lunes, 6 de julio de 2026

"PITONES", "DIABLITOS" Y OTRAS BONDADES DEL FIQUE

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 


“PITONES”, “DIABLITOS” Y OTRAS BONDADES DEL FIQUE

En el páramo merideño, donde encontramos una flora variada y diversa, nacimos y crecimos viendo unas plantas un poco extrañas, como si no fueran autóctonas, venidas de alguna zona árida o pisos altitudinales más bajos. Se trata del fique(furcraea) y la cocuiza (agave cocui trel) que, por su parecido, las confundíamos y a ambas las denominábamos maguey. Plantas no muy comunes, como ya se indicó, y que han ido desapareciendo como tantas otras por la utilización de terrenos para la actividad agropecuaria.

Aunque eran muy similares se podían diferenciar debido a su estructura y utilización, también había contrastes en su color, por ejemplo, las hojas del fique eran verdes, con bordes lisos, dentados o aserrados terminando en una espina; en cambio, las hojas de las cocuizas eran azuladas, también con hojas dentadas en los bordes, pero terminando en una fuerte y gran espina.

Las plantas citadas son originarias de América y cuentan con muchas variedades y nombres dependiendo del lugar donde se reproducen, así lo expresaba el sabio merideño Julio César Salas a finales del siglo XIX o comienzos del XX: “el Maguey o Agave Americano es voz de lengua de Haití, pero corren diversos nombres en América para dicha planta: henequén o corojo en Centro América, mextl en azteca o maguey, del primero fabricaban el pulque o mezcal; esta misma variedad de agave se llama cocuiza en Venezuela, caruaba, curagua o curaguato en el Orinoco; los jiraharas de Barquisimeto fabricaban con él una especie de vino llamado cocuy, que hoy se destila por los civilizados y se conoce con el mismo nombre de cocuy; los indios de la serranía de Cumaná se llamaron chacopatis, de chacopati que significa maguey en su idioma…fique se llama en la cordillera de los Andes venezolanos una variedad de agave, empleada por los indios para fabricar cuerdas, las que se denominan cabuyas, voz antillana, no así los morrales que elaboran y nombran marusas; de la flor del maguey y del mismo cogollo, hacen los mucus la ajiagua, condimento obligado; estos mismos indios trenzan el fique para la fabricación de toscas alpargatas por el estilo de las gutaras cubanas y oxotas de los quichuas, quienes llamaban al fique  maguey chuchan”1.

Mata de fique

Las bondades de la planta referida, en sus diferentes variedades, han sido muy grandes a lo largo y ancho de América y a través de los tiempos, particularmente en México, del Agave tequilana se obtiene el pulque, tequila y mezcal, que debido a su industrialización y promoción se conoce y consume en gran parte del mundo. En Venezuela, particularmente en los estados Lara y Yaracuy, el jugo de sus hojas y/o raíces sirve para preparar el muy apreciado licor de cocuy, llamado cocuy de penca o pecayero, bebida de tradición prehispánica usada por los chamanes para celebrar fiestas, en la actualidad ha sido industrializado completamente y es consumido en todo el país2. No hay referencias donde indiquen que en el periodo prehispánico o colonial se haya fabricado algún licor derivado de estas plantas de los Andes.

En cuanto a sus poderes curativos tenemos que las hojas machacadas se aplican a tumores provocando su supuración y reducción; el cocimiento de la raíz se emplea para trastornos menstruales y dolores de la vejiga3, las hebras de fique, impregnadas en kerosene, y colocadas en las plantas de los pies, bajan la tensión y la fiebre. En la segunda mitad del siglo XIX el presbítero Jesús Manuel Jáuregui Moreno hizo una descripción de Pueblo Llano, colocando entre las plantas medicinales el cocuy o pitón y la cocuiza canalmala.4

Mata de cocuiza

En la construcción de viviendas también tenían su aplicación, las hojas mezcladas con el barro servían como aglutinante en la elaboración de muros y paredes de adobe, de igual manera, unidas con cal o tierra blanca era utilizadas para blanquear las paredes y sus vástagos funcionaban como vigas en los techos de las casas.

Muchas historias escuchamos en nuestra niñez sobre las actividades que se desarrollaban en torno al fique, principalmente la obtención de cuerdas o cabuyas. A esta actividad se le denominaba “raspar fique” y era ejercida por expertos que sabía en qué momento del año estaban listas las pencas para su utilización, la fase de la luna en que se debían cortar, que preferiblemente era menguante. Luego venía el proceso de raspado donde colocaban la penca en una tabla o mesa inclinada para comenzar, con un cuchillo u objeto parecido, a sacarle la pulpa hasta que quedaban solamente las hebras que eran llevadas a secar al sol para después torcerlas y obtener los hilos de grosores diferentes.

El uso que se le daba a las cuerdas era múltiple, con ellas fabricaban cabuyas para amarrar animales como vacas y caballos; fajas, refajas y cinchas para las mulas; sacos para transportar papas y otros frutos; marusas para llevar avío en los viajes; alpargatas e incluso algún abrigo para protegerse del frío.

