martes, 14 de abril de 2026

DOS MATRIMONIOS EXPRÉS Y DE ALCURNIA,CELEBRADOS EN PUEBLO LLANO, 1859.

 

DOS MATRIMONIOS EXPRÉS Y DE ALCURNIA, CELEBRADOS EN PUEBLO LLANO COMO CONSECUENCIA DE LA GUERRA FEDERAL, 1859.

Pueblo Llano, avenida Bolívar, año 1950, aproximadamente, siglo XX

En el período venezolano comprendido entre 1858 y 1863, llamado por algunos historiadores indistintamente como, de la guerra larga, de los cinco años o de la federación, se desarrollaron enfrentamientos militares entre tendencias conservadoras y liberales que produjeron en el país infinidad de encuentros armados generando ríos de sangre, dolor, angustia y ruina por todas partes. Está considerado el enfrentamiento bélico más largo y costoso para Venezuela tras su independencia de España. Los conservadores, oligarquía surgida después de la guerra emancipadora, fuertes en recursos humanos y económicos, se oponían a modificar el orden social establecido desde la colonia, imperturbable luego de la guerra, incluyendo entre otras cosas el sistema electoral. Por otro lado, los liberales proclamaban los ideales de libertad e igualdad. Durante la guerra, los liberales eran conocidos con el nombre de federalistas ya que el federalismo y la autonomía de las provincias eran sus reivindicaciones principales.

La mayoría de los adeptos al gobierno se encontraban en Los Andes, mientras que los seguidores de la causa federal se hallaban diseminados generalmente en los llanos. El 20 de febrero de 1859, un grupo de liberales, liderados por Tirso Salaverría, asaltan sorpresivamente la fortaleza de la ciudad de Coro y tras breve éxito logra que toda la provincia proclame la Federación. A los dos días desembarca en la Vela de Coro el general Ezequiel Zamora y proclama el estado Independiente de Coro, designa un gobierno provisional presidido por Falcón, organizó sus tropas y marchó contra las del gobierno a las que derrotó en El Palito, siguiendo hacia los llanos occidentales1. De allí en adelante la campaña fue centelleante. Decretó los Estados de Coro, Yaracuy y Portuguesa, donde las poblaciones enteras se plegaban a sus banderas: la tricolor de Venezuela y la amarilla de su Partido, con aquel mensaje de tantos años grabado en la misma: “Libertad, Igualdad, Fraternidad, Horror a la Oligarquía”2.

Ezequiel Zamora

En los llanos de Barinas y Portuguesa la noticia de la llegada de Zamora llenó de optimismo a los grupos guerrilleros que actuaban en esas comarcas desde 1858, combatiendo “por tierras y hombres libres”. Tenían como jefes a Natividad Petit, José Antonio Linares, Martín Espinoza, Antonio Álvarez y Regino Sulbarán, éstos multiplicaron sus esfuerzos y organizaron un ejército en forma, con la cooperación del Licdo. Francisco Iriarte y los revolucionarios franceses Napoleón Avril, Carlos Henrique Morton de Keratry (autor del lema “Dios y Federación”)3, extranjeros que contribuyeron a darle un sustento ideológico al movimiento, pues, cuando tomaron Puerto Nutrias en marzo de 1859, se oyó por primera vez en una proclama de Antonio Álvarez el lema de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

            El 16 de abril de 1859, amaneció Zamora en Barinas, sitiando una ciudad defendida por uno de los bravos de Junín, el anciano General Ramón Escobar, Guardián del Gran Parque de Occidente. Dura fue la batalla y durante cuatro días de muerte y destrucción, no pudo tomar el recinto fortificado de la Plaza, dejando en el campo varios de sus mejores oficiales, la ciudad en un lamentable estado, pues fue atacada cuadra por cuadra y casa por casa…”4, Zamora ordena incendiarla, y en el mes de mayo logra tomarla, pero solo encuentra cenizas y desolación, la mayoría de sus habitantes habían emigrado hacia las tres provincias andinas, desplazamiento encabezado por el gobernador Hipólito de La Cueva y por el jefe Militar General Canagua.

La caravana de familias barinesas, aterradas por los recientes sucesos, avanza penosamente por el agreste camino de Los Callejones, la mayoría son presas del cansancio, el hambre y el cambio de clima que experimentan sus cuerpos a medida que trepan la cordillera. Muchos deciden parar algunos días en las poblaciones de Santo Domingo, Las Piedras y Pueblo Llano, para recuperar fuerzas.

Al respecto escribe Eduardo Picón Lares: “Las familias de mejor posición salieron de la vetusta y arruinada Ciudad de los Marqueses como estaban vestidas de entre casa, un día domingo, y andando con la piel desollada por el sol reverberante de aquellos parajes cálidos, los pies hinchados, los ojos llenos de lágrimas y el terror marcado en sus semblantes, huyeron del Boves de los Llanos, llegaron las familias Febres Cordero, Troconis, Villafañe, Rubio, Gonzalo y otras tantas, al pueblo de Las Piedras, donde acudieron a recibirlas algunos personajes respetables de la sociedad merideña, entre otros el doctor Gabriel Picón Febres y el señor Lucio Troconis…”5.

Como vemos, importantes familias barinesas conformaron la expedición hacia Mérida, entre ellas los Troconis, Febres Cordero y Picón. Es muy probable que dos fastuosas bodas de estas familias se iban a celebrar aquel domingo en la ciudad de Barinas para el momento en que llega Zamora y su gente, echando todo por tierra. Al no poder realizarse, los contrayentes decidieron casarse en la iglesia de Pueblo Llano mientras llegaban mejores tiempos. Se trató del enlace entre el Br. Lucio Troconis, hijo de don José Antonio Troconis y doña Fulgencia Andrade y la señorita Rosalía Febres Cordero, hija del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia Troconis. La boda se celebró el 23 de abril de 1859, siendo testigos los señores Emilio Mazei y Fulgencia Andrade. El segundo enlace se realizó aquel mismo día, entre Gabriel Picón Febres, hijo de don Gabriel Picón y doña Apolinaria Cordero y la señorita María del Rosario Febres Cordero, también hija del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia Troconis. Fueron testigos de este segundo enlace los señores Diego Picón Febres y Angela Carnevali6.

