Agricultura y gastronomía prehispánica local
EL MAIZ
Maíz negro o morado, imagen cortesía de Javier Antonio Padilla.
El maíz era, y sigue
siendo, una de las principales fuentes de alimentación para los habitantes de
América, desde muchos siglos antes de la llegada de los europeos en el siglo
XV. Fue tanta la importancia dada por los naturales a este rubro que los
habitantes de Mesoamérica, como el pueblo Quiche de Guatemala, consideraron que
los seres humanos habían sido hechos a partir del maíz: “…. De
maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron
los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne
de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados…”1.
Los
científicos han comprobado que el maíz actual se originó de la gramínea
silvestre denominada teocintle (Zea mays ssp. parviglumis), una planta parecida a la maleza con granos
duros, la cual crecía de forma natural en México, especialmente en la Cuenca de
Balsas2. Se considera que el maíz tiene una antigüedad de unos
10.000 años y las primeras evidencias del grano cultivado provienen de cuevas
en Tehuacán, Puebla, México, con datación de hace unos 7.000 años. Los
pobladores comenzaron, a través de miles de años, a seleccionar los mejores
granos para utilizarlos como semilla y de esta manera, a partir del teocintle,
que tenía pocos granos, pequeños y duros, y con la interacción con otras
gramíneas, se llegó a la mazorca grande y nutritiva que conocemos hoy en día3.
Luego se fue extendiendo por el resto de América, tomándose, hasta ahora, a
México como su lugar de origen.
Dios del maíz, cortesía de internet
En lo que respecta a la presencia del
maíz en Suramérica, particularmente en la Nueva Granada, apuntaba el cronista
Basilio Vicente de Oviedo: “…el mayor alimento, especialmente para los pobres y
para los indios y gentes campesinas, es el maíz, que es trigo de las Indias,
que se produce sembrando en todas partes de este Reino, sean tierras templadas
o frías o calientes; y en tierras calientes se dan dos cosechas en cada un año,
con suma abundancia, pues una fanega de doce almudes, que hacen una carga
desgranada, vale siete u ocho reales, y el almud tres cuartillos en cosecha y
entre año poco más. Solo vi que en las tierras calientes a pocos meses le da
una plaga que llaman gorgojo, que lo vuelve harina y no sirve”4.
Siguiendo hacia los Andes merideños, encontramos en
varios documentos de los siglos XVI y XVII referencias sobre la producción de
maíz en la zona. En efecto, el primer contacto que
tuvieron los indígenas de la cordillera con los conquistadores europeos, no fue
otro que el saqueo que sufrieron los primeros de parte de los soldados del
alemán Jorge Spira, alrededor de 1535. El relato del primer cronista de Venezuela,
fray Pedro de Aguado, escribe que Spira, después de recorrer gran parte del
territorio venezolano, llega a lo que hoy es el estado Barinas. Cansados, enfermos,
sin comida y sin poder movilizarse por encontrarse en plena época de lluvias se
alojaron en aquel sitio durante varios días, alimentándose de palmitos y otras
hierbas silvestres que acrecentaron el número de enfermos. Estando en estas
necesidades Spira se enteró que en las sierras que se levantaban ante sus ojos
había algunos pueblos donde se podía encontrar abundante comida, para lo cual
“…envió a su teniente, llamado Francisco de Velasco, con doscientos
hombres y algunos caballos, y le mandó que llegase con los caballos hasta
el pie de la sierra, y que quedándose él en unos poblezuelos de indios que allí
había, con alguna gente, enviase la demás arriba a traer comida y le proveyesen
de todo el mais (sic), yuca y patata y sal que pudiesen, que era todo bien
menester…”5.
Mazorcas cultivadas en Pueblo Llano, imagen cortesía de Francisco Quintero R.