Los vestigios en la región andina merideña sobre la utilización de las fibras de fique se pueden verificar en la presencia de una momia encontrada en 1923 en un sitio denominado La Ovejera, cerca de Pueblo Nuevo del Sur, municipio Sucre, estado Mérida, la cual se encuentra expuesta en el Museo Arquidiocesano de Mérida. En un estudio hecho en la Universidad de Los Andes se concluyó que “los textiles asociados a la momia fueron confeccionados con fibras de origen vegetal, como las existentes en los tallos de plantas como las malváceas o en las hojas de sisal, semejantes a las utilizadas en la actualidad para la confección de los tejidos y cuerdas5.

Muy cerca del lugar anterior, en El Morro, don Tulio Febres Cordero hace referencia a la calidad de los productos de fique elaborados allí en el siglo XIX, al respecto expresa: “De sus tejidos y sus progresos en este ramo, quedan los famosos costales o sacos de fique del Morro que fueron premiados en la Exposición de París el año de 1889…”6.

En Pueblo Llano, los últimos “raspadores de fique” de que se tenga noticia fueron Francisco Santiago Torres y su hijo José de Resurrección, avecindados en el sitio denominado La Horca, quienes elaboraban diversidad de objetos por encargo.

Por otra parte, se observaba una utilidad muy frecuente de las matas de cocuiza y fique para fijar los límites en las propiedades agrícolas; en muchos documentos encontramos, por ejemplo, frases como: “…por el norte con Juan Peña, divide mojones de piedra y matas de cocuiza…”. En efecto, estas matas eran muy duraderas y se reproducían fácilmente, además, sus hojas con bordes de espinas, rematadas en una punta muy dura, contribuía para que los animales, como vacas y caballos, no entraran a las tierras cultivadas a hacer daños.

No nos cansamos de escribir sobre los beneficios de estas plantas y hemos querido dejar para el final la parte principal del artículo como es la referente a la gastronomía. Cuando el vástago de la planta de fique estaba tierno se denominaba “pitón” y era el momento para cortarlo, picarlo en trozos y agregarlo como un ingrediente más en la preparación del ají andino. Pero, además, si el “pitón” o vástago no se cortaba tierno y se dejaba crecer hasta su tamaño natural, una vez florecido, se utilizaban estas flores, denominadas “diablitos”, que también agregaban al ají encurtido y le da muy buen sabor7. Como hemos visto líneas más arriba, Julio César Salas menciona que, con el vástago del maguey, llamado por nosotros “pitón” y también con sus flores (“diablitos”), nuestros indígenas preparaban un condimento denominado ajiagua que es muy probable sea el mismo preparado de ají a que hemos hecho referencia. Sobre este condimento nos amplía el sabio merideño: “El cucay del pichero o ají no podía faltar en las comidas indígenas, esta especie de encurtido formado por raíces: micuyes y rubas en la tierra fría y por ajíes, médula y frutos del maguey, istú y otras plantas entre los indios de los valles templados, era el excitante y condimento obligado de la sencilla alimentación de los chamas8.

Ají preparado con “pitones” y “diablitos”.

Con respecto a la elaboración del ají, nos dice nuestro estimado paisano don Mario de Jesús Santiago Valero: “En cuanto a los famosos “pitones” nos viene a la memoria que eran las flores de los vástagos de las matas de fique, que se cosechaban en muy pocas partes y en muy pocas oportunidades. Efectivamente, las matas de fique, aunque son silvestres en las regiones de los páramos andinos, son por lo general escasas. Nosotros las llamábamos fique, pero en botánica la denominan pita. Su mayor utilidad se debe a que las hojas, alargadas, gruesas y numerosas, con espinas por los bordes y puntas, producen fibras para hacer cabuyas y otros productos textiles de utilidad para la producción agrícola e industrial. Periódicamente produce un vástago relativamente delgado, que termina en una flor en forma de racimo erguido, de color verde blanco, con semillas blandas del tamaño de una fresa. Pues bien, hasta hace poco ese racimo de flores se aprovechaba como ingrediente para rendirle a la sopa que se consume en familia a la hora del almuerzo. A decir verdad, no era muy notable la ventaja alimenticia que proporcionaba el uso de los mencionados pitones, dado que lo escaso de la planta y el poco interés que tenía en la población terminaban por olvidar el beneficio9.

Sería redundar en el hecho de continuar elogiando las bondades de estas plantas, pero, finalmente, no hay que olvidar que debido a los efectos catastróficos que está sufriendo el planeta y con él la población mundial debido al cambio climático, mucho se podría aportar para mejorar tal situación volviendo a utilizar objetos de fique o cocuiza para el uso diario, como por ejemplos las marusas para hacer mercado y los sacos para empacar verduras, debido a que se descomponen con mucha facilidad una vez que culmina su vida útil y, de esta manera, la agresión al medio ambiente es insignificante en comparación con los objetos sintéticos que tardan miles de años en desaparecer. 

 

Rafael Ramón Santiago.

