jueves, 9 de septiembre de 2021

Manifestaciones Colectivas. Juegos Tradicionaes (Segunda Parte)


Juegos Tradicionales (Segunda Parte).

 

El palo encebado y el cochino engrasado. Son dos juegos muy comunes en Venezuela, particularmente en las fiestas patronales o en las ferias de los pueblos. Juegos que tienden a desaparecer aceleradamente. En Pueblo Llano no eran muy frecuentes estos entretenmientos, solo se hacía para la fiesta del patrón, la Santísima Trinidad, y eso ocurrió en pocas ocasiones.

Piñata en olla de barro. Al igual que los juegos anteriores, solo se hacían en las fiestas patronales, el procedimiento para romperla era el mismo que en las piñatas tradicionales de cumpleaños. Solo recuerdo haberla visto una vez en Pueblo Llano.

El runche. Conocido en otros lugares como gurrufío era construido por los propios niños con tapas o chapas de refresco, se golpeaba hasta darle forma de disco, luego se frotaba en una acera para que cogiera filo, se le hacían dos perforaciones en el centro por donde se le pasaba un hilo de pabilo de un metro de largo, más o menos, y luego se unían las puntas. Se le daba vuelta en forma de torque con las dos manos hasta que tomaba un movimiento independiente, luego se halaba, como quien toca un acordeón, para que no dejara de moverse. Acto seguido, venían las peleas con los runches donde dos contrincantes se lanzaban los objetos con el propósito de cortar el hilo del otro, el que lograba hacerlo era el ganador. Al quedar el runche suelto, dando vueltas, era sumamente peligroso, en varias oportunidades salían niños con cortaduras en las manos, brazos e inclusive en la cara.

            En la escuela las maestras los decomisaban, pero como era tan fácil elaborarlos la medida no causaba ningún enojo.

            Algunos más osados los construían con la tapa de un jugo o la de una lata de leche que tenían un diámetro muy superior, aquellos eran enormes y sumamente peligrosos.

            Como todos estos juegos, solo se practicaban durante una temporada, al ir pasando la euforia los niños los abandonaban y las maestras descansaban.

Carambola. Se conoce en otros sitios como perinola o emboque. Se trata de un trozo de madera cilíndrico, ahuecado en el centro, unido con un hilo a otro trozo alargado, cilíndrico que entra perfectamente en el hueco del anterior. Con un movimiento de la mano se logra introducir el segundo en el primero y a esto se denomina carambola. Si se levanta o se saca con la uña del pulgar y se vuelve a introducir se denomina doble carambola, el competidor que más veces logre introducirla es el ganador.

            Los niños que no tenían dinero para comprarse una carambola la construían con carruzo o con latas de leche condensada, el efecto era el mismo, pero quedaban con la satisfacción de haberlas construido con sus manos.

Cometas. Conocidas también como papagayos, zamuras, barrilete, entre otros nombres, eran construidas por los propios niños, generalmente la forma que tenían era la de un pentágono. Su elaboración era todo un proceso: buscaban los carruzos secos, los abrían, sacaban los trozos delgados, dos grandes y uno más pequeño, quitaban los nodos con un cuchillo, los unían con un cordel por el centro y luego lo pasaban por cada punta para darle la forma de pentágono. Seguidamente,  le colocaba papel de seda, lo pegaban con engrudo o con el líquido que bota el zapallo tierno al pincharlo, le colocaban un rabo con trapos viejos para evitar la rotación y sujetada con un largo pabilo finalmente la echaba a volar.

            La temporada fija para elevar las cometas eran los meses de junio y julio, se competía para ver quien la llevaba más alto y más lejos. También se le colocaba un papel en el hilo, a manera de carta, y el viento lo iba llevando hasta que llegaba a la estructura, en otra oportunidad se incrustaban hojillas en las cometas y se competía para ver quien cortaba la cuerda del contrario, cuestión que era muy difícil.

