DOS MATRIMONIOS EXPRÉS Y
DE ALCURNIA, CELEBRADOS EN PUEBLO LLANO COMO CONSECUENCIA DE LA GUERRA FEDERAL,
1859.
Pueblo Llano, avenida Bolívar, año 1950, aproximadamente,
siglo XX
En el período
venezolano comprendido entre 1858 y 1863, llamado por algunos historiadores
indistintamente como, de la guerra larga, de los cinco años o de la federación,
se desarrollaron enfrentamientos militares entre tendencias conservadoras y
liberales que produjeron en el país infinidad de encuentros armados generando ríos
de sangre, dolor, angustia y ruina por todas partes. Está considerado el
enfrentamiento bélico más largo y costoso para Venezuela tras su independencia
de España. Los conservadores, oligarquía surgida después de la guerra emancipadora,
fuertes en recursos humanos y económicos, se oponían a modificar el orden
social establecido desde la colonia, imperturbable luego de la guerra, incluyendo
entre otras cosas el sistema electoral. Por otro lado, los liberales proclamaban
los ideales de libertad e igualdad. Durante la guerra, los liberales eran
conocidos con el nombre de federalistas ya que el federalismo y la autonomía de
las provincias eran sus reivindicaciones principales.
La mayoría de los
adeptos al gobierno se encontraban en Los Andes, mientras que los seguidores de
la causa federal se hallaban diseminados generalmente en los llanos. El 20 de
febrero de 1859, un grupo de liberales, liderados por Tirso Salaverría, asaltan
sorpresivamente la fortaleza de la ciudad de Coro y tras breve éxito logra que
toda la provincia proclame la Federación. A los dos días desembarca en la Vela
de Coro el general Ezequiel Zamora y proclama el estado Independiente de Coro,
designa un gobierno provisional presidido por Falcón, organizó sus tropas y
marchó contra las del gobierno a las que derrotó en El Palito, siguiendo hacia
los llanos occidentales1. De allí en adelante la campaña fue centelleante.
Decretó los Estados de Coro, Yaracuy y Portuguesa, donde las poblaciones
enteras se plegaban a sus banderas: la tricolor de Venezuela y la amarilla de
su Partido, con aquel mensaje de tantos años grabado en la misma: “Libertad,
Igualdad, Fraternidad, Horror a la Oligarquía”2.
Ezequiel Zamora
En los llanos de
Barinas y Portuguesa la noticia de la llegada de Zamora llenó de optimismo a
los grupos guerrilleros que actuaban en esas comarcas desde 1858, combatiendo
“por tierras y hombres libres”. Tenían como jefes a Natividad Petit, José
Antonio Linares, Martín Espinoza, Antonio Álvarez y Regino Sulbarán, éstos
multiplicaron sus esfuerzos y organizaron un ejército en forma, con la
cooperación del Licdo. Francisco Iriarte y los revolucionarios franceses
Napoleón Avril, Carlos Henrique Morton de Keratry (autor del lema “Dios y
Federación”)3, extranjeros que contribuyeron a darle un sustento
ideológico al movimiento, pues, cuando tomaron Puerto Nutrias en marzo de 1859,
se oyó por primera vez en una proclama de Antonio Álvarez el lema de la
Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
El 16 de abril de 1859, amaneció Zamora en Barinas, sitiando una ciudad defendida por uno de los bravos de Junín, el anciano General Ramón Escobar, Guardián del Gran Parque de Occidente. Dura fue la batalla y durante cuatro días de muerte y destrucción, no pudo tomar el recinto fortificado de la Plaza, dejando en el campo varios de sus mejores oficiales, la ciudad en un lamentable estado, pues fue atacada cuadra por cuadra y casa por casa…”4, Zamora ordena incendiarla, y en el mes de mayo logra tomarla, pero solo encuentra cenizas y desolación, la mayoría de sus habitantes habían emigrado hacia las tres provincias andinas, desplazamiento encabezado por el gobernador Hipólito de La Cueva y por el jefe Militar General Canagua.
La caravana de familias
barinesas, aterradas por los recientes sucesos, avanza penosamente por el
agreste camino de Los Callejones, la mayoría son presas del cansancio, el
hambre y el cambio de clima que experimentan sus cuerpos a medida que trepan la
cordillera. Muchos deciden parar algunos días en las poblaciones de Santo
Domingo, Las Piedras y Pueblo Llano, para recuperar fuerzas.