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

(30/06/26)

Notas:

(1)  Julio César SALAS. De Re Indica. Órgano de la Sociedad Venezolana de Americanistas. “Estudios Libres”, Antropología, Etnología, Lingüística, Folklore, etc. Vol. I. Caracas, Venezuela, 28 de octubre de 1918. Nº 2.  pp. 50, 51.

(2)  http://vereda.ula.ve › areas-tematicas › jardin-xerofitico.

(3)  Ídem.

(4)  Jesús Manuel Jáuregui Moreno. Obras Completas. Tomo I. Talleres de Editorial Futuro, San Cristóbal, estado Táchira, 1999. p. 245.

(5)  Ernesto PALACIOS PRÜ. Análisis ultraestructurales de tejidos humanos momificados. Caso de la momia del museo arquidiocesano de Mérida, Venezuela. Boletín Antropológico. Centro de Investigaciones Etnológicas. Museo Arqueológico. Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Mayo-agosto 1995. Nº 34. pp. 5-21.

(6)  Tulio FEBRES CORDERO. Obras Completas. Procedencia de los aborígenes de los andes venezolanos. Tomo I. Editorial Antares LTDA, Bogotá, Colombia, 1960. p. 52.

(7)  Gonzalo PICON FEBRES. Libro raro. Tercera Edición. Biblioteca de Autores y Temas Merideños. Mérida, Venezuela, 1964. p. 141.

(8)  Julio César SALAS. Tierra-Firme. (Venezuela y Colombia). Estudios sobre Etnología e Historia. Universidad de los Andes, Facultad de Humanidades y Educación, Mérida, Venezuela, 1971, p. 155.

(9)  Informante: Mario de Jesús Santiago Valero. 95 años, Caracas, 22 de julio de 2023.

 

 

 

 

lunes, 15 de junio de 2026

PRIMER ACCIDENTE VEHICULAR EN LA VIA HACIA PUEBLO LLANO

 

EL PRIMER ACCIDENTE VEHICULAR EN LA VIA HACIA PUEBLO LLANO

            Con la construcción de la carretera Trasandina, concretamente el trayecto Mucubají-Barinitas, varios pueblos de la cordillera andina y del piedemonte barinés quedaron aislados. Este fue el caso de Pueblo Llano, Las Piedras, Calderas y Altamira. Fueron muchas las luchas emprendidas por los habitantes de estas comunidades para que se construyeran ramales alternos que comunicaran con la vía principal y de esta manera poder incorporarse definitivamente al progreso que iba alcanzando el país.

            La vía hacia Pueblo Llano comenzó a construirse iniciando la década de los años 50 del siglo XX, la misma estuvo a cargo de un experto maquinista de nombre Aureliano León, a quien apodaban El diablo, natural de Niquitao, estado Trujillo, quien hizo el trazado y la apertura a “pepa de ojo”1. El primer vehículo llegó al pueblo por esta ruta el 21 de marzo de 1952, se trataba de una camioneta Panel, marca GMC, color verde, conducida por el señor Héctor Moreno, perteneciente a la empresa Comercial Moreno de la ciudad de Mérida2.

            No tardó mucho tiempo para que el espíritu emprendedor de algunas personas de la comunidad considerase el transporte de pasajeros como un negocio rentable. Enseguida adquirieron camionetas para tal fin los señores Eladio Hernández Agostini, Sixto Molina, doña Julia Santiago, entre otros.

            La camioneta de doña Julia la conducía su hijo Alberto Santiago, era de color rojo, marca Willis, con carrocería de madera y prestaba el servicio de transporte para rutas más cercanas como Santo Domingo y La Mitisús.

            Hacía ya un año que se había puesto en funcionamiento la vía, pero los derrumbes eran continuos y los baches se formaban en todas partes con la presencia de las lluvias, la máquina en cuestión y algunos obreros se encargaban de su mantenimiento, depositando la arena que bajaba de los cerros en las orillas de los barrancos.  

Era un Domingo de Ramos, 29 de marzo de 1953. Al finalizar los actos religiosos de este día, presididos por el Pbro. Pedro Hidalgo, de origen español, quien tenía la particularidad de no demorar mucho en sus homilías, el vehículo de doña Julia salió del pueblo atestado de pasajeros, algunos testigos dicen que varias personas iban montadas en el techo y otros colgados de la escalera que servía para treparse a él, cada pasajero llevaba en su mano una rama de palma recién bendecida3.

La máquina comenzó el descenso lentamente todos iban muy felices, disfrutando de un trasporte que nunca habían imaginado que transitara por aquellos lugares tan inclinados sorteaba zanjas, baches, esquivaba piedras y después de haber descendido un trecho considerable, en el recodo que hay antes de la pequeña recta que conduce a la curva que posteriormente se denominó como la curva de los jóvenes, porque allí también ocurrieron otros accidentes, se arrimó un poco a la orilla donde había algunos promontorios de arena sin compactar, la calzada cedió y en cuestión de segundos se precipitó por el barranco. Como la carrocería era de madera se abrió rápidamente y los pasajeros salieron expulsados, quedando la mayoría de ellos sobre la arena, sin heridas de gravedad, pero, lamentablemente, dos personas perdieron la vida al quedar sepultadas en la misma y no poder ser auxiliados a tiempo. Eran María Eliberta Padilla Santiago de 26 años de edad, hija de Timoteo Padilla y María Inés Santiago, el otro fallecido, también por asfixia mecánica, fue José Castor Martín Zayago, natural de Barinitas, hijo de Marcolina Zayago, casado con Amelia Briceño, residentes en un sector del camino hacia Altamira4.  