Flechas. Conocida en otros lugares como cauchera o china era muy sencilla de fabricar. Se buscaba en la montaña un palo que tuviera la forma de Y denominado horqueta, se le amarraban dos cauchos, sacados de la tripa de la llanta de vehículo y en el otro extremo se colocaba un trozo de cuero rectangular sacado de un zapato viejo. Colocándole  una piedra en el cuero y estirando los cauchos se podía enviar el proyectil a varios metros de distancia, generalmente las utilizaban para matar pájaros. También las decomisaban en las escuelas por el peligro que representaban y  su utilización contra la fauna indefensa.

Derribadores. Era un juego muy violento que solo se practicaba en los recreos. La Escuela Foción Febres Cordero tenía un amplio patio y lugares con grama abundante, en este último era donde se hacía la broma que describiremos. El juego en cuestión al parecer es de larga data, pues se realizaba en Grecia y se denominaba eversores, San Agustín de Hipona lo describía de la siguiente manera: “…costumbre ateniense con que los iniciados a la docta Atenas llegaban para comenzar sus estudios. La palabra eversores (derribadores) parece dar a entender que esta broma vejatoria consistía en ponerse uno de los estudiantes en cuclillas detrás del escolar novato, mientras estaba en conversación con otro, quien con un empellón súbito lo hacía caer encima del escolar agachado….” Ni más ni menos, este era el método que se practicaba en Pueblo Llano.

Rafael Ramón Santiago

Cronista Oficial del Municipio Pueblo Llano


 

martes, 29 de junio de 2021

Manifestaciones Colectivas: Juegos Infantiles (Primera Parte).



 

Juegos Tradicionales (Primera Parte).

 

            Con el avance tecnológico de hoy en día es muy difícil que se pueda regresar a los juegos que entretenían a los niños en el pasado, particularmente los párvulos de esta zona del páramo merideño. Sin embargo, es bueno recordar algunos de ellos para que sirvan de contraste con los que se practican en la actualidad como la manipulación de aparatos electrónicos, donde el ejercicio físico y la socialización no cuentan para nada. Nos ubicamos en la segunda mitad del siglo XX, en especial en los años 60, cuando pudimos presenciar y ejecutar algunos de los juegos que iremos refiriendo.

Caballos de carruzo. Era una forma que tenían los niños de imitar a los adultos en la manera de transportarse, pues en la época que estamos citando todavía se observaban muchos jinetes por las calles, además de observar a los rancheros de las películas mexicanas. Cada niño soñaba con tener su cabalgadura y sus deseos e imaginación se concretaban al cortar un carruzo acorde con el tamaño del jinete, le colocaban una cabuya en una de las puntas a manera de riendas y ya montado a horcajadas sobre el “animal” la otra punta iba arrastrando por el suelo levantando una gran polvareda. En ese “transporte” se conducían los chiquillos hasta las bodegas para hacer los mandados. Además, era común observar grupos de estos “jinetes” corriendo por las calles desoladas, compitiendo o jugando a los bandidos. No faltaba quien llenaba de adornos adicionales y le colocaba un nombre a su cabalgadura.

La cebolla. Este era un juego de grupo. Uno de los niños abrazaba fuerte un pilar de la casa, un poste de la luz o  un árbol. Se colocaba en cuclillas, luego, llegaba otro niño y se entablaba el siguiente diálogo:

--¿Tiene cebolla (cebollín)?

El que estaba agarrado del objeto respondía:

---Sí.

--- ¿A qué precio?

--- A tanto (valor del cebollín para ese momento).

---Voy a llevar un kilo.

---Está bien, arránquela usted mismo.

            El comprador halaba al otro niño por la cintura y tiraba con fuerza para tratar de que se soltara del objeto que estaba agarrado, si no podía hacerlo, entonces se colocaba detrás de él y lo tomaba de la cintura con las dos manos, tal como estaba haciendo el otro con el poste. Luego venía el siguiente niño y entablaba el mismo diálogo y halaba al segundo, de no lograr que se zafaran se colocaba detrás de éste, el juego continuaba hasta que llegaba alguien que después de halar pudiese “romper” uno de los eslabones de la cadena formada, entonces éste se declaraba ganador.

