jueves, 30 de abril de 2026

GASTRONOMIA DERIVADA DEL MAIZ

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 

GASTRONOMIA DERIVADA DEL MAIZ


Arepas

            Son innumerables las maneras en que los habitantes de diferentes partes de América han utilizado el maíz1 para su alimentación. A continuación, vamos a hacer referencia a las principales formas de preparar el grano en la zona andina del estado Mérida.

La Arepa. Ahora que, debido a la emigración venezolana por todos los rincones del mundo, la arepa es apreciada, reconocida, degustada y sobre ella se ha intentado conocer sus orígenes, parece que hay consenso en que la tribu que le dio este nombre fueron los cumanagotos, en el oriente de Venezuela, miles de años antes de la conquista europea, que en su lengua se pronunciaba “erepe”, cuyo significado es maíz. 

            Ahondando en los orígenes de tan deliciosa comida, Julio César Salas apunta: “Los Mucus y Cuicas tenían como principal alimento el maíz, que preparaban de diversos modos, todos los cuales adoptaron los conquistadores europeos y aún se usan tanto de la Cordillera de Mérida, como en otras partes de Venezuela y de América; tal sucede con el pan llamado arepa, que es una torta de maíz molido que se cuece o asa en un platón de barro que se nombra budare, en lengua cumanagota se designa las mismas cosas con los nombres erep y budare y aunque en caribe se dice arepa a las tortas de cazabe, creemos que las voces budare y arepa pertenezcan a las lenguas que se hablaban en los Andes venezolanos, pues arepa tiene analogía con la voz suridipa, que según el señor José Ignacio Lares empleaba la tribu de los Mirripuyes (Mucus), para designar el pan de maíz o tortas cocidas asadas en platones de barro. Los aztecas que tenían el mismo pan lo llamaban tlascalli, tascal los mayas, mezquite los muiscas, zancú los quichuas, ector los taínos, ninguna de cuyas voces tiene analogía con arepa, erepe u suridipa”2.

Hallacas

La Hallaca. Un plato típico venezolano por excelencia está presente en todos los hogares durante el mes de diciembre, ha sido objeto de estudio durante muchos años y los datos más antiguos los aporta el comerciante italiano Galeotto Cey en el siglo XVI:

[al maíz] “lo ponen en remojo de un día para otro y lo muelen en ciertas piedras, hechas como se ve en el margen, un poco curvas, dándole encima con otra piedra, que se tiene en las dos manos; pónese una india en cuclillas o arrodillada, por un costado de la piedra, poniéndole encima en su lado cóncavo un puñado del grano y un poco de agua y con la piedra a dos manos lo va moliendo, hasta que lo hace masa, después hacen unas panelitas como pastillas de jabón y las envuelven en hojas del mismo maíz o de caña y poniéndolas a cocer en una vasija grande de tierra, donde caben muchas, dándole a cada indio una o dos y algunas veces las guardan tanto que se vuelven ácidas…(…) y a esta clase de pan llaman aiaccas”3.

            El merideño Julio César Salas apuntaba a comienzos del siglo XX su definición de nuestro plato navideño: “Hallaca es un pastel o bollo de masa de maíz, carne, ají, etc., envuelto en hojas y cocido en agua hierviente, hallaca de agua que se llama también en Mérida o indio, por ser comida indígena de Mucus y Cuicas. Este alimento era también de otras partes de América; en México y Centro América se le denomina tamalli y tamal. Hallaca nos parece voz de origen quichua, sea lo cierto que tal palabra es de uso corriente, junto con el alimento que designa, no solamente en los Andes venezolanos, sino también en el resto del país. Según el abate Hervas Tamali significa guisado en caribe”4.

            El destacado historiador de la gastronomía merideña, Rafael Cartay, apunta que la hallaca es el plato nacional que va más allá de su confección alimenticia, cada navidad se convierte en un lazo espiritual vinculado íntimamente a los venezolanos más que cualquiera otra tradición. Es el sello característico de nuestra cocina, la marca que fija su carácter, a pesar de los parecidos que pudiera tener, y tiene, con los tamales de otras partes de América5.

            Ahora bien, a pesar de ser un plato nacional, hay notables variaciones regionales en su preparación que hacen que la hallaca, pese a ser única, sea paradójicamente diferente.

            De una simple comparación entre los ingredientes de su relleno, de la cocción o no de su relleno, y de la cocción final de la hallaca terminada, saltan las diferencias que hacen a nuestras hallacas regionales tan características, a pesar de que, en fin de cuentas, todas sean hallacas6.

            El historiador Cartay, que venimos citando, también observa que la hallaca andina tiene, al menos, tres características que la distinguen de las otras hallacas venezolanas: el relleno se macera y no se cuece previamente; la inclusión de los garbanzos en los rellenos y la cocción final que tarda de 4 a 5 horas. Añadiríamos nosotros que la hallaca pueblollanera se distingue por contener rodajas de papas en el relleno.

            Para finalizar tan importante investigación, el autor copia una receta de hallacas merideñas, aparecida en un diario local de finales del siglo XIX:

Desde la víspera de hacerlas, se pican en crudo las carnes de res y de marrano, por iguales partes, si fuere salpresa la primera mejor; y este picadillo se condimenta con cebolla y ají dulces picados, ajo molido, pimienta, sal comino, vinagre, vino, clavos en poca cantidad y un poco de agua, dejándolo así en adobo hasta el día siguiente, en que se le agregan garbanzos cocidos.

            Separadamente se hace en una cazuela un buen guiso con tomate riñón, cebolla, ajíes dulces y pimientos, ajo molido, sal especias, el vinagre de las alcaparras y suficiente manteca con onoto; esto se hierve hasta que quede en sazón, y luego se deja enfriar para que cuaje la manteca. Se prepara también tocino picado, alcaparras, aceitunas y pasas, cada cosa en su plato.