De esta manera, la anhelada carretera que trajo el progreso y sacó del aislamiento a los moradores de este pueblo cobró sus primeras víctimas, lamentables pérdidas humanas que sirvieron para recordar que los avances que experimentan los seres humanos en materia tecnológica no están exentos de peligros, razón por la cual, siempre hay que tomar las prevenciones necesarias para poder sortearlos mientras sea posible.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

 

(15/06/26)

Notas:

(1)  Battone PUJOL JÁUREGUI. Niquitao y Calderas: dos pueblos unidos por su camino de arrieros y soñadores…. Casa Nacional de las Letras. Andrés Bello, Caracas, 2016. p. 81.

(2)  Informante: Jesús Asdrúbal Quintero. 46 años, Pueblo Llano, 12 de abril de 1990.

(3)  Informante: Hermes Ramón Paredes Paredes, 83 años, Pueblo Llano, 21 de mayo de 2026.

(4)  Libro de defunciones de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano, 1936-1959.  ff. 96, 97.

sábado, 30 de mayo de 2026

DON TULIO Y LA AREPA

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 

DON TULIO Y LA AREPA      


Nunca se imaginó don Tulio Febres Cordero que sus propuestas y protestas, alrededor de 1925, para que la arepa fuese reconocida y valorada por sus contemporáneos, iba a obtener una acogida tan grande un siglo después. En efecto, con motivo de la lamentable diáspora de compatriotas que tuvieron que salir del país durante las primeras décadas del siglo XXI, éstos se han dedicado a dar a conocer este plato venezolano con mucho orgullo, como parte de su identidad, en los diferentes lugares donde les ha tocado establecerse. 

La pluma de don Tulio Febres siempre estuvo al servicio del país para defender y resaltar el valor de lo nuestro. Observaba con preocupación que sus compatriotas poco a poco iban perdiendo la preferencia por todo lo que fuera nacional a cambio de lo exótico. Ante tan avasallante transculturización, propuso levantar un muro que denominó Pancriollismo como una manera de defender todo lo que tuviera que ver con la cultura autóctona del país.

            En un artículo denominado “Cosas Criollas. En torno a la arepa”, el autor se propone darle una definición general, además de una valoración, a esta comida venezolana de raíces indígenas.

            Comienza su tratado expresando el valor que le da un extranjero al humilde plato nuestro: “El sabio colombiano doctor Zeledón, que fue obispo de Santa Marta, dijo en París al deán de la Catedral de Mérida doctor Carrero y a otros venezolanos allí reunidos ocasionalmente, que bien valía hacer viaje de  Europa a América solo por comer al desayuno arepa caliente con cuajada fresca, comida realmente deleitosa, a igual de muchas otras en que figura el sabroso pan americano objeto de estas líneas: la popular arepa, regalo de ricos y pobres, forma la más común y económica de aprovechar el maíz como principal alimento en todas las clases sociales1.


            Se lamentaba don Tulio que los escritores venezolanos de su época no se dignaran en hacer un elogio a la criolla arepa, como sí lo hacían intelectuales de otros países con platos más sencillos que el nuestro:

Muy poco mencionada es la arepa por los literatos y poetas cuando de manjares escriben, a la inversa de lo que han hecho los europeos con sus principales alimentos, que diariamente reciben en el libro y el periódico continuos y merecidos elogios, desde el clásico pan de trigo hasta la humilde berza, que figura con sus propísimos nombres en el programa de los más suntuosos banquetes2.

            Reitera, una y otra vez, la tendencia de sus contemporáneos por despreciar las cosas nuestras, particularmente la comida:

En Hispano-América, al contrario, existe cierta preocupación, por no decir menosprecio, contra los artículos y platos de uso corriente como principales alimentos, menosprecio para nombrarlos, que no para comerlos ciertamente; y esto se evidencia con la costumbre general de ocurrir, en las ocasiones de gala, a formar lista de platos extranjeros, extraños por completo a la cocina criolla, para poner en aprieto a los comensales, pues si alguna vianda criolla llega a servirse, no se presenta como tal sino disfrazada con nombre francés, inglés, alemán o de cualquier otro idioma, menos el castellano, lo que solo puede tener excusa en banquetes de carácter diplomático3.

En seguida pasa a referir, lo que considera que es la parte central de su escrito, las pobres definiciones que dan los diccionarios sobre la arepa: “Para principiar por alguno, elegiremos el voluminoso diccionario de la lengua castellana hecho por una Sociedad Literaria, edición de 1869, donde se halla esta donosa definición:

“Arepa. Empanadilla hecha de harina de maíz con carne de puerco dentro, que venden las negras en las esquinas de Cartagena de Indias4.