Al respecto escribe
Eduardo Picón Lares: “Las familias de mejor posición salieron de la vetusta
y arruinada Ciudad de los Marqueses como estaban vestidas de entre casa, un día
domingo, y andando con la piel desollada por el sol reverberante de aquellos
parajes cálidos, los pies hinchados, los ojos llenos de lágrimas y el terror
marcado en sus semblantes, huyeron del Boves de los Llanos, llegaron las
familias Febres Cordero, Troconis, Villafañe, Rubio, Gonzalo y otras tantas, al
pueblo de Las Piedras, donde acudieron a recibirlas algunos personajes respetables
de la sociedad merideña, entre otros el doctor Gabriel Picón Febres y el señor
Lucio Troconis…”5.
Como vemos, importantes
familias barinesas conformaron la expedición hacia Mérida, entre ellas los
Troconis, Febres Cordero y Picón. Es muy probable que dos fastuosas bodas de
estas familias se iban a celebrar aquel domingo en la ciudad de Barinas para el
momento en que llega Zamora y su gente, echando todo por tierra. Al no poder
realizarse, los contrayentes decidieron casarse en la iglesia de Pueblo Llano
mientras llegaban mejores tiempos. Se trató del enlace entre el Br. Lucio
Troconis, hijo de don José Antonio Troconis y doña Fulgencia Andrade y la señorita
Rosalía Febres Cordero, hija del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia
Troconis. La boda se celebró el 23 de abril de 1859, siendo testigos los
señores Emilio Mazei y Fulgencia Andrade. El segundo enlace se realizó aquel
mismo día, entre Gabriel Picón Febres, hijo de don Gabriel Picón y doña
Apolinaria Cordero y la señorita María del Rosario Febres Cordero, también hija
del Dr. Pedro Febres Cordero y doña Braulia Troconis. Fueron testigos de este
segundo enlace los señores Diego Picón Febres y Angela Carnevali6.
Palacio Arzobispal, Mérida.
El historiador Eduardo
Picón Lares apunta que el doctor Gabriel Picón Febres y el señor Lucio Troconis
habían llegado a Las Piedras desde la ciudad de Mérida a recibir y amparar a
sus familiares que venían de Barinas7, pero, lo más lógico es pensar
que ambos personajes iban camino hacia Barinas, a la celebración de las bodas
citadas, cuando los sorprendió, durante el trayecto, la noticia del asalto a la
ciudad llanera.
Mientras aquellas
uniones apresuradas ocurrían en pleno páramo merideño, Zamora en Barinas
procedió a constituir la provincia federal, se hicieron elecciones y se reunió
una legislatura que constituyó el Estado Federal Zamora.
Los personajes de los matrimonios aludidos pertenecían a familias
distinguidas merideñas con raíces en la ciudad de Obispos de la actual Barinas.
Las dos mujeres que contrajeron nupcias ese día, con sus respectivos novios,
eran hijas del doctor Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien había nacido
en San Félix de Curaridal (Estado Falcón) el 05 de junio de 1802. Hizo sus
estudios en la Universidad de San Buenaventura de Mérida, donde se graduó de
Doctor en Derecho Civil en 1827. En la capital serrana contrajo matrimonio en
1831 con Braulia Estefanía Troconis Gogorza (hija de Lucio Troconis Añez y de
Josefa Gogorza Lechuga). Por más de veinte años ejerció la magistratura
judicial en diversos lugares de la zona occidental del país. Fue Juez de Letras
de Primera Instancia en las provincias de Trujillo, Mérida y Barinas, etc.; fue
diputado al Congreso Nacional y a la Gran Convención de Valencia en 1858,
Secretario General de Gobierno de la provincia de Mérida y de la de Barinas.
Dejó de existir en Trujillo después de una larga vida7. Una de sus
hijas, Rosalía Febres Cordero Troconis, nació en Mérida el 03 de septiembre de
1840, tenía 19 años cuando casó en Pueblo Llano con su primo hermano Lucio
Troconis Andrade, hijo de José Antonio Troconis Gogorza y de Fulgencia Andrade
Pirela, por lo que el padre del novio era hermano de la madre de la novia.
La otra
hija del Dr. Pedro Pablo Febres Cordero Díaz Viana, quien también contrajo
nupcias en aquel momento, fue María del Rosario Febres Cordero Troconis nacida
en Barinas en 1836 y contaba con 23 años de edad, su enlace fue con el Dr.