            La masa de maíz debe llevar un poco de manteca y quedar blanda, a fin de extenderla lo más delgada posible sobre la hoja de plátano que ha de envolver la hallaca. Esta se forma del modo siguiente: Hecha la arepa de masa, más bien larga que redonda, se pone encima de ella hacia un extremo, la cantidad suficiente de relleno de modo que no ocupe más de la mitad de la arepa; se le pone una cucharada de guiso, cuatro o cinco pedacitos de tocino, repartidos convenientemente, y las alcaparras, aceitunas y pasas que se quiera, añadiéndole, por último, un poquito de agua en que está adobado el relleno. Para cerrarla, se cubre todo con la otra mitad de la arepa, doblándola al efecto, con la misma hoja y comprimiendo en seguida la masa en torno al relleno, para que se le salga el agua. Después, se le dan los dobleces necesarios a la hoja para formar la hallaca, con la advertencia de que es importante extender la arepa de modo que el doblez de la hoja pueda hacerse en la dirección de las esquinas o puntas, y no a lo largo ni a lo atravesado, porque se rompería; y que la segunda hoja debe ir esquinada, calculando que los dobleces de una y otra no queden para el mismo lado. Se amarran luego con fibras de cascarón de plátano o con cabuya fina de fique, y se ponen a cocer a buen fuego y en suficiente agua, por espacio de cuatro o cinco horas, sacándolas de la olla tan luego se calcule que ya están, porque no conviene dejarlas indefinidamente dentro del agua7.

Tungos

Los Tungos. Por algún tiempo consideramos que, lo que por estos lados llamamos tungos masas de maíz sin ningún relleno adicional, de forma cilíndrica, los cuales son envueltos en hojas especiales denominadas guiches o piñuelas (planta de la familia de las bromelias) para luego ser cocidas en una olla con agua por una hora, aproximadamente era un plato exclusivo de Pueblo Llano, consumido únicamente durante la Semana Santa. Sin embargo, don Tulio Febres Cordero ya hablaba de su consumo generalizado en la región y al respecto proponía su origen indígena: Es el mismo pan de maíz de que hacían uso los indios del Orinoco, según Gumilla, quien dice a este respecto: ‘Del maíz molido a fuerza de brazo de las mujeres, hacen panes que, envueltos en hojas, cuecen, no al horno, sino en el agua hirviendo, teniendo para ellos ollas muy grandes. A este pan llaman cayzú’. Estos panes de maíz, muy socorridos para la gente pobre, se conocen en Mérida con el nombre de tungos, y también de carabinas, por su forma larga y cilíndrica; y rellenos con carne, toman el nombre ya dicho de hayaquitas de agua8. De modo pues que nuestros tungos tienen un origen muy remoto, no sabemos si la envoltura referida posee también la misma antigüedad que refiere el jesuita Gumilla.

Mute

El Mute. El maíz no podía estar ausente dentro de las sopas de nuestros antepasados, plato que se consumía con mucha frecuencia para combatir el frío del cuerpo y por su valor nutritivo. En algunos escritos es conocido como comida de indios. La IA refiere que es  una sopa tradicional latinoamericana muy espesa a base de maíz y carnes, típica de Colombia y Venezuela (Mute Santandereano, Mute Trujillano), Julio César Salas, también dice que el mute es “una sopa preparada de maíz cocido, llamada musti por los quichuas, mote por otras tribus y mute por los Mucus de Venezuela…9. No puedo dejar pasar por alto la ocasión para citar el rico mute que vendía la señora Valeria Valero, frente a la plaza Bolívar de Pueblo Llano, por allá en los lejanos años sesenta del siglo XX. 

Atol o Fororo. El maíz tostado y molido era otra forma de consumirlo, Salas dice que, a lo se denominaba fororo en Mérida en realidad era un atol “voz proveniente tal vez del azteca atoletl o del maya actole10. Por su parte, la IA establece la diferencia entre ellas: “Atol es una bebida espesa a base de harina de maíz (o avena) hervida con agua o leche, común en América Central y el Caribe, a la que se le añaden endulzantes o especias, mientras que el fororo es una harina de maíz tostado, típica de Venezuela, usada para hacer bebidas similares al atol o como alimento nutritivo, endulzado o no. Ambas son preparaciones similares, el atol es la bebida final y el fororo su ingrediente base tostado en Venezuela, ambos con variantes regionales”. A muchos de nuestros paisanos le completaban la leche materna con un biberón de atol, como pudimos observar en nuestros tiempos donde no había más recursos.

Maíz tostado

Maíz Tostado. El grano utilizado para producir cotufas o palomitas es Zea mays everta, una variedad especial de maíz cuyo grano tiene una cáscara dura que encierra humedad, lo que le permite explotar y convertirse en una masa esponjosa al calentarse. El maíz Cariaco y el Yucatán, variedades utilizadas en esta zona, no tienen estas características, sin embargo, sus granos se colocaban en un budare de barro para tostarlos y algunos de ellos hacían una pequeña “explosión” que apenas abría el grano que denominábamos “gallitos”, para irlos comiendo uno a uno. Su consumo era frecuente y muy antiguo como lo relata Julio César Salas: Entre los arrieros y portadores de algunas partes de los Andes existe aún la costumbre india de proveerse de maíz tostado, como alimento de viaje cómodo y barato, así preparado lo llamaban cancha los quichuas del Perú, cargándolo en una mochila llamada por ellos chuspa y por los indios de Mérida marusa fabricada de fique y con su pretal o cargador. Aviados así los chasquis o correos del inca, atravesaban valles, llanuras y montañas para llevar a los confines del imperio los mandados del hijo del Sol11.

El Rolo. El distinguido y recordado escritor del vecino pueblo de Las Piedras, Pedro José Paredes, hacía referencia en su libro Las Piedras a través del tiempo, sobre varias bebidas que se tomaban por las noches piedrenses mientras los miembros de la familia escuchaban cuentos de muertos y aparecidos, entre ellas estaba un preparado con maíz denominado “rolo”12, bebida que la cronista de Boconó, doña Lourdes Dubuc de Isea, ha tenido la deferencia de dejarnos la receta para su preparación en uno de sus libros: “Rolo. Se tuesta, muele y cierne el maíz en polvo. Se pone a hervir leche con canela y azúcar. Cuando esté hirviendo se deslíe en un poquito de leche unas cucharadas de harina de maíz en polvo, y se vierten en leche caliente. Se deja hervir unos minutos más y se baja13.