Trompo. Además de la famosa Troya de Mutús que se relatará en otro momento, para los días cercanos a la Semana Santa se “picaban” (realizaban) troyas a cada momento donde los perdedores tenían que pagar con “quinies” su derrota, esto consistía en dejarse golpear el trompo de madera con la punta de los trompos de los ganadores. En muchas oportunidades el trompo del perdedor quedaba lleno de huecos o se partía en dos y esta última era la peor forma de perder.

            Pero, el trompo también era utilizado para otra competencia denominada “sacar plata”: se colocaban monedas en una raya trazada en el piso, separada unos tres metros de otra paralela a ella; luego, se bailaba el trompo, mientras estaba girando se tomaba con una mano y se lanzaba varias veces sobre cada moneda, la punta la iba desplazando y cuando ya estaba por “apagarse” (terminar de girar) se golpeaba el disco con la parte superior del juguete. El primero que lograra sacar su moneda y después las de otro u otros compañeros era el ganador.

            Finalmente, no faltaba quien utilizaba el trompo para hacer un conjunto de suertes como bailarlo y agarrarlo en el aire o ponerlo a bailar en una uña de la mano.

Metras. Con las metras se realizaban diferentes juegos como el hoyito, el rayuelo y el tote y jeme. Sobre cada uno de ellos escribí ampliamente en el libro Frailejón Humo y Neblina, publicado en el año 2000.

Pepas. Es muy probable que este juego sea exclusivo de Pueblo Llano, además, se jugaba únicamente para los días de Semana Santa. Las pepas eran semillas de un árbol llamado parapara o paraparo que crece en las zonas cálidas como Barinas, ciudad desde donde las traían, eran de color negro, más pequeñas y livianas que una metra o canica normal.

            El juego consistía en hacer “burros” en el suelo con ellas, el “burro” consistía de tres pepas juntas en forma de triángulo coronadas con otra encima para formar una especie de pirámide. A una distancia de unos dos metros se colocaban los jugadores y comenzaban a lanzarle pepas al “burro”, el que lograra tumbarlo ganaba las cuatro pepas. Las frases “párame un burro”, “le tumbé el burro” eran muy comunes en esos días.

            A comienzo de semana los niños y jóvenes tenían los bolsillos llenos de las semillas, pero a medida que transcurrían los días aquellas iban perdiendo su valor y el domingo de pascua ya las “echaban de juria”, es decir, las lanzaban al aire para que las tomaran quien quisiera; pero, cuando los niños se arrojaban como locos a recogerlas, los mayores les lanzaban “pepazos” a diestra y siniestra. Como vemos, el juego terminaba con mucha violencia, varios niños salían con sus pepas recogidas pero muy adoloridos.

            Había otra forma de jugar pepas y era con la perinola de Enemesio, se trataba de una especie de dado lanzado por el personaje y los niños hacían sus apuestas, el ganador se llevaba todo con excepción  de la “cancha” o el impuesto que le quedaba al dueño del juego. Sobre Enemesio y este juego hablamos con detalle en el libro citado, Frailejón Humo y Neblina.

Coronita o carreto. Era un juego que también se practicaba en Semana Santa, pero para los años 60 ya había entrado en decadencia por lo tanto se dificulta describirlo, en él participaban varios jugadores, utilizaban cada uno una esfera de madera, más grande que una metra, de fabricación artesanal; la  misma era lanzada a su respectivo carreto (carrete de madera) que tenía una moneda encima (coronita), el jugador que quedaba más cerca empujaba la metra con la uña del pulgar para tumbar la coronita (moneda), en caso de hacerlo ganaba un premio mayor, si tumbaba solo el carreto tenía oportunidad de dirigirse al del contrincante más cercano para efectuar el mismo procedimiento. Si cada jugador tumbaba su propio carreto el juego se declaraba empate y se volvía a comenzar.  Mi sorpresa cuando niño fue ver a dos adultos, pasados de cincuenta años, jugando coronita, se trataba de don Amador Paredes Tapia y el Dr. Nicolas de Tolentino Paredes, seguramente lo hacían a manera de juerga, para recordar sus años de infancia.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista Oficial del Municipio Pueblo Llano

jueves, 13 de mayo de 2021


Profesora Nicolasa del Carmen Salcedo Molina*


 

