente que el anunciante llevaba prisa. Al abrir nos encontrábamos con Fermina, una mujer ya entrada en años, quien llevaba un saco de fique a medio llenar terciado a la espalda, sostenido fuertemente con una de sus manos. Al avanzar hasta la mitad del zaguán, ceremoniosamente se levantaba el sombrero con la mano libre, a medida que pronunciaba la frase: “una limosnita por el amor de Dios para una misa de indulgencia por el ánima del finado…”.

            Ya sabíamos de antemano quién era el finado, pues en aquella época eran muy pocas las personas que morían, y también sabíamos el destino a donde iría a parar todo el producto almacenado en aquel saco de fique y quizás en otros más.

            En efecto, se tenía la costumbre que, al morir una persona, después del entierro, se levantaba un altar o tumba en la casa de habitación donde se había velado durante toda la noche, para luego comenzar una novena de rosarios. En el día noveno, aparte del velorio en la vivienda, se mandaba oficiar una misa por el alma del difunto, cancelada al sacerdote con el producto recogido, denominada misa de indulgencia.

            El peso del saco iba aumentando a medida que Fermina visitaba los vecinos del fallecido, pues la mayoría de las contribuciones eran en especies, mazorcas de maíz, huevos, cuajadas, panelas, papas y otras pocas cosas más, pues el efectivo era escaso y cuando daban era en monedas de muy baja denominación, como un centavo, una locha y cuando más un medio real o un cuarto de bolívar. Al recibir la limosna, Fermina remataba con otra frase: “que el ánima de fulano de tal le pague”, a medida que amagaba con quitarse el sombrero.

            Comentando con el señor Hermes de Jesús Santiago sobre el tema anterior, me contó que él mismo participó en algunas oportunidades en este tipo de recolecta. Y nos dice que, además de Fermina, recuerda a otros “recogedores” como Alfonso Barrios, Juan Turiolo, Salomón Salcedo, Telésforo Zerpa, mano Álvaro, entre otros.

            En los campos de la parroquia Las Piedras, como El Conejo, Los Haticos, El Cañutal y Las Cavas, desempeñó este oficio por algún tiempo el señor Rafael Ramón Montoya1.

            El recolector o recogedor de la limosna no demoraba mucho en cada casa porque tenía que visitar toda la comunidad, con el saco a cuestas, además, estaba sujeto a un tiempo estipulado para la recolecta, que en la mayoría de los casos era de dos días. También tenía la potestad de vender algunos de aquellos productos, para aliviar la carga, como huevos, cuajadas o panela, efectivo que luego era entregado a los familiares del finado para que éstos pagaran al señor cura la misa señalada2.

            Aquella tradición finalizó hace ya muchos años, ahora se acostumbra que durante los días del novenario se coloca un plato junto a la tumba (levantada para los rezos) del finado y allí los asistentes van depositando su contribución en efectivo para el mismo propósito religioso.

            El primero y único sacerdote nacido en Pueblo Llano, hasta ahora, Don Mario de Jesús Santiago Valero, nos aclara los orígenes y el significado católico de esta celebración eucarística:

“…la Indulgencia es una ofrenda u obsequio que se hace al difunto, con miras a aliviar las penas que, a modo de secuelas de pecados absueltos, puedan acarrear penas temporales. Es una satisfacción o indulto que se ofrendan al difunto y ante Dios, por mediación de la Iglesia, administradora del tesoro de la Redención de Cristo. Por tanto, la Indulgencia no es un abono al Señor por el perdón o remisión de los pecados del finado o una plegaria en pro del descanso eterno de su alma, es la remisión que hace la Iglesia de las penas debidas por los pecados. El descanso es una consecuencia de ese perdón. De ahí la importancia de la Misa de Indulgencia. Es el sacrificio eucarístico que realiza y aplica ante Dios la Santa Madre Iglesia, facultada para borrar toda culpa proveniente de pecados ya confesados.

            Al efecto se recaudaba una limosna entre los asistentes a los rezos y en la comunidad respectiva, a cargo de los parientes, vecinos y amigos del difunto. Dijimos de vecinos, mas no de todos los parroquianos, toda vez que se trata de donativos o pequeños sacrificios que suponen lazos de amistad y de buena voluntad por los amigos y conocidos que se nos han ido hacia la eternidad. Es la condición de reciprocidad colectiva: “Hoy por ti, mañana por mí”.  Los donativos consistían en pequeñas contribuciones en dinero que se entregaban al párroco como estipendio.