Palacio Arzobispal, Mérida.

 

El historiador Eduardo Picón Lares apunta que el doctor Gabriel Picón Febres y el señor Lucio Troconis habían llegado a Las Piedras desde la ciudad de Mérida a recibir y amparar a sus familiares que venían de Barinas7, pero, lo más lógico es pensar que ambos personajes iban camino hacia Barinas, a la celebración de las bodas citadas, cuando los sorprendió, durante el trayecto, la noticia del asalto a la ciudad llanera.

Mientras aquellas uniones apresuradas ocurrían en pleno páramo merideño, Zamora en Barinas procedió a constituir la provincia federal, se hicieron elecciones y se reunió una legislatura que constituyó el Estado Federal Zamora.

Los personajes de los matrimonios aludidos pertenecían a familias distinguidas merideñas con raíces en la ciudad de Obispos de la actual Barinas. Las dos mujeres que contrajeron nupcias ese día, con sus respectivos novios, eran hijas del doctor Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien había nacido en San Félix de Curaridal (Estado Falcón) el 05 de junio de 1802. Hizo sus estudios en la Universidad de San Buenaventura de Mérida, donde se graduó de Doctor en Derecho Civil en 1827. En la capital serrana contrajo matrimonio en 1831 con Braulia Estefanía Troconis Gogorza (hija de Lucio Troconis Añez y de Josefa Gogorza Lechuga). Por más de veinte años ejerció la magistratura judicial en diversos lugares de la zona occidental del país. Fue Juez de Letras de Primera Instancia en las provincias de Trujillo, Mérida y Barinas, etc.; fue diputado al Congreso Nacional y a la Gran Convención de Valencia en 1858, Secretario General de Gobierno de la provincia de Mérida y de la de Barinas. Dejó de existir en Trujillo después de una larga vida7. Una de sus hijas, Rosalía Febres Cordero Troconis, nació en Mérida el 03 de septiembre de 1840, tenía 19 años cuando casó en Pueblo Llano con su primo hermano Lucio Troconis Andrade, hijo de José Antonio Troconis Gogorza y de Fulgencia Andrade Pirela, por lo que el padre del novio era hermano de la madre de la novia.

            La otra hija del Dr. Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien también contrajo nupcias en aquel momento, fue María del Rosario Febres Cordero Troconis nacida en Barinas en 1836 y contaba con 23 años de edad, su enlace fue con el Dr. Gabriel Picón Febres, hijo de Gabriel Picón González y de Apolinaria Febres Cordero Díaz Viana, por lo que la madre del novio era hermana del padre de la novia, de ahí que, también eran primos hermanos8.

            El 24 de noviembre de 1859 el cura Rector de la iglesia El Sagrario de Mérida Pbro. José Ulpiano Perdomo procede a las velaciones9 y bendiciones nupciales, según lo dispuesto en el Misal y Ritual Romano, a los esposos Rosalía Febres Cordero Troconis y Lucio Troconis Andrade.

            Dos días después, el 26 de noviembre de 1859, los esposos María del Rosario Febres Cordero Troconis y el Dr. Gabriel María Picón Febres Cordero, reciben igualmente los rituales anteriores10, quedando ambos eventos registrados en el libro respectivo de la parroquia El Sagrario de la ciudad de Mérida, sin embargo, el sacerdote de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano no registró dichos eventos en el libro de matrimonios de esta parroquia11.

            Los esposos Rosalía y Lucio murieron junto con sus suegros, tres de sus hijos y otros parientes, el 18 de mayo de 1875, en el terremoto de Cúcuta, Colombia. Habían tenido 10 hijos, entre ellos al Dr. Luis Troconis Febres que nació en Cúcuta, Dolores Troconis Febres que casó con un hijo del Dr. Foción Febres Cordero.

            Del matrimonio entre María del Rosario y el Dr. Gabriel María nació, entre otros, el 10 de septiembre de 1860, el Dr. Gonzalo Picón Febres, escritor y abogado, una parroquia del municipio Libertador del estado Mérida lleva su nombre.

Dr. Gonzalo Picón Febres

            Sobre la costumbre que tenía las familias, aquí citadas, de emparentarse con miembros de la misma estirpe, el Dr. Ricardo Gil Otaiza, biógrafo del Dr. Tulio Febres Cordero, trata de dar una explicación al respecto:Podíamos argumentar que en una ciudad pequeña, como lo es la Mérida de finales de siglo XIX y comienzos del XX, son pocos los partidos que se le presentan a las mujeres en edad de casamiento. Lógicamente, ello se agrava cuando se cierra el espectro social de una familia noble, cuyas relaciones deben estar cimentadas en ‘igualdad’ de condiciones históricas, culturales, y de patrimonio. Invitan a casa a la misma familia, las relaciones sociales se hacen entre miembros de la misma casta, o con sus iguales, las familias numerosas se reúnen en fechas importantes y los primos se enamoran entre ellos, o los tíos de sus sobrinas. En todo caso, las cosas quedan en familia.

            Otras podrían ser las circunstancias. De manera deliberada los miembros de mayor peso de una familia con linaje deciden estrechar el cerco y así evitar las denominadas ‘ovejas negras’, que tanto avergüenzan a las familias hidalgas. Es decir, luego de una fiesta, o de alguna celebración religiosa, o tal vez después de una buena partida de cartas, los cabezas de familia toman la decisión de casar a sus hijos entre ellos para que no se pierda la hidalguía, y la sangre siga siendo ‘azul’. Sobre todo, ello cobra importancia cuando se trata de hijas, cuyo apellido paterno se pierde si la muchacha se casa con un miembro de familia distinta; es entonces cuando las cosas se arreglan y el apellido queda ad infinitum. Analizada fríamente la situación, resulta un hecho pueril, un tanto cursi, casi inverosímil, pero cuando intentamos pensar en una mentalidad cercana al hombre y a la mujer de hace una centuria, la connotación se hace distinta, compleja, de vida o muerte. En todo caso, no sabemos a ciencia cierta cuáles fueron las razones para que tales situaciones se dieran: empero, acaecieron, y el mundo siguió su curso. El linaje aún se mantiene, no con el peso de otrora -como es lógico suponer-, pero sí con el orgullo de un pasado que por lo visto no ha sido cualquier cosa para Mérida12.