Cachapa

Jojotos. Se denominan jojotos a las mazorcas tiernas, frescas, que no han alcanzado el tiempo de maduración y tienen un sabor dulce, por lo tanto, son utilizadas en varias preparaciones, por ejemplo: en trozos acompaña a las demás verduras en un sancocho. Otra manera de consumirlos es poniéndolos a azar en un budare o al rescoldo de un fogón de leña, en algunos casos se le unta mantequilla para un mejor sabor. La manera más utilizada y comercializada de los jojotos es la elaboración de cachapas, que son tortillas rellenas a menudo con queso de mano, aunque también pueden ser acompañadas con otros ingredientes como carne mechada, cochino, pollo, etc. El paisano Jesús Alberto Araujo ha puesto muy en alto la gastronomía pueblollanera en la ciudad de Mérida con su emprendimiento denominado El Cachapón.

Mantecadas. La mantecada es uno de los tantos platos donde el maíz pasó a formar parte de las tradicionales recetas que se trajeron de España, así lo refiere el historiador Rafael Cartay: “La mantecada, el bizcochuelo y las rosquillas, así como los buñuelos, los churros, los suspiros, el mazapán, los melindres, el brazo gitano, el tocinillo del cielo, la torrija, y otros postres más pertenecen al acervo de la repostería de Castilla, una de las cocinas más reputadas de España14.

            La mantecada era el postre principal que se obsequiaba en las Paraduras de Niño, acompañado con una copa de vino, una rosca de pan y un cigarrillo. Posteriormente fue sustituida por el bizcochuelo, que en Pueblo Llano se empeñaron en denominarlo “pasta”.

Una receta de mantecada es la siguiente:

-Una y media tazas de harina de trigo;

-Una y media tazas de harina de maíz;

-Dos tazas de azúcar;

-Una taza de mantequilla criolla;

-Seis huevos frescos;

Una cucharada de vainilla15.

Mantecada

Arepas de horno. Las arepas de horno eran las preferidas de los habitantes de Pueblo Llano, competía en sabor con los panes que salían de las manos prodigiosas de la Negra Clema, destacada “amasadora” que vivía en el sector La Horca. Para elaborarlas, primero molía el maíz, lo cernía en un cedazo para luego mezclarlo con cuajada o queso rallado, miel de abeja o panela, amasaba suficientemente la mezcla, luego elaboraba las arepas de un tamaño menor que las normales, le abría un pequeño orificio en el centro para rellenarlo con papelón, finalmente la metía al horno de leña hasta que alcanzaba un color dorado.

            Dejaremos para próximas entregas dos artículos adicionales, uno sobre la arepa y otro referente a la chicha, ambos escritos a partir de las acertadas investigaciones de don Tulio Febres Cordero. 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

(30/04/26)

Notas:

(1)  José Ignacio Lares y Tulio Febres Cordero apuntaban que los indios mirripuyes de El Morro, en el estado Mérida, denominaban al maíz como Hussá, palabra de origen quichua. El mismo Febres Cordero dice que los mucuchíes y mucubaches, también del mismo estado, le daban el nombre de Chijsjac, y su apocope Chjá lo anota Amílcar Fonseca para uso de los indígenas de Trujillo. En: Mario BRICEÑO-IRIGORRY. Mérida la Hermética. Mérida, Venezuela, 1997. p. 58.   

(2)  Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”. Academia de Mérida, Ediciones del Rectorado, Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela, 1997. pp. 101, 102.

(3)  Galeotto CEY. (1995). Viaje y descripción de las Indias (1539- 1553). Caracas: Fundación Banco Venezolano de Crédito. Colección V Centenario del Encuentro de dos Mundos.

(4)  Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”.Op. cit. p. 102.

(5)  Rafael CARTAY. La mesa de la meseta, historia gastronómica de Mérida. Editorial Venezolana, Colección Surcos y Tradiciones. Mérida, Venezuela, 2014. p. 81.  

(6)  Ídem.

(7)  Rafael CARTAY. La mesa de la meseta, historia gastronómica de Mérida. Op. cit. pp. 82, 83.

(8)  Tulio FEBRES CORDERO. Archivo de Historia y Variedad. Obras Completas. Tomo III. Capítulo. LXXXVII. COSAS CRIOLLAS. EN TORNO DE LA AREPA. Editorial Antares LTDA, Bogotá, Colombia, 1960. p. 257.

(9)  Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”.Op. cit. p. 102.

(10)              Ídem.

(11)              Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”.Op. cit. p. 101.

(12)              Pedro José PAREDES. Las Piedras a través del tiempo. 2º Edición. Producciones Editoriales C.A., Mérida, Venezuela. 2014. p. 252.

(13)              Lourdes DUBUC DE ISEA. Romería por el folklore boconés. Talleres Gráficos Universitarios. Mérida, Venezuela, 1966. p. 501.

(14)              Rafael CARTAY. La mesa de la meseta, historia gastronómica de Mérida. Op. cit. p. 118.

(15)              Ídem.

martes, 14 de abril de 2026

DOS MATRIMONIOS EXPRÉS Y DE ALCURNIA,CELEBRADOS EN PUEBLO LLANO, 1859.

 

DOS MATRIMONIOS EXPRÉS Y DE ALCURNIA, CELEBRADOS EN PUEBLO LLANO COMO CONSECUENCIA DE LA GUERRA FEDERAL, 1859.

Pueblo Llano, avenida Bolívar, año 1950, aproximadamente, siglo XX

En el período venezolano comprendido entre 1858 y 1863, llamado por algunos historiadores indistintamente como, de la guerra larga, de los cinco años o de la federación, se desarrollaron enfrentamientos militares entre tendencias conservadoras y liberales que produjeron en el país infinidad de encuentros armados generando ríos de sangre, dolor, angustia y ruina por todas partes. Está considerado el enfrentamiento bélico más largo y costoso para Venezuela tras su independencia de España. Los conservadores, oligarquía surgida después de la guerra emancipadora, fuertes en recursos humanos y económicos, se oponían a modificar el orden social establecido desde la colonia, imperturbable luego de la guerra, incluyendo entre otras cosas el sistema electoral. Por otro lado, los liberales proclamaban los ideales de libertad e igualdad. Durante la guerra, los liberales eran conocidos con el nombre de federalistas ya que el federalismo y la autonomía de las provincias eran sus reivindicaciones principales.