            Donativos en especies no conocí, aunque posiblemente sí los hubo por motivo de la escasez de las monedas. Casi siempre la Misa era rezada, habida cuenta del poco monto del dinero recaudado. Pero en caso de que la limosna alcanzara los Bs. 30, la Misa era cantada”.

            “La novena en familia consistía en el rezo del santo Rosario durante los primeros 8 días del Novenario, y 8 rosarios consecutivos la última noche y el canto del último rosario, llamado rosario gloriado y cantado, ya al amanecer. Se conoce como gloriado el rosario de esa hora ya que, en lugar de los Misterios Dolorosos, se cantaba un rosario con Misterios Gloriosos, con la consabida muletilla de “Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo”, en lugar de “Dale, Señor el descanso eterno”.

Desde luego que esa última noche de la novena era completa y comprendía una cena a la media noche para todos los asistentes y uno que otro brindis de licor a lo largo de la noche.

            Esta modalidad ha ido desapareciendo, visto el abuso de licor por parte de algunos asistentes que lo llevan por su cuenta. En su lugar, la familia sufraga ahora una Misa de indulgencia, con la participación de parientes, vecinos y amigos. Una buena solución3.

            Los tiempos pasan y las costumbres también, para bien o para mal, según el criterio con que se miren, tanto en el presente como en el futuro. Pero, para emitir juicios de valor sobre ellas, primero deben ser conocidas, y darlas a conocer es el deber de los que hemos asumido tal compromiso.

           

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

 

 

(15/08/26)

 

Imágenes cortesía de Antonio González Santiago.


Notas:

(1)  Entrevista al señor Rafael Ramón Montoya, 52 años, Las Piedras, 26 de abril de 2008.

(2)  Entrevista al señor Hermes de Jesús Santiago Santiago, 77 años, Pueblo Llano, 17 de agosto de 2025.

(3)  Entrevista, vía WhatsApp, a Don Mario de Jesús Santiago Valero, 97 años, Caracas, 18 de agosto de 2025. 


 

miércoles, 29 de julio de 2026

EL AJÍ

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 

EL AJI

            Hablar del ají es hablar del ingrediente principal que se añadía, y se sigue añadiendo, a las diversas comidas preparadas en el Nuevo Mundo durante siglos, agregándole un sabor y una emoción particular a cada plato.

El ají o chile, como se conoce en otras partes de América, es un fruto picante que pertenece al género Capsicum anum y se puede encontrar en diferentes variedades a lo largo de toda América y en los últimos tiempos su cultivo y utilización se ha extendido por todo el mundo.

Don Lisandro Alvarado describía la planta de ají de la siguiente manera: “El C. frutescens, uno de los (ajíes) más comunes, es una planta fructuosa, de tallo erguido y lampiño, ramos flexibles, cilíndricos, casi angulados, algo lampiños; hojas solitarias o apareadas, aovadas, acuminadas, enteras, lampiñas; cáliz más o menos erguido, casi pentagonal, algo truncado, lampiño; baya roja o amarilla, aovada, oblonga, obtusa, lisa, larga de 6 a 12 líneas”1.

            En el siglo XVIII, el cura cronista Basilio Vicente de Oviedo se refería al cultivo del ají en el Nuevo Reino de Granada de la siguiente manera: “El ají, a quien los europeos llaman pimientos de Indias, se siembra y se produce con abundancia en las tierras templadas. Hay de tres especies: uno redondo y de poco gusto y picante, y es poco apetecible; otro largo como un dedo de la mano o más, muy fuerte y gustoso, que sazona todas las comidas y caldos y les da un picante que ocasiona apetito. Dase en la misma mata, de tres colores, colorado el más, y amarillo y verde; todos los usan en sus mesas y en sus comidas, y es mucho mejor echado en vinagre. Es de calidad cálida, en particular el que llaman ají chiquito, que se da en tierras templadas y cálidas, y es del mismo gusto2.

            Con respecto a la manera de cómo consumían el ají los indígenas que poblaban nuestras tierras andinas, Julio César Salas apunta: “Extenso uso como condimento hacían Mucus y Cuicas de varias clases de ajíes (Capsicum anum), planta típicamente americana; su nombre ají procede del taíno, pues los quichuas, lo llamaban uchú o richú, los aztecas chilli y givaque los mayas. Hemos dicho que el ají bravo era la base del encurtido o ajiagua de los Mucus incorporando varias plantas y raíces3.