La madrugada negra, ayuna de luceros y de la luz de la luna, ebria de rocío y trasnochos de algodones de neblina del 22 de abril de 2010 cubrió de luto la cordillera pueblollanera cerrando para siempre los ojos de una de las mujeres más valiosas que ha cosechado este pueblo: Nicolasa del Carmen Salcedo Molina. Nicolasa fue una mujer entusiasta, de empuje, luchadora, guerrera, siempre presente en todas aquellas organizaciones donde podía ser útil para su pueblo; fiel heredera de otra gran mujer, de igual estirpe, su tía Quintiliana Molina.

Nació en Pueblo Llano el 06 de abril de 1956, hija de la señora Oliva Molina y del señor Rosendo Salcedo. Su vocación por la educación le corría por las venas, pues educadores fueron varios de sus antepasados Eleuterio, Segundo, Quintiliana, Manuel Molina y su propia madre Oliva Molina de Salcedo. Apenas obtenido el título de bachiller docente le asignaron la enorme responsabilidad de dirigir el Núcleo Escolar Rural Nº 271 que aglutina varias escuelas de los municipios Cardenal Quintero y Pueblo Llano. A pesar de su juventud supo ganarse el cariño el aprecio y el respeto de todo el personal docente que laboraba en las diferentes instituciones. Se preparó académicamente para poder gerenciar con mayor eficacia la dirección que estaba bajo su responsabilidad, como en efecto lo hizo con éxito durante un largo tiempo. Años después, también se desempeñó como docente de planta en la Universidad Nacional Experimental de Los Llanos Ezequiel Zamora (UNELLEZ) en la extensión ubicada en el Municipio Cardenal Quintero del estado Mérida.

Pero, no sólo en el campo educativo se distinguió la profesora Nicolasa, recordemos que en 1984 estuvo bajo sus hombros la presidencia del Primer Reencuentro de Pueblollaneros, donde se logró con éxito agrupar a todos los paisanos diversos por la geografía patria. Posteriormente la vemos como presidenta del ateneo de Pueblo Llano, gestionando los recursos para poder llevar a cabo la actividad cultural en el municipio. Sus luchas fueron incansables para preservar la sede principal y lograr la construcción de una nueva edificación para la biblioteca Manuel Molina Ibisate y otras oficinas.

En la arena política Nicolasa también estuvo presente, ofreciendo su nombre a los electores para trabajar por las reivindicaciones del municipio, a pesar de no haber obtenido la anuencia de sus paisanos, no desmayó en su constante trabajo cultural y docente.

En el aspecto religioso manifestó ser fiel devota a san Benito y contribuyó a formar un grupo de promeseras que dan gracias santo, danzándole cada dos de enero, por los favores recibidos.

Para detallar su fructífero paso por este mundo se quedan cortas las páginas en blanco que podamos tener a nuestro alcance; sin embargo, diremos que como docente, madre, esposa, hermana, hija, amiga,... supo distribuir su tiempo en su justa medida y por ello ha dejado una profunda huella de amor en sus seres queridos que quedará plasmada en troqueles de oro como un ejemplo a seguir para los hombres y mujeres de este, su amado pueblo.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista Oficial del Municipio Pueblo Llano

 

*Palabras leídas en la iglesia Santísima Trinidad de Pueblo Llano, el 23 de abril de 2010, con motivo del acto del sepelio de la profesora Nicolasa.




 

miércoles, 7 de abril de 2021

Manifestaciones Colectivas



 

                                                         La gruta de Lourdes

 

 


            Sobre algún tramo del camino real, entre San Miguel y la entrada del pueblo, en el trayecto que atravesaba El Potrerito, se tejía una serie de leyendas referentes a espantos y aparecidos que asustaban a los parroquianos de todas las edades. Se decía que por allí salía el demonio en forma de carnero, de un perro negro, de una yegua desbocada o de cualquier otra representación maligna que ponía los pelos de punta.