La mayoría de los adeptos al gobierno se encontraban en Los Andes, mientras que los seguidores de la causa federal se hallaban diseminados generalmente en los llanos. El 20 de febrero de 1859, un grupo de liberales, liderados por Tirso Salaverría, asaltan sorpresivamente la fortaleza de la ciudad de Coro y tras breve éxito logra que toda la provincia proclame la Federación. A los dos días desembarca en la Vela de Coro el general Ezequiel Zamora y proclama el estado Independiente de Coro, designa un gobierno provisional presidido por Falcón, organizó sus tropas y marchó contra las del gobierno a las que derrotó en El Palito, siguiendo hacia los llanos occidentales1. De allí en adelante la campaña fue centelleante. Decretó los Estados de Coro, Yaracuy y Portuguesa, donde las poblaciones enteras se plegaban a sus banderas: la tricolor de Venezuela y la amarilla de su Partido, con aquel mensaje de tantos años grabado en la misma: “Libertad, Igualdad, Fraternidad, Horror a la Oligarquía”2.

Ezequiel Zamora

En los llanos de Barinas y Portuguesa la noticia de la llegada de Zamora llenó de optimismo a los grupos guerrilleros que actuaban en esas comarcas desde 1858, combatiendo “por tierras y hombres libres”. Tenían como jefes a Natividad Petit, José Antonio Linares, Martín Espinoza, Antonio Álvarez y Regino Sulbarán, éstos multiplicaron sus esfuerzos y organizaron un ejército en forma, con la cooperación del Licdo. Francisco Iriarte y los revolucionarios franceses Napoleón Avril, Carlos Henrique Morton de Keratry (autor del lema “Dios y Federación”)3, extranjeros que contribuyeron a darle un sustento ideológico al movimiento, pues, cuando tomaron Puerto Nutrias en marzo de 1859, se oyó por primera vez en una proclama de Antonio Álvarez el lema de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

            El 16 de abril de 1859, amaneció Zamora en Barinas, sitiando una ciudad defendida por uno de los bravos de Junín, el anciano General Ramón Escobar, Guardián del Gran Parque de Occidente. Dura fue la batalla y durante cuatro días de muerte y destrucción, no pudo tomar el recinto fortificado de la Plaza, dejando en el campo varios de sus mejores oficiales, la ciudad en un lamentable estado, pues fue atacada cuadra por cuadra y casa por casa…”4, Zamora ordena incendiarla, y en el mes de mayo logra tomarla, pero solo encuentra cenizas y desolación, la mayoría de sus habitantes habían emigrado hacia las tres provincias andinas, desplazamiento encabezado por el gobernador Hipólito de La Cueva y por el jefe Militar General Canagua.

La caravana de familias barinesas, aterradas por los recientes sucesos, avanza penosamente por el agreste camino de Los Callejones, la mayoría son presas del cansancio, el hambre y el cambio de clima que experimentan sus cuerpos a medida que trepan la cordillera. Muchos deciden parar algunos días en las poblaciones de Santo Domingo, Las Piedras y Pueblo Llano, para recuperar fuerzas.

Al respecto escribe Eduardo Picón Lares: “Las familias de mejor posición salieron de la vetusta y arruinada Ciudad de los Marqueses como estaban vestidas de entre casa, un día domingo, y andando con la piel desollada por el sol reverberante de aquellos parajes cálidos, los pies hinchados, los ojos llenos de lágrimas y el terror marcado en sus semblantes, huyeron del Boves de los Llanos, llegaron las familias Febres Cordero, Troconis, Villafañe, Rubio, Gonzalo y otras tantas, al pueblo de Las Piedras, donde acudieron a recibirlas algunos personajes respetables de la sociedad merideña, entre otros el doctor Gabriel Picón Febres y el señor Lucio Troconis…”5.

Como vemos, importantes familias barinesas conformaron la expedición hacia Mérida, entre ellas los Troconis, Febres Cordero y Picón. Es muy probable que dos fastuosas bodas de estas familias se iban a celebrar aquel domingo en la ciudad de Barinas para el momento en que llega Zamora y su gente, echando todo por tierra. Al no poder realizarse, los contrayentes decidieron casarse en la iglesia de Pueblo Llano mientras llegaban mejores tiempos. Se trató del enlace entre el Br. Lucio Troconis, hijo de don José Antonio Troconis y doña Fulgencia Andrade y la señorita Rosalía Febres Cordero, hija del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia Troconis. La boda se celebró el 23 de abril de 1859, siendo testigos los señores Emilio Mazei y Fulgencia Andrade. El segundo enlace se realizó aquel mismo día, entre Gabriel Picón Febres, hijo de don Gabriel Picón y doña Apolinaria Cordero y la señorita María del Rosario Febres Cordero, también hija del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia Troconis. Fueron testigos de este segundo enlace los señores Diego Picón Febres y Angela Carnevali6.

Palacio Arzobispal, Mérida.

 

El historiador Eduardo Picón Lares apunta que el doctor Gabriel Picón Febres y el señor Lucio Troconis habían llegado a Las Piedras desde la ciudad de Mérida a recibir y amparar a sus familiares que venían de Barinas7, pero, lo más lógico es pensar que ambos personajes iban camino hacia Barinas, a la celebración de las bodas citadas, cuando los sorprendió, durante el trayecto, la noticia del asalto a la ciudad llanera.

Mientras aquellas uniones apresuradas ocurrían en pleno páramo merideño, Zamora en Barinas procedió a constituir la provincia federal, se hicieron elecciones y se reunió una legislatura que constituyó el Estado Federal Zamora.