Francisco Velasco llegó hasta el pie de
la cordillera, posiblemente en lo que hoy es Barinitas, allí se quedó con
cincuenta hombres y envió a trepar la cordillera a Nicolás de Palencia con el
resto del grupo, quienes, más adelante “…hallaron un bohío redondo muy
grande, hecho en un arcabuco o montaña, en el cual había más de mil quinientas
hanegas (sic) de maíz; y alegrándose los soldados con tan buen encuentro,
pararon allí con el servicio de indios que llevaban, de donde salían a correr
los pueblos y lugares de alrededor, prendiendo alguna gente de la que por allí
había, ranchándoles esa miseria que tenían, donde hubieron alguna provisión de
sal, con que restauraron algún tanto la mucha falta que de ello todos tenían; y
enviando de este bohío redondo la gente que pudieron cargada de maíz y otras raíces
y sal, que quedaron los más de los soldados en guarda de aquel bohío, porque si
lo desamparaban, los indios les escondiesen el maíz...”6.
En la
visita que realizó Bartolomé Gil Naranjo, en 1586, a la zona del actual estado
Mérida, entre la principal disposición que traía, como era la de agrupar a los
indígenas en pueblos al estilo español para servir mejor a sus encomenderos y
poder ser adoctrinados, ordenó a los naturales de las encomiendas sembrar, desherbar,
coger, acarrear y desgranar lo que resultare de cultivar una labranza
equivalente a tres fanegas de maíz y otra de algodón de cuatro almudes de
pepita, semillas que tenía que ser aportadas por el encomendero. Cada indio
debía hilar seis libras de algodón, para lienzo, cada año. Por otra parte,
debían trabajar en las haciendas del encomendero como gañanes, arrieros,
ovejeros, porqueros y yegüeros, este trabajo tenía que hacerlo cada indio,
según su oficio, durante seis meses y por el cual debía ser remunerado con
media fanega de maíz cada mes, para su alimentación, una manta de algodón de
dos varas y media de lienzo y un sombrero, cada año. De la comunidad debían
escoger a un indio y una india, solteros o huérfanos, para que fuesen a servir
a la casa del encomendero en la ciudad de Mérida durante un año, por ello,
debían de recibir cada mes media fanega de maíz… 7.
Referente
a Pueblo Llano, en la visita que realizó el escribano Rodrigo Zapata, por orden
del Visitador General Licenciado Alonso Vásquez de Cisneros, en 1619, escribe
que “... partió del dicho sitio de la iglesia y
fue caminando el dicho valle abajo y con él fueron las personas
nombradas y descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas (papas) que
había por todo dicho valle abajo...”8. El lugar a que
hace referencia el escribano es el que va del actual sector La Conquista hasta el
sitio La Punta, allí se entra a una vega para atravesar el río y salir a la
meseta de La Quinta, en la parroquia Las Piedras del municipio Cardenal
Quintero.
El día siguiente, viniendo desde Aracay, para tomar el camino
hacia el pueblo de Santo Domingo, al lado del actual puente de Las Piedras,
expresa:
“…Y estando el dicho Rodrigo Zapata y las demás
personas referidas en el dicho camino real junto a la dicha quebrada de las
piedras que es el camino que va a Barinas se vio sobre mano derecha en vegas de
la dicha quebrada de las piedras un sitio corto donde había labranzas de maíz
que informaron las dichas personas eran de indios de el dicho pueblo llano que
llaman el sitio del Guayabal. Y se prosiguió el dicho camino viendo y
descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas, apios y otras raíces de una y
otra banda del dicho río de Santo Domingo que dixeron ser de indios de las
encomiendas del pueblo llano de Antonio de Reynoso y de Santo Domingo del
alférez Juan Félix de Bohórquez y que siempre las habían tenido y tenían juntas
y mezcladas unos con otros”9.
El ingeniero Francisco Quintero, mostrando el fruto de su cosecha.