            Volviendo a aquellos años aciagos del siglo XIX, las ilustres familias llaneras que llegaron a Mérida después de haberlo perdido todo, el 10 de junio de 1859 intentaron introducir una demanda en el Juzgado de Primera Instancia de la antigua provincia de Mérida, para solicitar cargos contra los responsables de la guerra en los llanos, por considerar que las actuaciones tipificaban un delito que atentaba contra los bienes, la vida y el bienestar de los habitantes de esas regiones acosadas por bandoleros y aventureros que solo persiguen aniquilar la paz nacional. Entre ellos estaban el comandante Hipólito de la Cueva, gobernador depuesto, José Antonio Baldó, el capitán Isilio Febres Cordero, Ambrosio Padrón, José del Rosario Delgado, Carmen Rivas, Lorenzo Roca, capitán Bernabé Sifuentes, doctor Pedro Febres Cordero, Nicolás Reimi, Román Castro, Tácito Piña, entre otros13. En este acto jurídico administrativo que emprendían los señores de Barinas, presentaron varios testimonios de algunos testigos que habían presenciado los acontecimientos y quienes daban fe de los criminales actos cometidos en la ciudad Marquesa. Pocos resultados obtuvieron los agraviados en aquella época de barbarie donde el estado de derecho era letra muerta. No Obstante, los pueblos andinos salieron favorecidos por el hecho de que tan valiosas familias pasaran a engrosar sociedades como la merideña, donde ya gozaban de respeto, aprecio, y además contribuyeron, en los años sucesivos, con el realce de la cultura y la educación en la ciudad de las Cinco Águilas Blancas.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

(15/04/26)

Notas:

 

(1)  Roberto VETENCOURT. Tiempo de Caudillos. Caracas, 1994. pp. 39, 40.

(2)  José LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. 6° Edición. José Agustín Catalá. Editor. Centauro/92. Caracas, Venezuela, 1992. p. 42.

(3)  Federico BRITO FIGUEROA. Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas, 1975. p. 301.

(4)  José LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. Op. cit. p. 42.

(5)  Eduardo PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Universidad de Los Andes. Talleres Gráficos Universitarios, Mérida, Venezuela, 2008. p. 348.

(6)  Archivo Arquidiocesano de Mérida. Libro de Bautizos de la Parroquia El Sagrario de Mérida, año 1859. ff. 90, 91.

(7)  Eduardo PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Op. cit. p. 348.

(8)  Ramón Darío SUAREZ. Historial Genealógico de los Febres-Cordero y algunas de sus alianzas. Editorial Euroamérica, Mérida Venezuela, 1969.

(9)  “El acto de velar a los novios en la ceremonia nupcial es un rito religioso, especialmente católico, donde un velo o manto cubre la cabeza de la novia y los hombros del novio, simbolizando la unión, protección divina, bendición y el nuevo hogar que forman como una sola entidad ante Dios y la comunidad, marcando un compromiso sagrado y eterno. Los padrinos de velación (familiares cercanos) son quienes colocan el velo, y es un momento emotivo y simbólico que a veces se realizaba en una ceremonia separada pero ahora se integra en el matrimonio”. IA. [Consultado el 20 de enero de 2026].

(10)              Libro de Matrimonios de la parroquia El Sagrario de San José de Mérida, folio 90v, correspondientes al año 1859.

(11)              En el libro 2 de Matrimonios de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano (1847-1873) observamos que en el folio 38v hay dos partidas de matrimonios correspondientes al 07 de marzo de 1859 y la siguiente, en el folio 39, corresponde a un matrimonio efectuado el 19 de marzo de 1860, por lo que se concluye que las partidas correspondientes a los dos matrimonios de las familias merideñas no fueron asentados en este libro. El sacerdote para aquella época era el Pbro. Justo Pastor Arias.

(12)              Ricardo GIL OTAIZA. Tulio Febres Cordero. Biblioteca Biográfica Venezolana N° 60. EL NACIONAL. BANCARIBE.  Editorial Arte, Carcas, Venezuela, 2010. pp. 51 y 52.

(13)              Alberto PÉREZ LARRARTE. Entre nieblas y sabanas. Disponible en Amazon.

 

 

 

 

lunes, 30 de marzo de 2026

EL MAIZ

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 

                                                                     EL MAIZ

Maíz negro o morado, imagen cortesía de Javier Antonio Padilla.

El maíz era, y sigue siendo, una de las principales fuentes de alimentación para los habitantes de América, desde muchos siglos antes de la llegada de los europeos en el siglo XV. Fue tanta la importancia dada por los naturales a este rubro que los habitantes de Mesoamérica, como el pueblo Quiche de Guatemala, consideraron que los seres humanos habían sido hechos a partir del maíz: “…. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados…”1.

Los científicos han comprobado que el maíz actual se originó de la gramínea silvestre denominada teocintle (Zea mays ssp. parviglumis), una planta parecida a la maleza con granos duros, la cual crecía de forma natural en México, especialmente en la Cuenca de Balsas2. Se considera que el maíz tiene una antigüedad de unos 10.000 años y las primeras evidencias del grano cultivado provienen de cuevas en Tehuacán, Puebla, México, con datación de hace unos 7.000 años. Los pobladores comenzaron, a través de miles de años, a seleccionar los mejores granos para utilizarlos como semilla y de esta manera, a partir del teocintle, que tenía pocos granos, pequeños y duros, y con la interacción con otras gramíneas, se llegó a la mazorca grande y nutritiva que conocemos hoy en día3. Luego se fue extendiendo por el resto de América, tomándose, hasta ahora, a México como su lugar de origen.

Dios del maíz, cortesía de internet 

En lo que respecta a la presencia del maíz en Suramérica, particularmente en la Nueva Granada, apuntaba el cronista Basilio Vicente de Oviedo: “…el mayor alimento, especialmente para los pobres y para los indios y gentes campesinas, es el maíz, que es trigo de las Indias, que se produce sembrando en todas partes de este Reino, sean tierras templadas o frías o calientes; y en tierras calientes se dan dos cosechas en cada un año, con suma abundancia, pues una fanega de doce almudes, que hacen una carga desgranada, vale siete u ocho reales, y el almud tres cuartillos en cosecha y entre año poco más. Solo vi que en las tierras calientes a pocos meses le da una plaga que llaman gorgojo, que lo vuelve harina y no sirve4.