            Le correspondió al padre Ramón Lamus, --quien fue cura interino en Pueblo Llano entre el 19 de noviembre de 1930 y el 29 de febrero de 1932-- darle un parao a las andanzas del demonio por estos lados.

            Decidieron levantar una gruta en la entrada del pueblo donde colocaron una imagen de la Virgen de Lourdes, debajo de una piedra grande, que tenía una mancha negra. La piedra sonaba como un tambor y al parecer, ese era el lugar favorito donde se escondía “la cosa mala”.

            Además de la gruta, construyeron un jardín y de los pies de la virgen salía una pequeña fuente de agua que los feligreses recogían en potes o botellas para después ser aplicada en alguna parte del cuerpo y poder calmar sus dolencias.

            La bendición de la imagen fue una fiesta muy solemne, participaron los alumnos de las escuelas de hembras y varones del pueblo. Escenificaron la aparición de la Virgen vistiendo a una niña de blanco que representaba a la virgen de Lourdes y a otra llevando un tercio de leña en la cabeza que hacía el papel de santa Bernardita, la campesina a la que se le apareció la madre de Cristo.

Pero, cuando el sacerdote bendijo la gruta se sintieron dos temblores seguidos y el pánico cundió en la gente, no obstante, el padre Lamus no se amedrantó y continuó con la ceremonia.

De ahí en adelante, con la presencia de la virgen, las personas podían  transitar por el camino a cualquier hora del día o de la noche sin ningún temor. La gruta era muy concurrida, allí rezaban el rosario, colocaban velas, milagritos y flores. Como un homenaje a la virgen, el 24 de febrero de 1961 la municipalidad le colocó el nombre a la primera calle del pueblo, de Sur a Norte, como calle Lourdes.

Después que llegó la carretera al pueblo, en 1952, la gente transitaba el camino con menos frecuencia y la devoción por la virgen de Lourdes en este lugar se fue extinguiendo lentamente hasta desaparecer por completo.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista Oficial del Municipio Pueblo Llano.

sábado, 6 de marzo de 2021

Personajes de Pueblo Llano


 

Don Antonio Ignacio Dávila Paredes

 

 

 Capacho Nuevo

 

Don Antonio Ignacio Dávila Paredes nació en Pueblo Llano en 1840, era hijo de don Vicente Dávila Nucete y doña María del Carmen Paredes Becerra, entre sus hermanos estaban la distinguida preceptora Doña Filomena del Carmen Dávila Paredes ya mencionada en una biografía anterior.

En la década de los años sesenta del siglo XIX la familia Dávila Paredes se traslada a la ciudad de Mérida donde nacieron otros hijos.

Ya adulto, don Antonio Ignacio se radicó en el estado Táchira, específicamente en el pueblo de San Pedro del Río donde el 10 de octubre de 1873 contrajo nupcias con la señorita María Inés Pico Pernía, hija de don Ramón Pico y doña Florentina Pernía.

Posteriormente, el matrimonio se radicó en el actual pueblo de Capacho Viejo, Municipio Libertad, del estado Táchira, allí nació uno de sus hijos, el Dr. Vicente Dávila Pico, el 29 de setiembre de 1874. Un año después, en 1875, un fuerte terremoto destruyó el pueblo de Capacho Viejo casi por completo, la familia Dávila Pico  logró salvarse y decidieron, junto con otros familiares suyos y demás sobrevivientes del cataclismo, trasladarse más abajo, donde fundaron otro pueblo que hoy recibe el nombre de Capacho Nuevo, Municipio Independencia del estado Táchira.