Los personajes de los matrimonios aludidos pertenecían a familias distinguidas merideñas con raíces en la ciudad de Obispos de la actual Barinas. Las dos mujeres que contrajeron nupcias ese día, con sus respectivos novios, eran hijas del doctor Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien había nacido en San Félix de Curaridal (Estado Falcón) el 05 de junio de 1802. Hizo sus estudios en la Universidad de San Buenaventura de Mérida, donde se graduó de Doctor en Derecho Civil en 1827. En la capital serrana contrajo matrimonio en 1831 con Braulia Estefanía Troconis Gogorza (hija de Lucio Troconis Añez y de Josefa Gogorza Lechuga). Por más de veinte años ejerció la magistratura judicial en diversos lugares de la zona occidental del país. Fue Juez de Letras de Primera Instancia en las provincias de Trujillo, Mérida y Barinas, etc.; fue diputado al Congreso Nacional y a la Gran Convención de Valencia en 1858, Secretario General de Gobierno de la provincia de Mérida y de la de Barinas. Dejó de existir en Trujillo después de una larga vida7. Una de sus hijas, Rosalía Febres Cordero Troconis, nació en Mérida el 03 de septiembre de 1840, tenía 19 años cuando casó en Pueblo Llano con su primo hermano Lucio Troconis Andrade, hijo de José Antonio Troconis Gogorza y de Fulgencia Andrade Pirela, por lo que el padre del novio era hermano de la madre de la novia.

            La otra hija del Dr. Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien también contrajo nupcias en aquel momento, fue María del Rosario Febres Cordero Troconis nacida en Barinas en 1836 y contaba con 23 años de edad, su enlace fue con el Dr. Gabriel Picón Febres, hijo de Gabriel Picón González y de Apolinaria Febres Cordero Díaz Viana, por lo que la madre del novio era hermana del padre de la novia, de ahí que, también eran primos hermanos8.

            El 24 de noviembre de 1859 el cura Rector de la iglesia El Sagrario de Mérida Pbro. José Ulpiano Perdomo procede a las velaciones9 y bendiciones nupciales, según lo dispuesto en el Misal y Ritual Romano, a los esposos Rosalía Febres Cordero Troconis y Lucio Troconis Andrade.

            Dos días después, el 26 de noviembre de 1859, los esposos María del Rosario Febres Cordero Troconis y el Dr. Gabriel María Picón Febres Cordero, reciben igualmente los rituales anteriores10, quedando ambos eventos registrados en el libro respectivo de la parroquia El Sagrario de la ciudad de Mérida, sin embargo, el sacerdote de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano no registró dichos eventos en el libro de matrimonios de esta parroquia11.

            Los esposos Rosalía y Lucio murieron junto con sus suegros, tres de sus hijos y otros parientes, el 18 de mayo de 1875, en el terremoto de Cúcuta, Colombia. Habían tenido 10 hijos, entre ellos al Dr. Luis Troconis Febres que nació en Cúcuta, Dolores Troconis Febres que casó con un hijo del Dr. Foción Febres Cordero.

            Del matrimonio entre María del Rosario y el Dr. Gabriel María nació, entre otros, el 10 de septiembre de 1860, el Dr. Gonzalo Picón Febres, escritor y abogado, una parroquia del municipio Libertador del estado Mérida lleva su nombre.

Dr. Gonzalo Picón Febres

            Sobre la costumbre que tenía las familias, aquí citadas, de emparentarse con miembros de la misma estirpe, el Dr. Ricardo Gil Otaiza, biógrafo del Dr. Tulio Febres Cordero, trata de dar una explicación al respecto:Podíamos argumentar que en una ciudad pequeña, como lo es la Mérida de finales de siglo XIX y comienzos del XX, son pocos los partidos que se le presentan a las mujeres en edad de casamiento. Lógicamente, ello se agrava cuando se cierra el espectro social de una familia noble, cuyas relaciones deben estar cimentadas en ‘igualdad’ de condiciones históricas, culturales, y de patrimonio. Invitan a casa a la misma familia, las relaciones sociales se hacen entre miembros de la misma casta, o con sus iguales, las familias numerosas se reúnen en fechas importantes y los primos se enamoran entre ellos, o los tíos de sus sobrinas. En todo caso, las cosas quedan en familia.

            Otras podrían ser las circunstancias. De manera deliberada los miembros de mayor peso de una familia con linaje deciden estrechar el cerco y así evitar las denominadas ‘ovejas negras’, que tanto avergüenzan a las familias hidalgas. Es decir, luego de una fiesta, o de alguna celebración religiosa, o tal vez después de una buena partida de cartas, los cabezas de familia toman la decisión de casar a sus hijos entre ellos para que no se pierda la hidalguía, y la sangre siga siendo ‘azul’. Sobre todo, ello cobra importancia cuando se trata de hijas, cuyo apellido paterno se pierde si la muchacha se casa con un miembro de familia distinta; es entonces cuando las cosas se arreglan y el apellido queda ad infinitum. Analizada fríamente la situación, resulta un hecho pueril, un tanto cursi, casi inverosímil, pero cuando intentamos pensar en una mentalidad cercana al hombre y a la mujer de hace una centuria, la connotación se hace distinta, compleja, de vida o muerte. En todo caso, no sabemos a ciencia cierta cuáles fueron las razones para que tales situaciones se dieran: empero, acaecieron, y el mundo siguió su curso. El linaje aún se mantiene, no con el peso de otrora -como es lógico suponer-, pero sí con el orgullo de un pasado que por lo visto no ha sido cualquier cosa para Mérida12.