Siguiendo hacia los Andes merideños, encontramos en varios documentos de los siglos XVI y XVII referencias sobre la producción de maíz en la zona. En efecto, el primer contacto que tuvieron los indígenas de la cordillera con los conquistadores europeos, no fue otro que el saqueo que sufrieron los primeros de parte de los soldados del alemán Jorge Spira, alrededor de 1535. El relato del primer cronista de Venezuela, fray Pedro de Aguado, escribe que Spira, después de recorrer gran parte del territorio venezolano, llega a lo que hoy es el estado Barinas. Cansados, enfermos, sin comida y sin poder movilizarse por encontrarse en plena época de lluvias se alojaron en aquel sitio durante varios días, alimentándose de palmitos y otras hierbas silvestres que acrecentaron el número de enfermos. Estando en estas necesidades Spira se enteró que en las sierras que se levantaban ante sus ojos había algunos pueblos donde se podía encontrar abundante comida, para lo cual “…envió a su teniente, llamado Francisco de Velasco, con doscientos hombres y algunos caballos, y le mandó que llegase con los caballos hasta el pie de la sierra, y que quedándose él en unos poblezuelos de indios que allí había, con alguna gente, enviase la demás arriba a traer comida y le proveyesen de todo el mais (sic), yuca y patata y sal que pudiesen, que era todo bien menester…”5.

Mazorcas cultivadas en Pueblo Llano, imagen cortesía de Francisco Quintero R.

Francisco Velasco llegó hasta el pie de la cordillera, posiblemente en lo que hoy es Barinitas, allí se quedó con cincuenta hombres y envió a trepar la cordillera a Nicolás de Palencia con el resto del grupo, quienes, más adelante “…hallaron un bohío redondo muy grande, hecho en un arcabuco o montaña, en el cual había más de mil quinientas hanegas (sic) de maíz; y alegrándose los soldados con tan buen encuentro, pararon allí con el servicio de indios que llevaban, de donde salían a correr los pueblos y lugares de alrededor, prendiendo alguna gente de la que por allí había, ranchándoles esa miseria que tenían, donde hubieron alguna provisión de sal, con que restauraron algún tanto la mucha falta que de ello todos tenían; y enviando de este bohío redondo la gente que pudieron cargada de maíz y otras raíces y sal, que quedaron los más de los soldados en guarda de aquel bohío, porque si lo desamparaban, los indios les escondiesen el maíz...”6.

En la visita que realizó Bartolomé Gil Naranjo, en 1586, a la zona del actual estado Mérida, entre la principal disposición que traía, como era la de agrupar a los indígenas en pueblos al estilo español para servir mejor a sus encomenderos y poder ser adoctrinados, ordenó a los naturales de las encomiendas sembrar, desherbar, coger, acarrear y desgranar lo que resultare de cultivar una labranza equivalente a tres fanegas de maíz y otra de algodón de cuatro almudes de pepita, semillas que tenía que ser aportadas por el encomendero. Cada indio debía hilar seis libras de algodón, para lienzo, cada año. Por otra parte, debían trabajar en las haciendas del encomendero como gañanes, arrieros, ovejeros, porqueros y yegüeros, este trabajo tenía que hacerlo cada indio, según su oficio, durante seis meses y por el cual debía ser remunerado con media fanega de maíz cada mes, para su alimentación, una manta de algodón de dos varas y media de lienzo y un sombrero, cada año. De la comunidad debían escoger a un indio y una india, solteros o huérfanos, para que fuesen a servir a la casa del encomendero en la ciudad de Mérida durante un año, por ello, debían de recibir cada mes media fanega de maíz… 7.

Referente a Pueblo Llano, en la visita que realizó el escribano Rodrigo Zapata, por orden del Visitador General Licenciado Alonso Vásquez de Cisneros, en 1619, escribe que ... partió del dicho sitio de la iglesia y fue caminando el dicho valle abajo y con él fueron las personas nombradas y descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas (papas) que había por todo dicho valle abajo...”8. El lugar a que hace referencia el escribano es el que va del actual sector La Conquista hasta el sitio La Punta, allí se entra a una vega para atravesar el río y salir a la meseta de La Quinta, en la parroquia Las Piedras del municipio Cardenal Quintero.

El día siguiente, viniendo desde Aracay, para tomar el camino hacia el pueblo de Santo Domingo, al lado del actual puente de Las Piedras, expresa: “…Y estando el dicho Rodrigo Zapata y las demás personas referidas en el dicho camino real junto a la dicha quebrada de las piedras que es el camino que va a Barinas se vio sobre mano derecha en vegas de la dicha quebrada de las piedras un sitio corto donde había labranzas de maíz que informaron las dichas personas eran de indios de el dicho pueblo llano que llaman el sitio del Guayabal. Y se prosiguió el dicho camino viendo y descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas, apios y otras raíces de una y otra banda del dicho río de Santo Domingo que dixeron ser de indios de las encomiendas del pueblo llano de Antonio de Reynoso y de Santo Domingo del alférez Juan Félix de Bohórquez y que siempre las habían tenido y tenían juntas y mezcladas unos con otros9.

El ingeniero Francisco Quintero, mostrando el fruto de su cosecha.

Como apuntaba el cronista Basilio Vicente de Oviedo, el maíz se plantaba en casi todos los pisos térmicos, por lo que su cultivo era generalizado, los Aruacos de Guayana, por ejemplo, según apunta Alfredo Jhan, se hicieron sedentarios debido a la “dificultad para el cultivo del maíz, desmalezando el terreno, horadando la tierra, en la recolección del producto, etc. Obligó a los Aruacos a hacerse más sedentario, permanecer un mayor tiempo en un determinado lugar y, además, buscar mano de obra fuera de la tribu para ser utilizada en estas faenas en la mayoría de las veces como esclavos10.