Como apuntaba el cronista Basilio
Vicente de Oviedo, el maíz se plantaba en casi todos los pisos térmicos, por lo
que su cultivo era generalizado, los Aruacos de Guayana, por ejemplo, según
apunta Alfredo Jhan, se hicieron sedentarios debido a la “dificultad para el cultivo del maíz, desmalezando el
terreno, horadando la tierra, en la recolección del producto, etc. Obligó a los
Aruacos a hacerse más sedentario, permanecer un mayor tiempo en un determinado
lugar y, además, buscar mano de obra fuera de la tribu para ser utilizada en
estas faenas en la mayoría de las veces como esclavos”10.
La servidumbre la impusieron conquistadores y encomenderos en la
zona Andina, pues la vocación agrícola de sus habitantes era manifiesta desde
siglos antes de la llegada de los europeos, quienes se aprovecharon para despojándolos
de sus tierras y utilizándolos como mano de obra. Razón por la cual el
visitador Vásquez de Cisneros reguló la actividad del cultivo del maíz en una
de sus ordenadas dictadas en 1620, donde distinguía tres tipos de labores con
dos variedades de maíz, el Cariaco y el Yucatán:
“Labores
de mais caricaco. Por cada fanega de mais cariaco de sembradura dandoles la
tierra beneficiada y arada con Bueyes por sembrarlo deservarlo cogerlo y
encerrarlo en la casa teniendola en la estancia o lavor llevandolo con bestias
que para ello se les a de dar a los dhos. indios se les de a todos los que en
comun beneficiaren la dha fanega de mais de sembradura seis pesos de platta y
al mismo respecto mas o menos lo que fuere In cantidad de sembradura dandose
para ellos los yndios de las partes mas cercanas que se reparta entre los que
lo beneficiaren y trabajaren y no entre otros.
Labor de maíz
Yucatan.-Y por que en esta Provinzia de Merida y en las de Harinas (sic)
Gibraltar y Pedraza ay otro jenero de mais que llaman Yucatan y ocupa mas
tierra en su lavor y por esta razon se acresienta mas el trabajo en su cultura
y beneficio se les de a los yndios que beneficiaren una fanega de maiz de
sembradura dandoles los dueños de ella la tierra dispuesta para ello y por el
desiervo cogerlo y encerrarlo en la forma referida doze pesos de plata y siendo
lavor fuera de sus tierras de los dhos indioss como es elegido y estancias que
se labran de la otra banda de el Río de Alvarrega que estan enfrente de esta
dha Ciudad de Merida de mas de la dha Paga se les de el sustento necessario el
tiempo que en ello se ocupare dando para ello los dhos yndios de las partes mas
cercanas y la dicha paga sea de repartir entre los que sirvieren y trabajaren
en este ministerio y no en otros; Y se declara que las Rosas y labranzas que
los dhos indios an de haser para sus encomenderos y otras personas no an de
estar mas lejos de la poblason nueba de los indios de tres leguas. Mais en Rosa
de Arcabuco. -El maíz que se sembrare en Rosa de montaña grande por Rosar y
quemar el monte y coger el mais se de y pague a los yndios que acudieren a este
travajo y benefficio por cada fanega de maiz Yucatan de sembradura quinze pesos
de ocho reales castellanos y si se bolviese a sembrar la misma rosa el año
siguiente por estar ya fha. y havcrse de dar un desierto a la dha sementera y
aporrear el barjal que hubiere cresido se les de por todo su beneficio cojer y
enserrarlo ocho pesos de platta estando la Caja donde se hubiere de cojer en la
dha labranza y dando les vestías para ello y si la dha lavar estuviere donde
los yndios no puedan bolver a dormir a sus casas aquel día se les a de dar a
comer con mas todas herramientas para hazer las dhas rosas las quales no an de
ponerlos indios sino que se las an de dar sus encomenderos y personas cuyas
fueren las dhas rosas y que se les de bueyes y rexa y algunas vezes a los
indios para sus labranzas dando para ello los dhos indios de las partes mas
sercanas; y la dha paga se a de repartir”11.