            Al respecto agrega el experto en historia de la cocina andina venezolana Rafael Cartay: “El régimen alimentario de los indígenas de la Cordillera de Mérida era, en esencia, el mismo para todas las comunidades que allí habitaban. El clima permitía el cultivo de una amplia gama de productos, similares en todo el territorio, destacándose entre ellos el maíz, la papa, el frijol y el ají, lo cual es típico de las sociedades indígenas andinas y mesoamericanas (salvo la papa) …El ají lo usaban como condimento y lo conservaban en una jícara conocida como cucay4. 

            En nuestra niñez solo conocimos dos variedades de ajíes, los mongos que eran de color verde y rojo cuando estaban completamente maduros y los chireres o chirel, que eran más pequeños, amarillos y muy picantes, Gonzalo Picón Febres agrega uno más que llama corito, que no lo conocimos. Afirma el escritor citado que: “En el dialecto indígena de los Mirripuyes (Mérida de Venezuela) al ají lo llaman chicás; los Escagueyes, chichim; y los Timotes, ajisero es también chicás…”5.

            La cercanía y comunicación de Pueblo Llano con los pueblos del estado Trujillo como Boconó, Niquitao, Bisum, entre otros, hace posible que algunas costumbres y tradiciones sean similares como el caso que nos ocupa, por lo tanto, citamos lo que escribe la Licda. Lourdes Dubuc de Isea con respecto a tan importante aderezo: “…Aquí se moja con ají desde la arepa hasta la sopa más preparada. Los ajiceros tienen su alquimia: el ahuecar un taparo debidamente, el curado y el hacerlo recipiendario del excitante ají no es cuestión tan simple. Y a esto se agregan los ritos de mezclar el ají con la leche, los magueyes, los diablitos, el culantro, en la debida proporción. Esta ciencia, no obstante, es dominada por casi toda nuestra población que, de la choza más humilde a la vivienda más empingorotada, pone a sus viandas modestas o suculentas, el insinuado frasco de ajicero, capaz de aderezar, sazonar e imprimir a cualquier manjar, un toque de exótico sabor6.

            Para culminar su apreciación, remata con la entrega de una receta para su preparación: “Ajicero. He aquí una fórmula de composición de ajicero de campo: 10 ajíes forotes se ponen a cocinar. Se les quita la fruta y se ponen a remojar un día entero para que no piquen tanto. Se muelen en la piedra, con ajos, orégano, cominos, sal. Se guardan en frascos. Si se quiere se le agrega leche de vaca hervida y fría. Puede añadírsele también magueyes. Se machucan y se agregan al ajicero7.

            En Pueblo Llano no hemos conocido vivienda donde no mantengan un frasco o una taza de ají en la mesa, dispuesto a aderezar la comida que se consume durante el día. Cada familia tiene su manera de prepararlo, antiguamente se hacía en una olla de barro de donde, posteriormente, se extraían las porciones requeridas. Recuerdo con nostalgia el ají de mi hogar, preparado con zapallo, “diablitos”, “pitones”, cebollín, cilantro de monte, varios mongos, pepinos, coles, berros, poca sal y mucho amor.

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

(30/07/26).

Notas:

(1)  Lisandro ALVARADO. Obras Completas. I. La Casa de Bello. Caracas, Venezuela, 1984. pp. 41, 42 y 43.

(2)  Basilio Vicente DE OVIEDO: Cualidades y riquezas del nuevo reino de granada. manuscrito del siglo XVIII. Biblioteca de Historia Nacional. Volumen XLV. Bogotá -Imprenta Nacional, 1930. pp. 45, 46.

(3)  Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”. Academia de Mérida, Ediciones del Rectorado, Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela, 1997. p. 105.

(4)  Rafael CARTAY. Caracterización de la región alimentaria andina. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. N° 138. San Cristóbal, Venezuela, 1997. p. 23.

(5)  Gonzalo PICON FEBRES. Libro raro. Tercera Edición. Biblioteca de Autores y Temas Merideños. Mérida, Venezuela, 1964. p. 44.

(6)  Lourdes DUBUC DE ISEA. Romería por el folklore boconés. Talleres Gráficos Universitarios, Mérida, Venezuela, 1966. p. 482.

(7)  Ibidem. p. 482.