La servidumbre la impusieron conquistadores y encomenderos en la zona Andina, pues la vocación agrícola de sus habitantes era manifiesta desde siglos antes de la llegada de los europeos, quienes se aprovecharon para despojándolos de sus tierras y utilizándolos como mano de obra. Razón por la cual el visitador Vásquez de Cisneros reguló la actividad del cultivo del maíz en una de sus ordenadas dictadas en 1620, donde distinguía tres tipos de labores con dos variedades de maíz, el Cariaco y el Yucatán:

 Labores de mais caricaco. Por cada fanega de mais cariaco de sembradura dandoles la tierra beneficiada y arada con Bueyes por sembrarlo deservarlo cogerlo y encerrarlo en la casa teniendola en la estancia o lavor llevandolo con bestias que para ello se les a de dar a los dhos. indios se les de a todos los que en comun beneficiaren la dha fanega de mais de sembradura seis pesos de platta y al mismo respecto mas o menos lo que fuere In cantidad de sembradura dandose para ellos los yndios de las partes mas cercanas que se reparta entre los que lo beneficiaren y trabajaren y no entre otros.

Labor de maíz Yucatan.-Y por que en esta Provinzia de Merida y en las de Harinas (sic) Gibraltar y Pedraza ay otro jenero de mais que llaman Yucatan y ocupa mas tierra en su lavor y por esta razon se acresienta mas el trabajo en su cultura y beneficio se les de a los yndios que beneficiaren una fanega de maiz de sembradura dandoles los dueños de ella la tierra dispuesta para ello y por el desiervo cogerlo y encerrarlo en la forma referida doze pesos de plata y siendo lavor fuera de sus tierras de los dhos indioss como es elegido y estancias que se labran de la otra banda de el Río de Alvarrega que estan enfrente de esta dha Ciudad de Merida de mas de la dha Paga se les de el sustento necessario el tiempo que en ello se ocupare dando para ello los dhos yndios de las partes mas cercanas y la dicha paga sea de repartir entre los que sirvieren y trabajaren en este ministerio y no en otros; Y se declara que las Rosas y labranzas que los dhos indios an de haser para sus encomenderos y otras personas no an de estar mas lejos de la poblason nueba de los indios de tres leguas. Mais en Rosa de Arcabuco. -El maíz que se sembrare en Rosa de montaña grande por Rosar y quemar el monte y coger el mais se de y pague a los yndios que acudieren a este travajo y benefficio por cada fanega de maiz Yucatan de sembradura quinze pesos de ocho reales castellanos y si se bolviese a sembrar la misma rosa el año siguiente por estar ya fha. y havcrse de dar un desierto a la dha sementera y aporrear el barjal que hubiere cresido se les de por todo su beneficio cojer y enserrarlo ocho pesos de platta estando la Caja donde se hubiere de cojer en la dha labranza y dando les vestías para ello y si la dha lavar estuviere donde los yndios no puedan bolver a dormir a sus casas aquel día se les a de dar a comer con mas todas herramientas para hazer las dhas rosas las quales no an de ponerlos indios sino que se las an de dar sus encomenderos y personas cuyas fueren las dhas rosas y que se les de bueyes y rexa y algunas vezes a los indios para sus labranzas dando para ello los dhos indios de las partes mas sercanas; y la dha paga se a de repartir”11.

Variedades de maíz, cortesía internet

            A pesar de que el cultivo del trigo se introdujo en estas tierras andinas desde muy recién la llegada de los conquistadores, adaptándose enseguida y produciendo excelentes cosechas, el cultivo del maíz y su utilización en diferentes platos nunca decayó. Varias variedades del grano se conocían en la zona, tal como lo apunta Julio César Salas:Los indios Mucus sembraban varias clases de maíz: en cuanto al color, blanco, amarillo, rosado y aún violeta obscuro y casi negro, favorito de las tribus Timotes de Santo Domingo y Pueblo Llano, llamado maíz cariaco, que todavía siembran en los Andes, así como otras variedades indígenas, o introducidas de otra parte de América, distintas por el aspecto de las plantas, tamaño, sabor y dureza de los granos, cada clase lleva su nombre especial, una de esas especies que se siembra en clima templado en Tabay y otras partes, de gran rendimiento y robustez, propia para terrenos montañosos o rozas nuevas, es la llamada yucatán de grano muy grande y de color blanco, importada tal vez de México, donde los aztecas llamaban a la mazorca de maíz olotl, lo que nuestros indios llaman tusa que es también el ánima o astil sin granos, a éstos se les nombra en lengua azteca tlaolli, pues la voz maíz proviene del idioma taíno de las Antillas mayores12.

            Para continuar con la milenaria tradición de escoger los mejores granos como semilla, en Pueblo Llano observamos que los agricultores seleccionaban las mazorcas más robustas, hacían atados de dos mazorcas, denominados saquimis, con las mismas hojas secas, y luego los colgaban en una viga del techo de la vivienda hasta la siembra del año siguiente.  

            Sobre las diferentes formas de utilizar el maíz para preparar las comidas tradicionales, nos ocuparemos en un próximo artículo.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

(31/03/26).


Notas: 

(1)  Popol Vuh. Anónimo. Las antiguas historias del Quiche de Guatemala. Panamericana Editorial Ltda. Bogotá, Colombia, 1997. p. 126.

(2)  IA. Consultado el 22 de diciembre de 2025.

(3)  Ídem.

(4)  Basilio Vicente DE OVIEDO: Cualidades y riquezas del nuevo reino de granada. manuscrito del siglo XVIII. Biblioteca de Historia Nacional. Volumen XLV. Bogotá -Imprenta Nacional, 1930. p. 49.

(5)  Fray Pedro de AGUADO: Recopilación Historial de Venezuela, Tomo I. Tomo I. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Nº 62, Caracas, 1963. pp. 146,147.

(6)  Ídem.

(7)  Archivo General de la Nación. Traslados. Archivo Histórico Nacional de Colombia. Ciudades de Venezuela. Tomo 22. Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida, Venezuela. pp. 95-98.

(8)  Archivo General de la Nación. Colección Los Andes. Traslados del Archivo Histórico Nacional de Colombia. Ciudades de Venezuela. Tomo R 19. Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida, Venezuela. p. 83

(9)  Ibidem. p. 85.