A tan deficiente definición, don Tulio, muy molesto, se pregunta y enseguida responde: “¿Será eso nuestra arepa? Ni por asomo. Ella ni es empanada, ni el maíz se emplea en forma de harina para hacerla, ni se rellena con carne de puerco, y por sabido se calla que no es privilegio de las negras el venderla en las esquinas (y no es otros sitios) de Cartagena de Indias.

Lo de empanadillas rellenas de carne de puerco, hace pensar que los señores literatos autores del diccionario, tomaron por arepa las hayaquitas rellenas con carne, que por estos trigos de Mérida llamamos “hayaquitas de agua”, las cuales son de forma cilíndrica, un poco achatada, semejantes a las hayacas propiamente dichas, aunque muy inferiores por carácter de varios ingredientes principales y ser distinto el modo de prepararlas5.

            Continúa don Tulio con la crítica a los diccionarios que pretenden definir el principal plato venezolano: “En otra edición del mismo léxico hecha en París en 1878, se dejó la mismísima definición, pero con esta agregación en la parte final: ‘…que venden las negras en las esquinas de Cartagena de Indias, y es el almuerzo general de sus habitantes’. Esto se presta a muchos comentarios. Cartagena es una ciudad de más de doce mil almas, y cuesta creer que las tales empanadillas fuesen objeto de tanto gusto para pobres y ricos en la inexpugnable ciudad granadina, pues al fin y al cabo un mismo plato todos los días resultaría insoportable. Además, por comodidad y economía, ¡debe suponerse que las familias preparasen este almuerzo y no fuese permitida la venta sino por las negras y en las esquinas!6.

            Continúa ahora consultando el último diccionario que le ha llegado a sus manos: En el novísimo diccionario de la Real Academia Española (edición de 1925) aparece la definición:

Arepa. - (Del cumanagoto arepa, maíz), Pan de forma circular que se usa en América, compuesto de maíz sancochado, mojado y pasado por tamiz, huevos y manteca y cocido al horno’.

Con perdón de los señores académicos, dice el merideño, tampoco es esta nuestra popular arepa, porque el maíz se muele y se reduce a masa entre piedras o en máquinas especiales, y nunca va cernido ni hecho harina; y lo de añadirle huevos y manteca, dará risa a nuestras areperas, pues son ingredientes que no le cuadran y que harían más costoso este pan americano, que es el del pueblo por excelencia.

            Más adelante agrega, “tampoco lo del horno conviene a la arepa, pues, aunque las hay horneadas, como pan de gala, esto no es lo corriente, sino el ser asadas en un budare o platón casi plano de barro cocido o de hierro, sin más aliño que la sal, según se practica en Venezuela y Colombia, tanto en la cómoda casa del poblado como bajo el pajizo techo de la choza indígena7.

            Finalmente, considera que la mejor definición es la dada por el geógrafo Agustín Codazzi, aunque fue propuesta hacía muchos años ya y la elaboración misma había cambiado. Apuntaba Codazzi: “Desde antes del descubrimiento, las mujeres indígenas preparaban el pan de maíz moliendo entre dos piedras los granos hervidos de antemano para ablandarlos; enseguida hacían panes de aquella masa, y los ponían a tostar sobre un platón de tierra puesto al fuego: aun en el día lo benefician del mismo modo los indígenas y los criollos, y ningún adelanto se ha hecho en una manipulación tan usual y necesaria, en la que se emplea mucho tiempo”. Acota el merideño que la definición anterior era válida para antes de 1841 en que fue escrita, pero anota que ya para 1925 “en los centros más populosos se dispone de útiles y máquinas que simplifican el procedimiento precolombino8.

            Para terminar su escrito, trascribe algunos versos donde se describe la faena de la preparación de la arepa, como los del bardo colombiano Gregorio Gutiérrez González, donde se refiere a la cocinera antioqueña. Otros de Pío A. Rengifo de su poemario El Conuco y concluye con J. D. Tejera, quien canta las rudas faenas del sembrador andino “…y entenderá su afán quien contemplare —el maíz convertido en suave arepa— que enchapa de oro el budare”.

            Reiteramos que, muy orgulloso estaría el Patriarca de las letras Merideñas de las actuales generaciones de venezolanos que, lejos de menospreciar este plato tan nuestro, lo han llevado con orgullo por todos los confines del mundo.

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

(31/05/26)

Notas:

(1)  Tulio FEBRES CORDERO. Archivo de Historia y Variedad. Obras Completas. Tomo III. Capítulo. LXXXVII. COSAS CRIOLLAS. EN TORNO DE LA AREPA. Editorial Antares LTDA, Bogotá, Colombia, 1960. p. 256.

(2)  Ídem.

(3)   Tulio FEBRES CORDERO. Archivo de Historia y Variedad. Obras Completas. Tomo III. Capítulo. LXXXVII. COSAS CRIOLLAS. EN TORNO DE LA AREPA. Op. cit. p. 257.

(4)  Ídem.

(5)  Ídem.

(6)  Ibidem. 258.

(7)  Ídem.

(8)  Ídem.