            Volviendo a aquellos años aciagos del siglo XIX, las ilustres familias llaneras que llegaron a Mérida después de haberlo perdido todo, el 10 de junio de 1859 intentaron introducir una demanda en el Juzgado de Primera Instancia de la antigua provincia de Mérida, para solicitar cargos contra los responsables de la guerra en los llanos, por considerar que las actuaciones tipificaban un delito que atentaba contra los bienes, la vida y el bienestar de los habitantes de esas regiones acosadas por bandoleros y aventureros que solo persiguen aniquilar la paz nacional. Entre ellos estaban el comandante Hipólito de la Cueva, gobernador depuesto, José Antonio Baldó, el capitán Isilio Febres Cordero, Ambrosio Padrón, José del Rosario Delgado, Carmen Rivas, Lorenzo Roca, capitán Bernabé Sifuentes, doctor Pedro Febres Cordero, Nicolás Reimi, Román Castro, Tácito Piña, entre otros13. En este acto jurídico administrativo que emprendían los señores de Barinas, presentaron varios testimonios de algunos testigos que habían presenciado los acontecimientos y quienes daban fe de los criminales actos cometidos en la ciudad Marquesa. Pocos resultados obtuvieron los agraviados en aquella época de barbarie donde el estado de derecho era letra muerta. No Obstante, los pueblos andinos salieron favorecidos por el hecho de que tan valiosas familias pasaran a engrosar sociedades como la merideña, donde ya gozaban de respeto, aprecio, y además contribuyeron, en los años sucesivos, con el realce de la cultura y la educación en la ciudad de las Cinco Águilas Blancas.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano.

(15/04/26)

Notas:

 

(1)  Roberto VETENCOURT. Tiempo de Caudillos. Caracas, 1994. pp. 39, 40.

(2)  José LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. 6° Edición. José Agustín Catalá. Editor. Centauro/92. Caracas, Venezuela, 1992. p. 42.

(3)  Federico BRITO FIGUEROA. Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas, 1975. p. 301.

(4)  José LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. Op. cit. p. 42.

(5)  Eduardo PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Universidad de Los Andes. Talleres Gráficos Universitarios, Mérida, Venezuela, 2008. p. 348.

(6)  Archivo Arquidiocesano de Mérida. Libro de Bautizos de la Parroquia El Sagrario de Mérida, año 1859. ff. 90, 91.

(7)  Eduardo PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Op. cit. p. 348.

(8)  Ramón Darío SUAREZ. Historial Genealógico de los Febres-Cordero y algunas de sus alianzas. Editorial Euroamérica, Mérida Venezuela, 1969.

(9)  “El acto de velar a los novios en la ceremonia nupcial es un rito religioso, especialmente católico, donde un velo o manto cubre la cabeza de la novia y los hombros del novio, simbolizando la unión, protección divina, bendición y el nuevo hogar que forman como una sola entidad ante Dios y la comunidad, marcando un compromiso sagrado y eterno. Los padrinos de velación (familiares cercanos) son quienes colocan el velo, y es un momento emotivo y simbólico que a veces se realizaba en una ceremonia separada pero ahora se integra en el matrimonio”. IA. [Consultado el 20 de enero de 2026].

(10)              Libro de Matrimonios de la parroquia El Sagrario de San José de Mérida, folio 90v, correspondientes al año 1859.

(11)              En el libro 2 de Matrimonios de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano (1847-1873) observamos que en el folio 38v hay dos partidas de matrimonios correspondientes al 07 de marzo de 1859 y la siguiente, en el folio 39, corresponde a un matrimonio efectuado el 19 de marzo de 1860, por lo que se concluye que las partidas correspondientes a los dos matrimonios de las familias merideñas no fueron asentados en este libro. El sacerdote para aquella época era el Pbro. Justo Pastor Arias.

(12)              Ricardo GIL OTAIZA. Tulio Febres Cordero. Biblioteca Biográfica Venezolana N° 60. EL NACIONAL. BANCARIBE.  Editorial Arte, Carcas, Venezuela, 2010. pp. 51 y 52.

(13)              Alberto PÉREZ LARRARTE. Entre nieblas y sabanas. Disponible en Amazon.

 

 

 

 

lunes, 30 de marzo de 2026

EL MAIZ

 

Agricultura y gastronomía prehispánica local 

                                                                     EL MAIZ

Maíz negro o morado, imagen cortesía de Javier Antonio Padilla.

El maíz era, y sigue siendo, una de las principales fuentes de alimentación para los habitantes de América, desde muchos siglos antes de la llegada de los europeos en el siglo XV. Fue tanta la importancia dada por los naturales a este rubro que los habitantes de Mesoamérica, como el pueblo Quiche de Guatemala, consideraron que los seres humanos habían sido hechos a partir del maíz: “…. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados…”1.

Los científicos han comprobado que el maíz actual se originó de la gramínea silvestre denominada teocintle (Zea mays ssp. parviglumis), una planta parecida a la maleza con granos duros, la cual crecía de forma natural en México, especialmente en la Cuenca de Balsas2. Se considera que el maíz tiene una antigüedad de unos 10.000 años y las primeras evidencias del grano cultivado provienen de cuevas en Tehuacán, Puebla, México, con datación de hace unos 7.000 años. Los pobladores comenzaron, a través de miles de años, a seleccionar los mejores granos para utilizarlos como semilla y de esta manera, a partir del teocintle, que tenía pocos granos, pequeños y duros, y con la interacción con otras gramíneas, se llegó a la mazorca grande y nutritiva que conocemos hoy en día3. Luego se fue extendiendo por el resto de América, tomándose, hasta ahora, a México como su lugar de origen.

Dios del maíz, cortesía de internet 

En lo que respecta a la presencia del maíz en Suramérica, particularmente en la Nueva Granada, apuntaba el cronista Basilio Vicente de Oviedo: “…el mayor alimento, especialmente para los pobres y para los indios y gentes campesinas, es el maíz, que es trigo de las Indias, que se produce sembrando en todas partes de este Reino, sean tierras templadas o frías o calientes; y en tierras calientes se dan dos cosechas en cada un año, con suma abundancia, pues una fanega de doce almudes, que hacen una carga desgranada, vale siete u ocho reales, y el almud tres cuartillos en cosecha y entre año poco más. Solo vi que en las tierras calientes a pocos meses le da una plaga que llaman gorgojo, que lo vuelve harina y no sirve4.