El niño Vicente Dávila Pico inició estudios primarios en la Escuela Pública Nº 150 de la localidad, pasando al colegio del Sagrado Corazón de Jesús de La Grita, fundado y dirigido por el gran civilizador trujillano monseñor Doctor Jesús Manuel Jáuregui Moreno. Durante cinco años fue su alumno regular, culminando sus estudios con el grado de bachiller en Filosofía en 1894, junto a otros treinta y seis cursantes. La guerra civil de 1899, encuentra a Dávila Pico cursando Medicina en la Universidad de Los Andes. El 30 de octubre de 1901 obtiene el título, mediante un trabajo intitulado: Hepatitis supurada, tesis que a la larga seria su única incursión en la Medicina. Dávila, aún antes de graduarse de médico, se hizo escritor y periodista y publicó en 1900 su primera obra denominada Verdades, conjunto de estudios político-sociales. En 1921 es nombrado Director del Archivo Nacional. Desde esa posición dirigió la edición de los primeros 14 tomos de los Archivos de Miranda, una de sus más importantes tareas como investigador histórico. Ocupó el Sillón Letra I de la Academia Nacional de la Historia, desde su elección en enero de 1922. En julio de 1944 contribuye a fundar la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. En el primer número de su Revista le correspondió escribir un artículo que tituló In memoriam, como homenaje de la institución al primero de los fallecidos, entre sus doce ilustres iniciadores, el Dr. Diego Carbonell.

 

 Dr. Vicente Dávila

Por su parte, el pueblollanero don Antonio Ignacio Dávila Paredes, ya anciano, regresa al pueblo de  San Pedro del Río donde termina su ciclo vital a la edad de 78 años.

Sirvan estas líneas para recordar la vida de este paisano nuestro, padre de uno de los más importantes historiadores del siglo XX como lo fue el Dr. Vicente Dávila Pico.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista Oficial del Municipio Pueblo Llano

jueves, 4 de febrero de 2021

Manifestaciones colectivas



EL PESEBRE Y LA PARADURA DE NIÑO EN PUEBLO LLANO.


La religiosidad del venezolano y del andino en particular se manifiesta de muchas formas y maneras, pues es el resultado de un largo proceso de adoctrinamiento impuesto por España a través de siglos donde diferentes congregaciones religiosas se encargaron de  imponer el catolicismo a nuestros indígenas utilizando para ello diversas prácticas devocionales que se realizaban en la madre patria y que los naturales de América fueron asimilando a su manera, cambiando algo, agregando elementos de sus creencias y omitiendo otros, resultando la fusión de dos culturas completamente diferentes o el sincretismo religioso que hoy conocemos.

También podíamos agregar que  el pesebre y la paradura del Niño Jesús son dos tradiciones hispanas muy arraigadas en el país desde tiempos muy remotos, particularmente en los pueblos andinos. En Pueblo Llano, desde los primeros días del mes de diciembre se van preparando los materiales para construir el pesebre o belén, para ello se acopian piedras, troncos, musgo y papel o tela pintada de diferentes colores que una vez dispuesto sobre el armazón  simulan  cerros, mesetas, lagunas y cañadas de nuestra geografía que no tiene nada que ver con la lejana y árida tierra de Israel donde vino al mundo el Mesías.

 El musgo, las albricias y el laurel eran elementos que otrora formaban parte del pesebre nuestro, dándole un aroma campestre, cercana, muy criolla, pero, lamentablemente el proceso de deforestación acabó prácticamente con estos arbustos y el musgo.

 Por otro lado, las ovejas, pastores, patos, gallinas, caballos, vacas, casitas, San José, la Virgen, la mula, el buey y los  reyes magos, son imágenes que siempre están presentes en el pesebre, aunque no hay una construcción igual, en cada hogar se esmeran por darle su toque particular a la obra, que obviamente también varía o es ligeramente modificada con el transcurrir de los años.

 

La parada o paradura del Niño Jesús es la actividad principal que se realiza en torno al pesebre, tal festividad se suele  realizar entre el 25 de diciembre y el dos de febrero, día de la Virgen de la Candelaria. Para ello se invita con anterioridad a los vecinos, familiares y músicos que van tomando asiento en la sala donde se ha levantado pesebre. Se rezan los misterios gozosos del rosario, luego se coloca la imagen del Niño en un paño con tirantes para pasearlo por los alrededores de la casa, cada persona que toma un tirante representa un padrino y sostienen una vela encendida en la mano. Por otro lado, una pareja de amigos cercanos a los dueños del hogar donde se celebra la paradura llevan las imágenes de San José y la Virgen, también  con velas encendidas, pero de colores y tamaños diferentes de las demás, para identificarlos como los acompañantes principales.