 

 

 

 

 

 

 

 

     

viernes, 15 de mayo de 2026

PUEBLOLLANEROS EN EL PARAMO DE LOS CONEJOS

 

PUEBLOLLANEROS EN EL PÁRAMO DE LOS CONEJOS

La cara del indio

            Frente a la majestuosa Sierra Nevada de Mérida se encuentra otra cordillera no menos esplendorosa, se trata de la llamada Sierra de La Culata, rica en una fauna y flora característica de la región de los Andes venezolanos, donde sobresale el glauco frailejón (Espeletia grandiflora) y en sus estribaciones se contabilizan más de 70 lagunas1 de origen glacial de donde desaguan cristalinas aguas2, entre ellas las quebradas Montalbán y La Portuguesa, en el municipio Campo Elías, que desembocan en el río Chama y, La Ceibita y Los Pericos, que corren en la misma dirección que las anteriores y drenan hacia el río Albarregas, finalizando su recorrido al fusionarse también con el Chama. A la Sierra de La Culata pertenece el Páramo de Los Conejos, nombre asignado por la presencia de una liebre gris con el pecho blanco que salta por todos los riscos frígidos, entre ellos donde se alberga la esfinge granítica conocida como La Cara del Indio.

            El amplio territorio que ocupa el Páramo de Los Conejos, el cual se caracteriza por ser un valle montañoso, con altitudes que pueden superar los 4.000 metros sobre el nivel del mar, pertenece a la parroquia Montalbán, municipio Campo Elías del estado Mérida, la misma fue creada por decreto de la Honorable Legislatura del Estado Soberano Guzmán, sección Mérida, el 18 de enero de 1877, y se erigió en la Parroquia Eclesiástica Virgen del Carmen, en jurisdicción de la parroquia civil Montalbán, por decreto del vicario capitular de la Diócesis de Mérida, de fecha 17 de abril de 18773.

La parroquia Montalbán forma parte del área urbana de la ciudad de Ejido, de una superficie de 72 km2, con una población de 28.298 habitantes y una altitud promedio de 1.170 msnm. Está formada por las comunidades de los barrios El Boticario, Las Cruces, Pan de Azúcar, El Saladito, El Salado Alto, Manzano Bajo, Manzano Alto, Urbanización El Trapiche, Urb. El Pilar, El Chamicero, Loma de la Calera, El Ceibal y Las Carmelitas4. No obstante, los sectores Manzano Alto y El Salado son lugares montañosos con presencia de bosques y páramos, pues forman parte de la Sierra de La Culata, donde, como ya dijimos, se localiza el Páramo de Los Conejos.

Laguna de Las Iglesias, Páramo de Los Conejos.

La tradición legal de la propiedad de la tierra de este espacioso lugar no está clara, pero, sabemos que para comienzos del siglo XIX pertenecía al señor José Antonio Corredor y lindaba con la posesión denominada Monte Zerpa5.

José Antonio Corredor era hijo de Ventura Corredor y María Teresa Ramírez, casados en 1750, aproximadamente. Ventura y María Teresa fueron los padres, además de José Antonio, de María Simona Corredor, muy nombrada en la historia merideña porque donó una casa a la Patria, ubicada en la actual avenida 2 Lora, entre calles 19 y 20, según don Tulio Febres Cordero. Otras hermanas fueron: Josefa, Teresa y Dorotea Corredor.

Por su parte, José Antonio Corredor, fue casado con María Antonia Ruiz, quien testó en Mérida el 22 de marzo de 1803, y su mujer murió intestada hacia 1804. Fueron padres de a) María Dolores Corredor, casada con Rafael Avendaño, b) Matías Corredor, c) Agustina Corredor, d) Guadalupe Corredor, casada con Bruno Avendaño6.

La posesión Páramo de Los Conejos fue fraccionada con el pasar de los años, así tenemos que en 1849 José Miguel Paredes manifiesta que posee un derecho de tierra en el Páramo de Los Conejos en el sitio denominado Las Casitas7, en 1858 Ramón N. Garzo declara un derecho en el mismo páramo, en la loma denominada La Atravesada8, para comienzos del siglo XX los dueños eran Francisco Uzcátegui y Antonio Mendoza, quienes también tenían terrenos en el sitio de La Otra Banda de Mérida9.

Páramo de Los Conejos

Además de los atractivos naturales señalados, por el lugar pasa un importante camino, transitado por las personas que iban de la ciudad de Mérida a Gibraltar y viceversa, también era destinado al engorde de ganado mostrenco y para el cultivo de trigo.

Los dueños de aquellas tierras tan inhóspitas y frías necesitaban contratar con regularidad persona para atender las actividades que allí se desarrollaban como labores en sementeras y cría de animales. De esta manera, varias familias originarias del actual   municipio Pueblo Llano, habitantes de un sector denominado Las Agujas, la mayoría parientes entre sí, decidieron asumir tal responsabilidad.

En una entrevista realizada al señor Rafael González, del caserío Las Agujas de Pueblo Llano, nos dijo: “las familias de Las Agujas que se fueron para el Páramo de Los Conejos eran muy pobres, emigraron porque les ofrecieron tierra para cultivar allá y también les dieron casa para vivir, aquella era una vida mejor, se fueron hace como 100 años10.