Variedades de maíz, cortesía internet
A pesar de que el cultivo del trigo se introdujo en estas
tierras andinas desde muy recién la llegada de los conquistadores, adaptándose
enseguida y produciendo excelentes cosechas, el cultivo del maíz y su
utilización en diferentes platos nunca decayó. Varias variedades del grano se
conocían en la zona, tal como lo apunta Julio César Salas: “Los indios Mucus sembraban varias clases de maíz: en
cuanto al color, blanco, amarillo, rosado y aún violeta obscuro y casi negro,
favorito de las tribus Timotes de Santo Domingo y Pueblo Llano, llamado maíz
cariaco, que todavía siembran en los Andes, así como otras variedades
indígenas, o introducidas de otra parte de América, distintas por el aspecto de
las plantas, tamaño, sabor y dureza de los granos, cada clase lleva su nombre
especial, una de esas especies que se siembra en clima templado en Tabay y
otras partes, de gran rendimiento y robustez, propia para terrenos montañosos o
rozas nuevas, es la llamada yucatán de grano muy grande y de color blanco,
importada tal vez de México, donde los aztecas llamaban a la mazorca de maíz
olotl, lo que nuestros indios llaman tusa que es también el ánima o astil sin
granos, a éstos se les nombra en lengua azteca tlaolli, pues la voz maíz
proviene del idioma taíno de las Antillas mayores”12.
Para
continuar con la milenaria tradición de escoger los mejores granos como semilla,
en Pueblo Llano observamos que los agricultores seleccionaban las mazorcas más
robustas, hacían atados de dos mazorcas, denominados saquimis, con las
mismas hojas secas, y luego los colgaban en una viga del techo de la vivienda
hasta la siembra del año siguiente.
Sobre
las diferentes formas de utilizar el maíz para preparar las comidas tradicionales,
nos ocuparemos en un próximo artículo.
Rafael Ramón Santiago
Cronista oficial del municipio Pueblo Llano
(31/03/26).
Notas:
(1) Popol Vuh. Anónimo. Las antiguas historias
del Quiche de Guatemala. Panamericana Editorial Ltda. Bogotá,
Colombia, 1997. p. 126.
(2) IA. Consultado el 22 de diciembre de 2025.
(3) Ídem.
(4) Basilio Vicente DE OVIEDO: Cualidades y riquezas del
nuevo reino de granada. manuscrito del siglo XVIII. Biblioteca de Historia
Nacional. Volumen XLV. Bogotá -Imprenta Nacional, 1930. p. 49.
(5) Fray Pedro de AGUADO: Recopilación Historial de Venezuela, Tomo I. Tomo I. Biblioteca de la
Academia Nacional de la Historia. Nº 62, Caracas, 1963. pp. 146,147.
(6) Ídem.
(7) Archivo
General de la Nación. Traslados. Archivo Histórico Nacional de Colombia.
Ciudades de Venezuela. Tomo 22. Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida,
Venezuela. pp. 95-98.
(8) Archivo General de la Nación. Colección Los Andes. Traslados del
Archivo Histórico Nacional de Colombia. Ciudades de Venezuela. Tomo R 19.
Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida, Venezuela. p. 83
(9) Ibidem. p. 85.
(10)
Alfredo
JAHN. Los aborígenes del occidente de Venezuela. su historia, etnografía
y afinidades lingüísticas. LIT. Y TIP. DEL COMERCIO, CARACAS, 1927.p. 55.
(11)
Joaquín
GABALDON MÁRQUEZ (Compilador). Fuero Indígena Venezolano. pp. 841, 842.
(12)
Julio
César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores
Merideños”. Academia de Mérida, Ediciones del Rectorado, Universidad de Los
Andes. Mérida, Venezuela, 1997. p. 101.








.jpg)