Gabriel Picón Febres, hijo de Gabriel Picón González y de Apolinaria Febres
Cordero Díaz Viana, por lo que la madre del novio era hermana del padre de la
novia, de ahí que, también eran primos hermanos8.
El 24 de
noviembre de 1859 el cura Rector de la iglesia El Sagrario de Mérida Pbro. José
Ulpiano Perdomo procede a las velaciones9 y bendiciones nupciales,
según lo dispuesto en el Misal y Ritual Romano, a los esposos Rosalía Febres
Cordero Troconis y Lucio Troconis Andrade.
Dos días
después, el 26 de noviembre de 1859, los esposos María del Rosario Febres
Cordero Troconis y el Dr. Gabriel María Picón Febres Cordero, reciben
igualmente los rituales anteriores10, quedando ambos eventos
registrados en el libro respectivo de la parroquia El Sagrario de la ciudad de
Mérida, sin embargo, el sacerdote de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo
Llano no registró dichos eventos en el libro de matrimonios de esta parroquia11.
Los
esposos Rosalía y Lucio murieron junto con sus suegros, tres de sus hijos y
otros parientes, el 18 de mayo de 1875, en el terremoto de Cúcuta, Colombia.
Habían tenido 10 hijos, entre ellos al Dr. Luis Troconis Febres que nació en
Cúcuta, Dolores Troconis Febres que casó con un hijo del Dr. Foción Febres
Cordero.
Del
matrimonio entre María del Rosario y el Dr. Gabriel María nació, entre otros,
el 10 de septiembre de 1860, el Dr. Gonzalo Picón Febres, escritor y abogado,
una parroquia del municipio Libertador del estado Mérida lleva su nombre.
Dr. Gonzalo Picón Febres
Sobre la
costumbre que tenía las familias, aquí citadas, de emparentarse con miembros de
la misma estirpe, el Dr. Ricardo Gil Otaiza, biógrafo del Dr. Tulio Febres
Cordero, trata de dar una explicación al respecto: “Podíamos
argumentar que en una ciudad pequeña, como lo es la Mérida de finales de siglo
XIX y comienzos del XX, son pocos los partidos que se le presentan a las
mujeres en edad de casamiento. Lógicamente, ello se agrava cuando se cierra el
espectro social de una familia noble, cuyas relaciones deben estar cimentadas
en ‘igualdad’ de condiciones históricas, culturales, y de patrimonio. Invitan a
casa a la misma familia, las relaciones sociales se hacen entre miembros de la
misma casta, o con sus iguales, las familias numerosas se reúnen en fechas
importantes y los primos se enamoran entre ellos, o los tíos de sus sobrinas.
En todo caso, las cosas quedan en familia.
Otras podrían ser las
circunstancias. De manera deliberada los miembros de mayor peso de una familia
con linaje deciden estrechar el cerco y así evitar las denominadas ‘ovejas
negras’, que tanto avergüenzan a las familias hidalgas. Es decir, luego de una
fiesta, o de alguna celebración religiosa, o tal vez después de una buena
partida de cartas, los cabezas de familia toman la decisión de casar a sus
hijos entre ellos para que no se pierda la hidalguía, y la sangre siga siendo
‘azul’. Sobre todo, ello cobra importancia cuando se trata de hijas, cuyo
apellido paterno se pierde si la muchacha se casa con un miembro de familia
distinta; es entonces cuando las cosas se arreglan y el apellido queda ad
infinitum. Analizada fríamente la situación, resulta un hecho pueril, un tanto
cursi, casi inverosímil, pero cuando intentamos pensar en una mentalidad
cercana al hombre y a la mujer de hace una centuria, la connotación se hace
distinta, compleja, de vida o muerte. En todo caso, no sabemos a ciencia cierta
cuáles fueron las razones para que tales situaciones se dieran: empero,
acaecieron, y el mundo siguió su curso. El linaje aún se mantiene, no con el
peso de otrora -como es lógico suponer-, pero sí con el orgullo de un pasado
que por lo visto no ha sido cualquier cosa para Mérida”12.