En otra entrevista, ahora realizada al señor Juan Evangelista Quintero, habitante del sector El Vaho de Las Agujas, en Pueblo Llano, nos da su versión sobre aquellas primeras familias que emigraron desde Pueblo Llano hasta el Páramo de Los Conejos: “el primero que se fue de Las Agujas para el Páramo de Los Conejos fue Andrés Quintero, era mi abuelo, el papá de mi mamá Rosa Urbana Quintero. Eso hace como 90 años, mi mamá tiene ahorita 92 años y estaba muy pequeña cuando se fueron, todos los hijos de mi abuelo nacieron aquí en Las Agujas. Ellos se llaman Amelia, Rosa Urbana, Juan y Lucia Quintero.  A ellos les dieron casa allá. Vivían de la agricultura, sembraban papa, trigo, el maíz no se daba por ser un lugar de páramo; tenían unas vaquitas que ordeñaban, también allá hay unas lagunas donde pescaban, entre ellas una que llaman de Las Iglesias. En esa época se fueron como unas 12 personas de aquí. Yo viví allá con mi papá y mi mamá, mis hermanos son Rafael Ramón, Laudelino y Andrés Quintero”.

Entrevista al señor Juan Evangelista Quintero

 

Más adelante agrega: Los Matheus, fueron otra familia que llegó allá, ellos eran de Las Piedras, Miguel Matheus era hijo de la primera Matheus, la esposa de Miguel se llamaba Rosalía, ella era de Aracay. De la familia Rojo que también se fue recuerdo a Ignacio y Pedro Rojo13.

Revisando el libro de bautizos de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Montalbán, Ejido, encontramos que para 1924 ya vivía en el lugar la familia compuesta por Antonio M. Santiago y Avelina Matheus, quienes fueron padres de Francisca Antonia y María Sinforosa Santiago Matheus, ambas nacieron en el Páramo de los Conejos, en 1924 y 1928, respectivamente.

Para aquella misma época encontramos a José Ignacio Rojo, casado con María Avelina Santiago, fueron los progenitores, entre otros, de Pedro Felipe, Silvestre, María Genoveva y José Antonio Rojo Santiago, nacidos en 1927, 1929, 1936 y 1937, respectivamente 11. Al enviudar José Ignacio de la primera esposa, casó en segundas nupcias con una hermana de ésta. Hermanos de José Ignacio, también se trasladaron al lugar, entre ellos Pedro Rojo, casado con María Inocencia Avendaño, ambos progenitores de María Teresa Rojo Avendaño quien nació en 1937. Otra hermana de José Ignacio, Gregoria Rojo, también estuvo entre los primeros en llegar al lugar12.

Pueblo Llano, 1933.

La familia que más recuerdan los entrevistados es la constituida por José Andrés Quintero y María Rita Rojo, llegaron al lugar con la mayoría de los hijos pequeños, después nació Rosa Quintero Rojo en 1938. Fueron padrinos de su bautismo Demetrio y Consuelo González, apellido también muy común en el caserío Las Agujas.

El Páramo de Los Conejos ha sido noticia, entre otras cosas, por varios accidentes aéreos ocurridos en sus predios en diferentes épocas, el último de ellos  el 21 de febrero de 2008, se trataba de un avión ATR-42, perteneciente a la línea Santa Bárbara Airlines, signado con el vuelo 518 que cubría la ruta Mérida-Caracas, se estrelló poco después de despegar del Aeropuerto Alberto Carnevali de Mérida, a eso de las cinco de la tarde de aquel día, dejando 46 fallecidos: 43 pasajeros y tres tripulantes, debido a errores de navegación en condiciones climáticas adversas, marcando uno de los accidentes aéreos más trágicos en la región andina venezolana. Entre los fallecidos se encontraban el alcalde del municipio Rangel del estado Mérida, señor Alexander Quintero y su hijo.

Tragedia aérea, 2008.

En el 2024 el lugar fue visitado por la destacada periodista Valentina Quintero, conductora de conocidos programas como Bitácora y Valen de Viaje, por sugerencia de uno de los principales líderes de la comunidad, el señor José “Chencho” Matheus.

En la grabación se puede apreciar la belleza de los paisajes, la cotidianidad de la gente en sus diferentes facetas. Uno de los guías de la expedición fue Gilbert Daniel Matheus, de 21 años, nieto de José “Chencho” Matheus, nacido en el Páramo de Los Conejos, según comentan, forma parte de la cuarta generación, después de los primeros colonos pueblollaneros. La temperatura promedio en el sitio es de -4 °C. El lugar donde se concentran las viviendas recibe el nombre de Cañada de Los González y allí abrieron una mucuposada denominada Frailejones de los Andes.

El señor José “Chencho” Matheus comenta que nació en el Páramo de Los Conejos, su padre se llamaba Miguel Matheus, también oriundo del lugar, hijo de Avelina Matheus y de José Andrés Quintero. En la actualidad (2024) hay veinte familias en el lugar, unas ochenta personas, quienes se ayudan mutuamente bajo diferentes figuras de trabajo comunitario, denominadas mano vuelta, cayapas y trueques. Traen de la ciudad de Ejido (“de abajo”) lo que les hace falta.