(10)              Alfredo JAHN. Los aborígenes del occidente de Venezuela. su historia, etnografía y afinidades lingüísticas. LIT. Y TIP. DEL COMERCIO, CARACAS, 1927.p. 55.

(11)              Joaquín GABALDON MÁRQUEZ (Compilador). Fuero Indígena Venezolano. pp. 841, 842.

(12)              Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”. Academia de Mérida, Ediciones del Rectorado, Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela, 1997. p. 101.

 

 

domingo, 15 de marzo de 2026

INICIO DEL SERVICIO ELECTRICO EN PUEBLO LLANO

 

INICIO DEL SERVICIO ELECTRICO EN PUEBLO LLANO


Los primeros conocimientos sobre la electricidad se remontan a la Grecia del siglo VI a.C., cuando Tales de Mileto observó con asombro la interacción electrostática al frotar una varilla de ámbar con lana, experimento que todavía sorprende a nuestros estudiantes al verlo por primera vez en el laboratorio o en un electroscopio de construcción casera.

            Por otro lado, se atribuye a los chinos el conocimiento de la magnetita, mineral que atrae al hierro en forma natural, produciendo la interacción magnética, origen de la brújula, instrumento que inventaron los mismos asiáticos. Pero, el estudio formal de la electricidad comenzó muchos siglos después, cuando el inglés William Gilbert, en 1600, acuño el término “electricidad” en su obra De Magnete y concluyó, además, que la Tierra se comporta como un imán.

            En 1820 el danés Hans Cristian Oersted descubrió por casualidad que una corriente eléctrica era capaz de desviar una aguja magnética, uniendo ambos fenómenos demostró que la electricidad puede producir magnetismo. Posteriormente, el británico Michael Faraday y el escocés James Clerk Maxwell ampliaron estos estudios, comprobando que campos magnéticos variables generan electricidad, constituyéndose, de esta manera, la base del electromagnetismo moderno, produciendo a su vez un cambio vertiginoso en el avance de la humanidad.



Electroscopio casero, cortesía internet

En cuanto a los conocimientos de la electricidad en nuestro país, sabemos que el sabio alemán Alejandro de Humboldt, en compañía de Aimé Bonpland, visitaron Venezuela en 1799, en la capital se enteró que en los llanos guariqueños había un inventor llamado Carlos del Pozo, enseguida se interesaron en conocerlo. Una vez llegados a Calabozo, en 1800, Humboldt no tardó en dirigir los pasos hacia el fundo “Cálvis”. El inventor criollo les mostraba orgulloso sus artefactos que impresionaron positivamente a los visitantes. En efecto, el científico calaboceño había construido máquinas eléctricas de cilindro empleando grandes frascos de vidrios, a los que había cortado el cuello, haciendo Botellas de Leyden para almacenar cargas eléctricas. Con la aplicación de métodos propios logró rediseñar y armar sus instrumentos, en especial los pararrayos, siguiendo las especificaciones de las láminas impresas el siglo anterior en las escasas guías que podía consultar. Se trataba de, escribió Humboldt, “…un material casi tan completo como el que poseen nuestros físicos en Europa1. Además, algunos instrumentos portados por Humboldt parecían copias de los inventados por el ingenio del criollo Carlos del Pozo.

            Las investigaciones en el campo de la electricidad se incrementaron en el mundo a lo largo de los siglos XVIII y XIX, particularmente en electromagnetismo, para darle un carácter práctico. Por ejemplo, el servicio eléctrico comercial tuvo comienzos en la década de 1880-1890, siendo hitos clave la iluminación de calles en Godalming, Inglaterra, en 1881, mediante hidroelectricidad, y la inauguración de la primera central eléctrica de carbón por Thomas Edison en Nueva York en 1882, marcando el inicio del suministro estable a hogares y empresas2

cortesía de internet

            La primera ciudad de Venezuela iluminada con luz eléctrica fue Maracaibo en 1888, un año más tarde le correspondió a Valencia y a la capital del país en 1897, tras la fundación de La Electricidad de Caracas en 1895, impulsada por el ingeniero Ricardo Zuloaga, con la puesta en funcionamiento de la planta hidroeléctrica El Encantado. Antes de esto, hubo pruebas tempranas, como la iluminación de la Plaza Bolívar en 1873 y diez años más tarde, en 1883, se iluminó el Teatro Nacional, los entornos del Capitolio y la calle del Comercio, para celebrar el Centenario del Natalicio del Libertador. Este hito marcó el inicio de la modernización eléctrica en Caracas, convirtiendo a la empresa pionera en un símbolo de progreso hasta su nacionalización en 2007, pasando a formar parte de CORPOELEC.

      En cuanto a la llegada de la electricidad a la ciudad de Las Cinco Águilas Blancas, esto ocurrió por el mes de septiembre de 1898, cuando el fundador de la Compañía Anónima del Alumbrado Eléctrico de Mérida, el doctor Caracciolo Parra Picón, entregó al gobierno del estado, al Concejo Municipal y al público en general, el anhelado servicio de vanguardia y bienandanza que impactaría todas las actividades de esta sociedad andina3. En 1934, para mejorar la calidad del servicio prestado, se inauguró la Central Eléctrica de Mucujún. Esta empresa funcionó hasta mediados de 1950 cuando fue adquirida por la Corporación Venezolana de Fomento. Era conocida como “Luz Parra”.

La electricidad siguió llegando a otros pueblos del estado Mérida a través de la instalación de plantas hidroeléctricas. Un gran autodidacta en nuestro estado, al estilo del guariqueño Carlos del Pozo, fue el señor Luis Zambrano, natural de la población de Bailadores, quien desarrolló turbinas movidas por agua. Algunas de estas fueron usadas para generar electricidad y poder mover los instrumentos mecánicos de una carpintería, como el torno y la cepilladora. Su casa fue la primera de la zona en estar iluminada por luz eléctrica generada por una turbina hecha por él mismo, antes de que llegara la compañía eléctrica nacional CADAFE. Por tal razón, sus plantas generadoras de electricidad accionadas por caídas de agua fueron de gran utilidad a muchos pueblos y caseríos de la cordillera andina.


Entrevista a Don Luis Zambrano, Bailadores, 1982. 