Volviendo a aquellos años aciagos
del siglo XIX, las ilustres familias llaneras que llegaron a Mérida después de
haberlo perdido todo, el 10 de junio de 1859 intentaron introducir una demanda en el Juzgado de Primera Instancia de la antigua
provincia de Mérida, para solicitar cargos contra los responsables de la guerra
en los llanos, por considerar que las actuaciones tipificaban un delito que
atentaba contra los bienes, la vida y el bienestar de los habitantes de esas
regiones acosadas por bandoleros y aventureros que solo persiguen aniquilar la
paz nacional. Entre ellos estaban el comandante Hipólito de la Cueva,
gobernador depuesto, José Antonio Baldó, el capitán Isilio Febres Cordero,
Ambrosio Padrón, José del Rosario Delgado, Carmen Rivas, Lorenzo Roca, capitán
Bernabé Sifuentes, doctor Pedro Febres Cordero, Nicolás Reimi, Román Castro,
Tácito Piña, entre otros13. En este acto jurídico administrativo que
emprendían los señores de Barinas, presentaron varios testimonios de algunos
testigos que habían presenciado los acontecimientos y quienes daban fe de los
criminales actos cometidos en la ciudad Marquesa. Pocos resultados obtuvieron
los agraviados en aquella época de barbarie donde el estado de derecho era
letra muerta. No Obstante, los pueblos andinos salieron favorecidos por el
hecho de que tan valiosas familias pasaran a engrosar sociedades como la
merideña, donde ya gozaban de respeto, aprecio, y además contribuyeron, en los
años sucesivos, con el realce de la cultura y la educación en la ciudad de las
Cinco Águilas Blancas.
Rafael Ramón Santiago
Cronista oficial del
municipio Pueblo Llano.
(15/04/26)
Notas:
(1) Roberto VETENCOURT. Tiempo
de Caudillos. Caracas, 1994. pp. 39, 40.
(2) José
LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. 6° Edición. José Agustín Catalá.
Editor. Centauro/92. Caracas, Venezuela, 1992. p. 42.
(3) Federico
BRITO FIGUEROA. Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas, 1975. p. 301.
(4) José
LEON TAPIA. Por aquí pasó Zamora. Op. cit. p. 42.
(5) Eduardo
PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Universidad de Los Andes.
Talleres Gráficos Universitarios, Mérida, Venezuela, 2008. p. 348.
(6) Archivo
Arquidiocesano de Mérida. Libro de Bautizos de la Parroquia El Sagrario de
Mérida, año 1859. ff. 90, 91.
(7) Eduardo
PICON LARES. Revelaciones de antaño. Tomo I. Op. cit. p. 348.
(8) Ramón Darío SUAREZ. Historial Genealógico de los
Febres-Cordero y algunas de sus alianzas. Editorial Euroamérica, Mérida
Venezuela, 1969.
(9) “El acto de velar a los novios en la ceremonia nupcial es
un rito religioso, especialmente católico, donde un velo o manto cubre la
cabeza de la novia y los hombros del novio, simbolizando la unión, protección
divina, bendición y el nuevo hogar que forman como una sola entidad ante Dios y
la comunidad, marcando un compromiso sagrado y eterno. Los padrinos de velación
(familiares cercanos) son quienes colocan el velo, y es un momento emotivo y
simbólico que a veces se realizaba en una ceremonia separada pero ahora se
integra en el matrimonio”. IA. [Consultado el 20 de enero de 2026].
(10)
Libro de
Matrimonios de la parroquia El Sagrario de San José de Mérida, folio 90v,
correspondientes al año 1859.
(11)
En el
libro 2 de Matrimonios de la parroquia Santísima Trinidad de Pueblo Llano (1847-1873)
observamos que en el folio 38v hay dos partidas de matrimonios correspondientes
al 07 de marzo de 1859 y la siguiente, en el folio 39, corresponde a un
matrimonio efectuado el 19 de marzo de 1860, por lo que se concluye que las
partidas correspondientes a los dos matrimonios de las familias merideñas no
fueron asentados en este libro. El sacerdote para aquella época era el Pbro.
Justo Pastor Arias.
(12)
Ricardo GIL OTAIZA. Tulio Febres Cordero.
Biblioteca Biográfica Venezolana N° 60. EL NACIONAL. BANCARIBE. Editorial Arte, Carcas, Venezuela, 2010. pp.
51 y 52.
(13)
Alberto
PÉREZ LARRARTE. Entre nieblas y sabanas. Disponible en Amazon.











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