El  paseo es precedido por el encargado de quemar los morteros o voladores, luego siguen los músicos, los padrinos con San José y la Virgen, los que llevan el paño con el Niño y finaliza con el resto de la concurrencia. Culminado el paseo, se coloca al Niño en una mesa, los asistentes se arrodillan para besarlo y colocar una moneda en un plato a manera de contribución o limosna y finalmente colocan la imagen en el pesebre completamente de pie.

            Termina  la parada o paradura con un brindis que otrora consistía en una mantecada, un pan, un cigarrillo y una copa  de vino, la mantecada fue sustituida posteriormente por una “pasta” o bizcochuelo, y con la crisis de  estos tiempos seguramente el brindis se ha reducido lamentablemente  a su mínima expresión.  

 

 

Una modalidad que prácticamente ha desaparecido en nuestro pueblo es la paradura con Niño robado, evento que era mucho más festivo que una paradura tradicional. Todo comenzaba cuando un vecino decidía robarse la imagen del pesebre como una forma de pagarle una promesa al Niño por un favor recibido, una vez sustraída la imagen dejaba una carta como la siguiente, encontrada por el cronista Rafael Ramón Santiago en sus investigaciones:

“Pueblo Llano, 9 de enero de 1949.

Señor don José Lisandro Paredes y señora doña Eloína de Paredes.-

Ciudad.

            Muy apreciables coterráneos:

            Tengo a muy especial honra el comunicar a ustedes. Un caso muy singular y de mística trascendencia en nuestra militancia cristiana: Hace tres días fue hallado, con indecible placer, en nuestra humilde estancia, un niño recién nacido, tan bello, hermoso y brillante, que no tiene comparación entre los “nenes” de su especie!- Seguramente que este lindo niño sea el hijo de María Inmaculada, nacido en Belén de Judea, y a quien, por celos de reinado, el pérfido y sanguinario Herodes, persiguió, con el filicidio intento de darle muerte!; pero, que no consiguió, porque, el Eterno Padre Dios, le avisó en sueño, a su padre adoptivo el casto José, que lo trasladase con su Madre, a Egipto, para favorecerle de la persecución de aquel cruel y sátiro rey.- Éste murió; y tiempo es ya, de que el Divino Niño regrese, no a Belén sino a la ciudad de Nazaret, para que así sea cumplida la profecía del Profeta Isaías….-

            Quizá sean Ustedes representantes del Divino Infante que llegó a mi hogar, y cúmpleme el apresurarme  a comunicarles tan laudable noticia…-

De Ustedes estimado compatriota,…”.

 

La carta en cuestión no era firmada por el remitente porque el robo se hacía en secreto, pero, el dueño del Niño, una vez que leía la misiva y estaba de acuerdo con esta modalidad de paradura sugerida enseguida fijaba la fecha para su celebración.

El día acordado salían en grupo de la casa a buscar el sitio dónde podría estar el Niño Jesús, para ello se vestían a varios  niños de pastorcitos y a otros más grandes de San José y la Virgen, ella  iba montada en un pollino halado por su esposo. Finalmente, se llegaba a la casa del “ladrón” y después de entonar algunos versos, entraban, tomaban la imagen y emprendían el regreso, no sin antes maniatar a los esposos que habían cometido el “robo” quienes eran conducidos durante el trayecto por dos personajes que hacían el papel de policías.

 

La escenificación era muy bonita, similar a representación de una obra teatral a espacio abierto. Al llegar nuevamente a la casa donde fue robado el Niño, se nombraba un juez que escuchaba los alegatos de los acusadores y finalmente dictaba sentencia sobre el “robo” cometido y los acusados eran condenados a contribuir con los gastos de la paradura.

 

Rafael Ramón Santiago

Cronista Oficial del Municipio Pueblo Llano