            Comentan que en el 2013 les colocaron la electricidad a través de paneles solares y molinos de viento, por esa misma fecha les construyeron la carretera, un vehículo tarda cuatro horas en recorrer el trayecto desde la ciudad de Ejido hasta allá. Tienen una escuela con 15 alumnos. La maestra se llama María Rosario Quintero, de 40 años de edad, y recibe un sueldo de 3 dólares mensuales. También existe un ambulatorio médico donde “Chencho” presta los primeros auxilios.

            Hay varios estanques donde crían truchas de la variedad Fontana, cuyos alevines fueron traídos de Alemania y posteriormente donados o distribuidos por todas las lagunas del páramo, actividad que se realizó siendo párroco el Padre Duque, en 1945.

Primeras viviendas en el Páramo de Los Conejos.

            El video muestra también algunas casas antiguas donde llegaron los primeros colonos, entre ellas, propiedades de Martín Rojo Santiago y Roque Antonio Santiago, este último dice que tiene 80 años, que nació y se crio en el Páramo de Los Conejos. Siembran papas, crían ovejas, gallinas y otros animales. El señor Roque Antonio, señalando una casa antigua, dice: “en esa casa vivieron mi papá y mi mamá cuando se casaron y en esa casa nacimos y vivimos hasta los 10 años, mis padres y los hijos nos fuimos para la ciudad para poder estudiar, yo regresé a los 21, me casé y tengo 5 hijos”.

            Otro habitante, Claudio Rojo, de 85 años, comenta: “mi mamá me regaló a unos sobrinos suyos y a una tía que se llamaba Rita para casarse con un viudo que tenía su familia, yo siempre la visitaba. Yo me casé de 20 años, mi esposa tiene 14 años de muerta14.

Valentina Quintero y una niña en el Páramo de Los Conejos

            Las raíces pueblollaneras nunca se perdieron en aquella emigración de hace una centuria, particularmente el acento característico. Las personas durante este tiempo iban y venían, se visitaban, compartían anécdotas y experiencias. Entre ellos recordamos al señor Manuel Antonio Quintero, a quien sus amigos apodaban La Decencia, nació y se crio en el páramo referido y ya adulto decidió dedicarse al negocio de la comida, abriendo un restaurante en Pueblo Llano con el nombre de Punto Criollo, que más tarde rebautizó como La Esquina del Sabor, aquí echó raíces y posteriormente falleció, cerrando de esta manera uno de los tantos ciclos de una migración, muy distante para aquella época. 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

(15/05/26).

Notas:

(1)  El profesor Julio Carrillo cita las siguientes lagunas en su obra: Los Puentes, El Violín, Taparito, Taparón, El Ombligo, La Corcovada, La Cruz, Los Encierros, Los Infiernos, La Arrebatada, Arenal, Albarregas, La Verde, La Tapada, El Bolsico. Julio CARRILLO. La carae’lindio. Mérida, Venezuela, 1987. p. 158.

(2)  De igual manera, el profesor Carrillo, hace referencia de las quebradas: El Chorrerón, Los Chorros, El Barro, Carpintero, Los Garrotes, San Antonio, El Pompón, El Gallinero, Los Adobes, La Cuesta del Descanso, Los Mendoza, La Piñuela, El Salaíto, Los Santuarios y La Extrañal. Julio CARRILLO. La carae’lindio. Mérida, Venezuela, 1987. p. 158.

(3)  Julio VILLAMIZAR SIERRA. Origen y evolución histórica de la ciudad de Ejido. Editorial Venezolana. C. A. Mérida, Venezuela, 2012. p. 46.

(4)  Ibidem. pp. 65, 66.

(5)  Eloi CHALBAUD CARDONA. Historia de la Universidad de Los Andes. Tomo IV. ULA. Ediciones del Rectorado. 1970, Mérida, Venezuela. p. 95.

(6)  Roberto PICON-PARRA. Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida (1558-1810). Tomo IV. Otras familias coloniales (1801-1810). Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Caracas, Venezuela, 1993. pp. 142, 143.

(7)  Boletín del Archivo General del estado Mérida. N° 5. Enero-junio. Mérida, Venezuela. p. 114.

(8)  Ibidem. p. 126.

(9)  Informante: José “Chencho” Matheus, 80 años, Páramo de Los Conejos, 28 de febrero de 2025, vía WhatsApp.

(10)              Informante: Rafael González, 70 años, Las Agujas, Pueblo Llano, 24 de marzo de 2025.

(11)              Libro de Bautizos de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Montalbán, Ejido (sep. 1924-dic. 1929).

(12)              Informante: Rafael González, 70 años, Las Agujas, Pueblo Llano, 24 de marzo de 2025.

(13)              Informante: Juan Evangelista Quintero. 70 años, Las Agujas, Pueblo Llano, 24 de marzo de 2025.

(14)              You Tube. Valen de Viaje.  [Consultado el 11 de enero de 2026]