Siguiendo hacia los Andes merideños, encontramos en varios documentos de los siglos XVI y XVII referencias sobre la producción de maíz en la zona. En efecto, el primer contacto que tuvieron los indígenas de la cordillera con los conquistadores europeos, no fue otro que el saqueo que sufrieron los primeros de parte de los soldados del alemán Jorge Spira, alrededor de 1535. El relato del primer cronista de Venezuela, fray Pedro de Aguado, escribe que Spira, después de recorrer gran parte del territorio venezolano, llega a lo que hoy es el estado Barinas. Cansados, enfermos, sin comida y sin poder movilizarse por encontrarse en plena época de lluvias se alojaron en aquel sitio durante varios días, alimentándose de palmitos y otras hierbas silvestres que acrecentaron el número de enfermos. Estando en estas necesidades Spira se enteró que en las sierras que se levantaban ante sus ojos había algunos pueblos donde se podía encontrar abundante comida, para lo cual “…envió a su teniente, llamado Francisco de Velasco, con doscientos hombres y algunos caballos, y le mandó que llegase con los caballos hasta el pie de la sierra, y que quedándose él en unos poblezuelos de indios que allí había, con alguna gente, enviase la demás arriba a traer comida y le proveyesen de todo el mais (sic), yuca y patata y sal que pudiesen, que era todo bien menester…”5.

Mazorcas cultivadas en Pueblo Llano, imagen cortesía de Francisco Quintero R.

Francisco Velasco llegó hasta el pie de la cordillera, posiblemente en lo que hoy es Barinitas, allí se quedó con cincuenta hombres y envió a trepar la cordillera a Nicolás de Palencia con el resto del grupo, quienes, más adelante “…hallaron un bohío redondo muy grande, hecho en un arcabuco o montaña, en el cual había más de mil quinientas hanegas (sic) de maíz; y alegrándose los soldados con tan buen encuentro, pararon allí con el servicio de indios que llevaban, de donde salían a correr los pueblos y lugares de alrededor, prendiendo alguna gente de la que por allí había, ranchándoles esa miseria que tenían, donde hubieron alguna provisión de sal, con que restauraron algún tanto la mucha falta que de ello todos tenían; y enviando de este bohío redondo la gente que pudieron cargada de maíz y otras raíces y sal, que quedaron los más de los soldados en guarda de aquel bohío, porque si lo desamparaban, los indios les escondiesen el maíz...”6.

En la visita que realizó Bartolomé Gil Naranjo, en 1586, a la zona del actual estado Mérida, entre la principal disposición que traía, como era la de agrupar a los indígenas en pueblos al estilo español para servir mejor a sus encomenderos y poder ser adoctrinados, ordenó a los naturales de las encomiendas sembrar, desherbar, coger, acarrear y desgranar lo que resultare de cultivar una labranza equivalente a tres fanegas de maíz y otra de algodón de cuatro almudes de pepita, semillas que tenía que ser aportadas por el encomendero. Cada indio debía hilar seis libras de algodón, para lienzo, cada año. Por otra parte, debían trabajar en las haciendas del encomendero como gañanes, arrieros, ovejeros, porqueros y yegüeros, este trabajo tenía que hacerlo cada indio, según su oficio, durante seis meses y por el cual debía ser remunerado con media fanega de maíz cada mes, para su alimentación, una manta de algodón de dos varas y media de lienzo y un sombrero, cada año. De la comunidad debían escoger a un indio y una india, solteros o huérfanos, para que fuesen a servir a la casa del encomendero en la ciudad de Mérida durante un año, por ello, debían de recibir cada mes media fanega de maíz… 7.

Referente a Pueblo Llano, en la visita que realizó el escribano Rodrigo Zapata, por orden del Visitador General Licenciado Alonso Vásquez de Cisneros, en 1619, escribe que ... partió del dicho sitio de la iglesia y fue caminando el dicho valle abajo y con él fueron las personas nombradas y descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas (papas) que había por todo dicho valle abajo...”8. El lugar a que hace referencia el escribano es el que va del actual sector La Conquista hasta el sitio La Punta, allí se entra a una vega para atravesar el río y salir a la meseta de La Quinta, en la parroquia Las Piedras del municipio Cardenal Quintero.

El día siguiente, viniendo desde Aracay, para tomar el camino hacia el pueblo de Santo Domingo, al lado del actual puente de Las Piedras, expresa: “…Y estando el dicho Rodrigo Zapata y las demás personas referidas en el dicho camino real junto a la dicha quebrada de las piedras que es el camino que va a Barinas se vio sobre mano derecha en vegas de la dicha quebrada de las piedras un sitio corto donde había labranzas de maíz que informaron las dichas personas eran de indios de el dicho pueblo llano que llaman el sitio del Guayabal. Y se prosiguió el dicho camino viendo y descubriendo muchas labranzas de maíz y turmas, apios y otras raíces de una y otra banda del dicho río de Santo Domingo que dixeron ser de indios de las encomiendas del pueblo llano de Antonio de Reynoso y de Santo Domingo del alférez Juan Félix de Bohórquez y que siempre las habían tenido y tenían juntas y mezcladas unos con otros9.

El ingeniero Francisco Quintero, mostrando el fruto de su cosecha.

Como apuntaba el cronista Basilio Vicente de Oviedo, el maíz se plantaba en casi todos los pisos térmicos, por lo que su cultivo era generalizado, los Aruacos de Guayana, por ejemplo, según apunta Alfredo Jhan, se hicieron sedentarios debido a la “dificultad para el cultivo del maíz, desmalezando el terreno, horadando la tierra, en la recolección del producto, etc. Obligó a los Aruacos a hacerse más sedentario, permanecer un mayor tiempo en un determinado lugar y, además, buscar mano de obra fuera de la tribu para ser utilizada en estas faenas en la mayoría de las veces como esclavos10.

La servidumbre la impusieron conquistadores y encomenderos en la zona Andina, pues la vocación agrícola de sus habitantes era manifiesta desde siglos antes de la llegada de los europeos, quienes se aprovecharon para despojándolos de sus tierras y utilizándolos como mano de obra. Razón por la cual el visitador Vásquez de Cisneros reguló la actividad del cultivo del maíz en una de sus ordenadas dictadas en 1620, donde distinguía tres tipos de labores con dos variedades de maíz, el Cariaco y el Yucatán:

 Labores de mais caricaco. Por cada fanega de mais cariaco de sembradura dandoles la tierra beneficiada y arada con Bueyes por sembrarlo deservarlo cogerlo y encerrarlo en la casa teniendola en la estancia o lavor llevandolo con bestias que para ello se les a de dar a los dhos. indios se les de a todos los que en comun beneficiaren la dha fanega de mais de sembradura seis pesos de platta y al mismo respecto mas o menos lo que fuere In cantidad de sembradura dandose para ellos los yndios de las partes mas cercanas que se reparta entre los que lo beneficiaren y trabajaren y no entre otros.