Para 1933, cuando en Bailadores fue instalado el servicio eléctrico, ya Zambrano había construido tres trapiches eléctricos para moler caña de azúcar. En 1950, en la población de Canaguá instaló una turbina movida por agua, la que proporcionó luz eléctrica a esta comunidad hasta 1978. De igual manera se sirvieron de estas turbinas pueblos merideños como Mucuchachí, San José de Acequias, Río Negro y San Antonio de Estanques, entre otros4.

Con respecto al inicio del servicio eléctrico en Pueblo Llano, podemos decir que presentó varios contratiempos al comienzo, antes de su instalación definitiva. Ya el Ejecutivo del estado Mérida había decretado colocar en servicio una planta hidroeléctrica para las poblaciones de Pueblo Llano y Las Piedras, con fecha 13 de octubre de 1938, pero la misma no se instaló por razones que se desconocen con certeza, algunos entrevistados manifestaron que la planta había sido enviada a otra población y otros dijeron que el retraso se debía a que no disponían de todo el equipo correspondiente para su trasporte e instalación.

Para el año 1940 el aparato aludido u otro similar se encontraba en la población de Timotes, llevarlo hasta Pueblo Llano por el camino de recuas entre estas dos poblaciones era toda una proeza, hasta que surgió el liderazgo del señor Balbino Paredes, quien motivó a sus paisanos para ir a traerla a hombros por el escabroso camino aludido.

El señor José de la Cruz Alarcón, quien participó en aquel traslado nos comentaba, lleno de emoción, los pormenores del evento: “Balbino logró convencer a unos ochenta hombres de Pueblo Llano para traernos la planta, cuando llegamos a Timotes, eso fue como en octubre de 1940, algunas personas de aquel pueblo comentaban: ‘esos indios no son capaces de echarse ese dinamo al hombro’. Pero lo hicimos, tardamos como cinco días en aquello. El primer día llegamos a Las Porqueras, unos traían los cables, otros los postes y entre varios el dínamo, estos últimos tenían que ser relevados a los pocos metros por lo pesado del aparato, el segundo día llegamos a La Montañita o La Laguneta, y ya el tercer día coronamos al Alto, el cuarto día, con mucho cuidado en la bajada llegamos al Say y el quinto día ya estábamos en Miyoy. Eso fue mucha alegría, echaron voladores(cohetes) y bombas (morteros) y la gente bebió miche hasta que ya5.

Entrevista al señor Maclovio Paredes, Barinitas, 2004.

El sitio de El Molino, en el caserío Miyoy, era propiedad del señor Balbino Paredes, allí instaló un molino para moler trigo, movido por una acequia denominada La Toma que había sido construida en 1924. Enseguida acondicionaron el lugar para que el caudal de la quebrada también pudiese mover la turbina de la planta hidroeléctrica.

Ya con el aparato en Pueblo Llano, el presidente del estado Mérida, J. D. Celis Paredes, emite el siguiente Decreto:

“El Presidente del Estado Mérida

Por cuanto no se llevó a efecto la instalación de la Planta Hidro-eléctrica que dará servicio a las poblaciones de Pueblo Llano del Distrito Miranda y Las Piedras del Distrito Rangel, decretada con fecha 13 de octubre de 1938 y se dispone del equipo correspondiente; en ejercicio de la facultad que al Ejecutivo concede el artículo 10 de la Ley Reglamentaria del último aparte de la atribución 9ª del artículo 38 de la Constitución del Estado.

 

DECRETA

 

Art. 1º - Procédase a la instalación de la Planta hidro-eléctrica para las poblaciones de Pueblo Llano del Distrito Miranda y Las Piedras del Distrito Rangel de acuerdo con los estudios y presupuesto formulados al efecto por el ingeniero encargado de la ejecución de la obra.

Art. 2º - Los gastos que ocasione la total ejecución de estos trabajos y cuyo presupuesto alcanza a la cantidad de diez y siete mil quinientos bolívares (Bs. 17.500) se pagarán con cargo al Situado de los expresados Distritos, en la forma siguiente: Miranda siete mil quinientos bolívares (Bs. 7.500) y Rangel diez mil bolívares (Bs. 10.000).

Art. 3º -Se autoriza a las Juntas de Fomento de los mencionados Distritos para formular el respectivo contrato para la ejecución técnica de la obra, estipulando las condiciones y el pago de los trabajos.

Art. 4º El ciudadano Secretario General de Gobierno cuidará de la ejecución del presente Decreto.

Comuníquese y publíquese.

Dado, firmado, sellado y refrendado, en el Palacio de Gobierno del Estado, en la ciudad de Mérida, a los diez y seis días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y uno.- Años 132º  de la Independencia y 83º de la Federación.

 

(L.S) J. D. CELIS PAREDES

Refrendado.

El Secretario General.

(L. S) Rubén Corredor”6.

                En 1941 llegó un ingeniero a instalar el dinamo, luego se colocaron los postes en Pueblo Llano y los que llevarían la electricidad hasta Las Piedras, donde también se colocaron varios de ellos en el casco del pueblo. En aquel año, por primera vez en la historia local, estos dos pueblos pudieron disfrutar del servicio eléctrico, así lo hicieron saber, en una emotiva nota publicada en el diario El Vigilante de Mérida, el 20 de febrero de 1942, los representantes de la Junta Comunal de Pueblo Llano:

La Junta Comunal del Municipio de Pueblo Llano como representante de los intereses de la comunidad; sociedad y pueblo en general hace hoy pública y justiciera manifestación de agradecimiento al Gobierno del Estado, presidido por el culto y dinámico Coronel  CELIS PAREDES,  y sus inmediatos Colaboradores Doctor J. M. QUINTERO A., Presidente de la Junta de Fomento del Distrito Miranda, y Teniente FELIPE OBANDO, quien como Gobernador para aquella época en que exponíamos nuestras urgentes necesidades, se interesaron eficazmente en llevar a la realidad las obras que habían sido decretadas por las anteriores Administraciones Estadales.

            Hoy debemos al Coronel CELIS PAREDES, digno Presidente del Estado, la ejecución y terminación de la importante Obra del Alumbrado Eléctrico para los Municipios de Pueblo Llano y Las Piedras. La Planta Hidroeléctrica instalada en jurisdicción del Municipio Pueblo Llano beneficia con luz y fuerza eléctrica para Radio las poblaciones antes mencionadas, con satisfactorios resultados. Ha reinado, por consiguiente, la alegría y el contentamiento en medio de estos Pueblos ávidos de Progreso y de mejor suerte

Demetrio Paredes R., Alfonso Montilla, Manuel Santiago Diaz, Laudelino de J. Paredes R., Ramón A. Becerra, José Lisandro Paredes R.”7.


Entrevista al señor Jerónimo Quintero, Pueblo Llano, 2026.

            Como el paso de los años, no faltaron los inconvenientes con el servicio prestado, a veces se caía un poste o se reventaba un cable. Un caso lamentable ocurrió cuando el empleado Gerardo Montilla estaba arreglando un desperfecto en uno de los postes de Pueblo Llano, el operador pasó la cuchilla, de forma involuntaria, y el trabajador fue electrocutado. Se cuenta de otras personas que también sufrieron descargas eléctricas como los señores Elio Salcedo y Emiliano Meza, pero sin ocasionarles daños mayores8.

            El servicio también se interrumpía por varios días cuando había algún desperfecto y era necesario trasladarse a la ciudad de Mérida para buscar un nuevo repuesto. Así quedó constancia en la Junta Municipal de Las Piedras, de fecha 05 de septiembre de 1948, donde se presentó el operario de la planta, señor Maclovio Paredes, para exponer que la misma estaba sufriendo varios desperfectos y era necesario que las autoridades municipales de ambos pueblos se pusiesen de acuerdo para acudir a los organismos superiores con el objeto de solicitar recursos para solucionar el problema9. Los operadores o planteros encargados de manipularla, en épocas diferentes, fueron los señores: Ascensión Rendón, Maclovio Paredes, José Rafael Santiago, Eugenio Quintero y otros que no hemos podido conocer sus nombres.

Por tres décadas prestó servicio esta planta hidroeléctrica a las comunidades de Pueblo Llano y Las Piedras, pero para comienzos de los años sesenta del siglo XX la misma ya había cumplido su vida útil, razón por la cual motivó a los encargados de la Junta Comunal del municipio Pueblo Llano a adquirir una nueva planta, ahora accionada con gasoil, de 75 kilovatios de potencia, la cual fue instalada en la calle 6, Ayacucho, entre avenidas 1, Miranda y 2, Bolívar, comenzando a prestar su servicio el 31 de diciembre de 1962, ahora solo al casco urbano de Pueblo Llano.

 El encargado de operar el aparato en un primer momento fue el señor Emilio Antonio Paredes y luego dejó el empleo al señor Jerónimo Quintero, entendido en el ramo, responsable y eficiente en su trabajo.

            A eso de las seis de la tarde subía el señor Jerónimo al local donde estaba la planta, la ponía en funcionamiento hasta las nueve de la noche, a esa hora exacta la apagaba por un instante, a manera de aviso, y después la volvía a prender por unos cinco minutos más, así la gente tenía tiempo de prevenirse con velas, dejar todo arreglado en la cocina o enrumbarse a la cama, sin tropezar con algún objeto, para disponerse a dormir. Cuando moría una persona que había conservado suficientes recursos económicos la dejaba funcionando por unas horas más y los familiares le daban una propina al operador10.

En 1965 llegó a Pueblo Llano el servicio de la Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico (CADAFE) la cual, finalmente, comenzó a prestar un servicio de calidad y en los años sucesivos fue extendiéndose a los diferentes caseríos del municipio.

Represa José Antonio Páez, parroquia Las Piedras.

No podemos dejar pasar la oportunidad para comentar que en la actual parroquia Las Piedras del municipio Cardenal Quintero se construyó una moderna represa con potentes turbinas para general electricidad, la cual lleva el nombre del Prócer de nuestra Independencia General José Antonio Páez, la misma “está formada por un dique en arco de doble curvatura de 70 metros de alto y 210 metros de longitud de coronamiento que congrega las aguas de los ríos Santo Domingo, Pueblo Llano y Aracay. Estos ríos forman un lago de 17 hectáreas de superficie máxima y tres millones de m3 de capacidad a la cota 1585.50. De manera que estas aguas son muy bien aprovechadas, pues a través de un túnel de 13.7 kilómetros de largo y 3.10 de diámetro, por la margen derecha del rio, sus aguas son conducidas a la planta generadora de Altamira, las cuales se encargan de accionar cuatro turbinas de 60.000 KW cada una, que generan 240.000 KW, suficiente energía para satisfacer gran parte del consumo del Occidente de país11. 

La represa fue inaugurada por el presidente de la república Dr. Rafael Caldera, el 14 de octubre de 1973, a las 11:15 am., y puesta en funcionamiento el 18 de noviembre de 1973.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

(15/03/26) 

Notas:

(1)  Alejandro de HUMBOLDT.  "Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente".

(2)  IA. [Consultado el 27 de febrero de 2026].

(3)  Edda O. SAMUDIO A. Trocadero, nº 26 (2014), ISSN 0214-4212, pp.169-195 DOI: https://doi.org/10.25267/Trocadero.2014.i26.07.

(4)  https://es.wikipedia.org › wiki › Luis_Zambrano_(inve...

(5)  Informante: José de La Cruz Alarcón, 90 años, Pueblo Llano 20 de noviembre de 2012.

(6)  Gaceta del Estado Mérida, Mérida, julio de 1941.

(7)  ) Diario El Vigilante, Mérida, 20 de febrero de 1942.

(8)  Informante: Hermes Ramón Paredes Paredes, 82 años, Pueblo Llano, 5 de febrero de 2026.

(9)  Archivo de la Junta Municipal del Municipio Las Piedras. Libro de Actas. Acta N° 9. Las Piedras, 05 de septiembre de 1948. (Copia suministrada por el señor Albaro Santiago Rondón).

(10)   Informante: señor Jerónimo Quintero, 88 años, Pueblo Llano, 04 de febrero de 2026.

(11)   Pedro José PAREDES. Las Piedras a través del tiempo. Segunda Edición. Producciones Editorial C.A., Mérida, Venezuela, 2014. p. 126.