Labor de maíz Yucatan.-Y por que en esta Provinzia de Merida y en las de Harinas (sic) Gibraltar y Pedraza ay otro jenero de mais que llaman Yucatan y ocupa mas tierra en su lavor y por esta razon se acresienta mas el trabajo en su cultura y beneficio se les de a los yndios que beneficiaren una fanega de maiz de sembradura dandoles los dueños de ella la tierra dispuesta para ello y por el desiervo cogerlo y encerrarlo en la forma referida doze pesos de plata y siendo lavor fuera de sus tierras de los dhos indioss como es elegido y estancias que se labran de la otra banda de el Río de Alvarrega que estan enfrente de esta dha Ciudad de Merida de mas de la dha Paga se les de el sustento necessario el tiempo que en ello se ocupare dando para ello los dhos yndios de las partes mas cercanas y la dicha paga sea de repartir entre los que sirvieren y trabajaren en este ministerio y no en otros; Y se declara que las Rosas y labranzas que los dhos indios an de haser para sus encomenderos y otras personas no an de estar mas lejos de la poblason nueba de los indios de tres leguas. Mais en Rosa de Arcabuco. -El maíz que se sembrare en Rosa de montaña grande por Rosar y quemar el monte y coger el mais se de y pague a los yndios que acudieren a este travajo y benefficio por cada fanega de maiz Yucatan de sembradura quinze pesos de ocho reales castellanos y si se bolviese a sembrar la misma rosa el año siguiente por estar ya fha. y havcrse de dar un desierto a la dha sementera y aporrear el barjal que hubiere cresido se les de por todo su beneficio cojer y enserrarlo ocho pesos de platta estando la Caja donde se hubiere de cojer en la dha labranza y dando les vestías para ello y si la dha lavar estuviere donde los yndios no puedan bolver a dormir a sus casas aquel día se les a de dar a comer con mas todas herramientas para hazer las dhas rosas las quales no an de ponerlos indios sino que se las an de dar sus encomenderos y personas cuyas fueren las dhas rosas y que se les de bueyes y rexa y algunas vezes a los indios para sus labranzas dando para ello los dhos indios de las partes mas sercanas; y la dha paga se a de repartir”11.

Variedades de maíz, cortesía internet

            A pesar de que el cultivo del trigo se introdujo en estas tierras andinas desde muy recién la llegada de los conquistadores, adaptándose enseguida y produciendo excelentes cosechas, el cultivo del maíz y su utilización en diferentes platos nunca decayó. Varias variedades del grano se conocían en la zona, tal como lo apunta Julio César Salas:Los indios Mucus sembraban varias clases de maíz: en cuanto al color, blanco, amarillo, rosado y aún violeta obscuro y casi negro, favorito de las tribus Timotes de Santo Domingo y Pueblo Llano, llamado maíz cariaco, que todavía siembran en los Andes, así como otras variedades indígenas, o introducidas de otra parte de América, distintas por el aspecto de las plantas, tamaño, sabor y dureza de los granos, cada clase lleva su nombre especial, una de esas especies que se siembra en clima templado en Tabay y otras partes, de gran rendimiento y robustez, propia para terrenos montañosos o rozas nuevas, es la llamada yucatán de grano muy grande y de color blanco, importada tal vez de México, donde los aztecas llamaban a la mazorca de maíz olotl, lo que nuestros indios llaman tusa que es también el ánima o astil sin granos, a éstos se les nombra en lengua azteca tlaolli, pues la voz maíz proviene del idioma taíno de las Antillas mayores12.

            Para continuar con la milenaria tradición de escoger los mejores granos como semilla, en Pueblo Llano observamos que los agricultores seleccionaban las mazorcas más robustas, hacían atados de dos mazorcas, denominados saquimis, con las mismas hojas secas, y luego los colgaban en una viga del techo de la vivienda hasta la siembra del año siguiente.  

            Sobre las diferentes formas de utilizar el maíz para preparar las comidas tradicionales, nos ocuparemos en un próximo artículo.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista oficial del municipio Pueblo Llano

(31/03/26).


Notas: 

(1)  Popol Vuh. Anónimo. Las antiguas historias del Quiche de Guatemala. Panamericana Editorial Ltda. Bogotá, Colombia, 1997. p. 126.

(2)  IA. Consultado el 22 de diciembre de 2025.

(3)  Ídem.

(4)  Basilio Vicente DE OVIEDO: Cualidades y riquezas del nuevo reino de granada. manuscrito del siglo XVIII. Biblioteca de Historia Nacional. Volumen XLV. Bogotá -Imprenta Nacional, 1930. p. 49.

(5)  Fray Pedro de AGUADO: Recopilación Historial de Venezuela, Tomo I. Tomo I. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Nº 62, Caracas, 1963. pp. 146,147.

(6)  Ídem.

(7)  Archivo General de la Nación. Traslados. Archivo Histórico Nacional de Colombia. Ciudades de Venezuela. Tomo 22. Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida, Venezuela. pp. 95-98.

(8)  Archivo General de la Nación. Colección Los Andes. Traslados del Archivo Histórico Nacional de Colombia. Ciudades de Venezuela. Tomo R 19. Biblioteca Sala Febres Cordero, Mérida, Venezuela. p. 83

(9)  Ibidem. p. 85.

(10)              Alfredo JAHN. Los aborígenes del occidente de Venezuela. su historia, etnografía y afinidades lingüísticas. LIT. Y TIP. DEL COMERCIO, CARACAS, 1927.p. 55.

(11)              Joaquín GABALDON MÁRQUEZ (Compilador). Fuero Indígena Venezolano. pp. 841, 842.

(12)              Julio César SALAS. Etnografía de Venezuela. Colección “Temas y Autores Merideños”. Academia de Mérida, Ediciones del Rectorado, Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela, 1997. p. 101.